CAMINEO.INFO.- Queridos hermanos,
Cada domingo el Señor a través de su Palabra nos quiere conceder unas gracias. Cuatro de estas gracias son las que yo os expongo para crecer en vida cristiana:
La primera es una alabanza a la sencillez: “Te doy gracias Padre porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”.
“Sencillos” no quiere decir ignorantes o incultos. Hay gente ignorante que no son sencillos, hay gente muy inteligente que sí son sencillos. La sencillez es una actitud del corazón. Hablo del corazón entendido como el núcleo más íntimo de la persona humana.
Sencillos son los que, como decíamos hace unos domingos se reconocen como enfermos, necesitados de un médico, que es JC. Sencillos son los que se reconocen pecadores, necesitados de ser justificados (hechos justos). Sencillos son los que tienen el espíritu abierto al Señor, los que saben escuchar, los que quieren crecer, los que son dóciles al Evangelio.
“Los sabios y los entendidos” son los que se piensan que ya lo saben todo, y lo saben mejor que nadie. Están cerrados. Están hechos. No se dejan hacer por el Señor (que nos habla en los evangelios), ni por la Iglesia (que es madre), ni por el sacerdote (que es su pastor).
No deja de ser sorprendente que en una época como la nuestra donde hay tanta superficialidad intelectual, donde hay poca reflexión, donde las personas están poco formadas, la gente se obstine fuertemente en sus ideas poco pensadas y reflexionadas. Los sabios y los entendidos son éstos que están aferrados a tres ideas mal entendidas.
La segunda idea es una llamada sorprendente que nos hace Jesús: Nos dice Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré reposar”. Es decir: sed discípulos míos, seguidores míos, estad en mí, sed míos, sed sarmientos de la vid que soy yo... en una palabra: dejadme vivir en vosotros, y ¡oh! sorpresa, encontraréis vuestro descanso.
Estas palabras no son una idea, o una teoría; son una realidad y están llamadas a ser vividas por nosotros. Esta ha de ser nuestra experiencia: que nuestra vida cristiana sea un descansar en el Señor.
Muchas cosas del mundo nos pueden agobiar, pero en Él encontramos el descanso, el verdadero reposo del alma. ¿Descansamos en el Señor? ¿Reposamos en Él? Recuerdo en una jornada de puertas abiertas en el seminario como un seminarista presentaba la capilla diciendo; “aquí venimos a descansar en el Señor”.
La tercera idea nos ayuda a clarificar qué es la vida cristiana. A veces, tenemos la idea de que nosotros estamos bien, estamos tranquilos y esto de ser cristiano es como un añadido un poco pesado... que nos obliga a ir a misa y otras cosas. Esto querría decir que vivimos nuestro cristianismo como una cosa pesada y cansada.
Si vivimos bien nuestro ser seguidores del Cristo es bien al contrario: nosotros sin Cristo estamos cansados y agobiados y Él nos hace reposar, en Él encontramos el reposo que tanto deseamos.
Nos hace falta acercarnos a Cristo por tal de encontrar en Él el reposo que tanto deseamos. Nuestra plegaria ha de tener esta actitud. En la plegaria voy a reposar en el Señor. Y entonces dejo de estar cansado y agobiado.
Una última idea muy breve: Jesús nos dice: “Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón”. Hace muchos años que somos cristianos, hace muchos años que nos relacionamos con Jesucristo, pues, si Él es benévolo y humilde de corazón, también, después de tantos años de tratarlo, después de tantos años de entrar en comunión con Él en la eucaristía, lo hemos de ser nosotros, sino, es que alguna cosa no va del todo bien...
Qué diferentes serían nuestras vidas si fuésemos benévolos y humildes de corazón, cuanto bien habríamos hecho si fuésemos siempre benévolos y humildes de corazón. Pidámosle esta gracia: ser benévolos y humildes de corazón...
Que esta eucaristía nos ayude a ser más sencillos, para no estar cansados y agobiados, sino para reposar en el Señor que es benévolo y humilde de corazón.