CAMINEO.INFO / AICA.- El Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, monseñor Celestino Migliore, señaló que la crisis financiera hunde sus raíces no solo en un inadecuado sistema regulatorio sino, especialmente, en la falta de ética y conducta moral.
En su intervención referida al tema de la crisis financiera global, el Arzobispo resaltó que "el desmedido aprovechamiento y la búsqueda inescrupulosa de ganancia a cualquier precio hizo que las personas olviden la ética de los negocios", al tiempo que alentó no solo a solidarizarse con los países más pobres sino a generar los medios para "evitar crisis similares en el futuro".
Tras afirmar que algunos gobiernos no fueron lo suficientemente estrictos al establecer las reglas económicas en los niveles más altos, monseñor Migliore precisó que "el principio de subsidiariedad requiere que los gobiernos y las grandes agencias internacionales aseguren la solidaridad en el orden nacional y global".
"No se debe olvidar que en los extremos del sistema financiero hay jubilados, pequeños negocios familiares, industrias sencillas e incontable cantidad de empleados para quienes los ahorros son una manera esencial de sostenimiento. La actividad financiera necesita ser transparente para que los ahorristas individuales, especialmente los pobres y los más desprotegidos, entiendan qué va a suceder con su dinero. Esto es una llamada para tomar medidas efectivas de seguridad por parte de los gobiernos, y también para tener un alto estándar de conducta ética por parte de los líderes financieros".
El Prelado vaticano destacó también que "un estilo de vida, incluso un modelo económico, basado solo en el creciente e incontrolable consumo y no en el ahorro ni en la creación de capital productivo, es económicamente insostenible. También es insostenible desde el punto de vista del medio ambiente y, por encima de todo, de la dignidad humana en sí misma; ya que el consumidor irresponsable renuncia a su propia dignidad como criatura racional y ofende la dignidad de los otros".
"Por encima de todo –prosiguió– existe una necesidad de invertir en las personas. Una vez que las inevitables operaciones de salvataje terminen, los gobiernos y la comunidad internacional deben invertir su dinero en ayuda a las poblaciones más pobres".
Tras comentar que la experiencia demuestra que los que parecen menos calificados para devolver préstamos suelen ser, paradójicamente, los más "serios y confiables prestadores", el Arzobispo explicó que "la historia de los países desarrollados demuestra que los préstamos para salud, educación, vivienda y otros servicios básicos que benefician a los económicamente más débiles, al final prueban que son la inversión que más provecho genera, ya que aseguran el funcionamiento armonioso de la sociedad como un todo"