CAMINEO.INFO -Valencia/ESPAÑA- Desde hace ya alguna que otra década,
el interés del occidental por el oriental ha ido creciendo progresivamente
hasta alcanzar cotas de fusión total en muchos aspectos de la vida cotidiana,
en lo social y en lo espiritual.
La riqueza espiritual y artística de la Iglesia de Oriente ha
seducido totalmente a creyentes como a no creyentes. A unos como
enriquecimiento de su propia espiritualidad y a otros por el exotismo de los
ritos, etc..., pero en todo caso, ambos sienten admiración por una tradición
casi inmutable y por una "palabra" en imágenes que transmiten aquello
para lo que fueron creadas, la bondad, la verdad y la belleza, que es lo mismo
que decir Dios.
El no creyente, pese a su acercamiento
a los iconos por puro arte, percibe que tienen algo de espiritual, que
"alguien superior", tal vez Dios, se manifiesta a través de ellos y,
casi sin darse cuenta, inician una colección privada que no pueden dejar de
enriquecer con nuevas adquisiciones. No se percatan de que el mismo Dios les
está catequizando con la imagen y les hace partícipes de la Evangelización, de
la difusión de La Palabra
con algo tan simple como puede ser una exposición de su colección.
La acción del Espíritu Santo es
totalmente incontrolable y sus métodos pueden llegar a ser de lo más
variopintos y, desde luego, a través de una muestra, una galería, un anticuario
o un museo puede iluminar a cualquier persona que admire esta pintura sagrada,
que en algunos casos -todo sea dicho- llegan a ser verdaderas obras pictóricas,
obras maestras que enriquecen el patrimonio artístico de la humanidad entera.
Hasta la irrupción de Internet en
nuestras vidas, la difusión de los iconos en Occidente llegaba a
"cuentagotas", o bien a través
de alguna que otra colección privada o galería de arte, o bien a través de
tímidos acercamientos a la espiritualidad del icono por parte de personalidades
como Sor María Donadeo, Michel Quenot, Philippe Madre, Marie-Françoise Giraud o
Jesús Castellano entre otros y a quienes le debemos mucho hoy en día.
Internet ha sido el soporte utilizado
por el Espíritu Santo para hacer llegar masivamente su mensaje a través de la
palabra y la imagen ya que, gracias a la red, miles de Iglesias, Monasterios,
Conventos, Coleccionistas, Galerías y un largo etc. de "proveedores",
a través de sus respectivas páginas web, muestran "sus" obras para el
deleite público... cosa que, por lo menos yo, agradezco de todo corazón.
Uno de estos "proveedores" de
iconos a través de la red y uno de mis sitios favoritos para navegar y perderme
un buen rato es la web de Richard Temple (The Temple Gallery).
Richard Temple fundó The Temple Gallery
en 1959 como centro de estudio, restauración y exhibición de iconos antiguos y
de arte sacro.
Es una de las mejores galerías del
mundo dedicadas al icono, ofreciendo la posibilidad, siempre que la economía se
lo permita a uno, de adquirir una o varias de estas obras de arte para unos,
imágenes sagradas para otros, o ambas cosas a la vez.
Esta web contiene los típicos elementos
de una web informativa (home, about us, search, etc...) y que podemos encontrar
en cualquier web, pero..., en esta web podemos pasar horas admirando iconos, en
su inmensa mayoría rusos, dejándonos empapar por la incomparable belleza de
muchos de ellos. Suelen venir acompañados
de una breve reseña informativa
-casi siempre interesante de leer- que nos ayudará a saber un poco más sobre la
historia, el por qué de la advocación que reciben o de algunos elementos
simbólicos que aparecen en el icono.
Contiene centenares de iconos, de no
demasiada resolución, pero perfectamente visibles y en algunos casos se
adjuntan imágenes parciales o detalles para una mayor apreciación. Es de muy
fácil navegación gracias a la austeridad o sencillez del contexto y muy relajante
a la vista, algo que siempre es de agradecer -sobre todo en una navegación
prolongada-, donde siempre destacan , por encima de todo los iconos que
muestra.
En definitiva, es todo un placer
adentrarse por la galería virtual del británico Richard Temple y un deber
ofrecer a todos aquellos que no la conozcan, la posibilidad de admirarse con el
incomparable tesoro que contiene.
Francisco Arlandiz
Iconógrafo