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La mejor manera para educar es el buen ejemplo |
La mejor manera para educar es el buen ejemplo
Ricardo Ruvalcaba
26-05-2008
CAMINEO.INFO.-Los hijos captan el buen ejemplo. Sus ojos inocentes filman todo lo que hacen sus padres. Sus oídos puros graban todo lo que escuchan. De ahí que sea importante cuidar que lo que se dice y hace en casa sea siempre óptimo. El alma de un niño capta con una sensibilidad finísima y aparentemente inconsciente todo cuanto ve en sus padres y hermanos. Cada palabra y cada gesto hecho en familia deja una huella profunda e imborrable, para bien o para mal, en los niños.
El ejemplo es la mejor manera de educar. La primera ley pedagógica es el testimonio del educador. Jesucristo enseñó el mandamiento del amor perdonando a sus verdugos en la cruz, lo que vale más que mil elocuentes sermones sobre la caridad al prójimo. El ejemplo es voz y reclamo.
El Papa Pío XII explicaba que “el buen ejemplo impresiona a los jóvenes. Aunque no tengamos intención de hacerlo, nuestro buen ejemplo traza surcos profundos e imborrables en la vida de los jóvenes.” El buen ejemplo es un adorno. Y nada adorna tanto a un cristiano como su testimonio. Es mejor ser bello en las acciones que en el aspecto externo.
El ejemplo es la fuerza que más anima al indeciso. El testimonio proporciona victorias. Los malos se conquistan antes con buenos ejemplos que con buenas palabras. Para obtener grandes cambios en los demás, es necesario predicarles con el buen ejemplo. Las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra. Debemos edificarnos con el buen ejemplo unos a otros.
El ejemplo es una luz que ilumina a los demás. Quien es bueno en sus pensamientos lo es también en sus obras. Jesucristo desea que brille nuestra luz de tal manera que al ver nuestras obras, los hombres glorifiquen al Padre celestial. El testimonio es la semilla más fecunda. Pasarán los años y el buen ejemplo seguirá dando frutos donde menos se piense.
Cierto día llamó san Francisco de Asís a un joven religioso y le dijo: “Hermano; vayamos a predicar”. Salieron ambos y tras largas correrías por la ciudad volvieron al convento sin haber hablado con nadie.
-Francisco, ¿cuándo vamos a predicar? -Es cosa hecha, hermano.
-¿Cómo? Si hemos recorrido la ciudad sin proferir palabra alguna… -Hermano, hemos predicado ya con nuestra modestia a todos los que pasaban por la calle.
Fuente: GAMA
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