JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ.- ESPAÑA- La polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía que se impartirá en la mayoría de las aulas españolas durante el curso 2007/2008, lejos de resolver los problemas que la justifican, promete generar muchos más. A las más de 15000 objeciones de conciencia presentadas antes del mes de septiembre, se le suman otras acciones judiciales, y algunas administraciones, como la andaluza, afilan cuchillos para hacer frente a la rebelión civil.
El origen del problema:
La nueva asignatura tiene sus raíces en la polémica LOGSE impuesta por el Gobierno socialista. Partiendo de la premisa de que una ley educativa no puede estar sujeta a los vaivenes políticos, lo sucedido en España es digno de mención. Tras la LOGSE, llegó la Ley de Calidad del PP (LOCE), que no logró implantarse por completo, y más tarde la LOE socialista, que ha iniciado ya su andadura.
Estas reformas educativas han nacido de posturas enfrentadas, y no han gozado del necesario consenso que hubiera generado estabilidad y garantías de éxito.
En primer lugar, la LOGSE introdujo un sistema demasiado “comprensivo” y “participativo”, que junto a la escolarización obligatoria hasta los 16 años, introdujo ciertas mejoras en las aulas, pero tuvo también consecuencias negativas:
- Pérdida de autoridad del profesorado.
- Disminución de la calidad de la enseñanza.
- Mayor conflictividad en las aulas.
A estos hechos objetivos, que ha percibido toda la sociedad y la misma clase política, no pudo responder la efímera ley del PP, que llegó tarde y mal.
La victoria-sorpresa de Zapatero, precipitó un nuevo marco normativo, que mejorando algunas cuestiones, no deja de plantear polémica: ¿Es verdad que la supuesta “falta de valores cívicos” en nuestros jóvenes genera tanta conflictividad en las aulas? ¿Se solucionará el problema imponiendo valores con esta nueva asignatura?
Las razones de fondo:
La LOGSE, al introducir la escolarización obligatoria hasta los 16 años, permitió situaciones de convivencia muy complejas sin aportar soluciones: alumnos que asistían al instituto obligados, con actitudes pasivas frente al estudio y de falta de respeto al profesorado y a sus compañeros; grandes desequilibrios formativos dentro del aula, que hacía muy difícil la atención a tanta diversidad en una misma clase; etc.
La respuesta a estos problemas debía partir de una reforma más a fondo del sistema (con recursos económicos adecuados) y no de una asignatura que impusiera valores ya dispersos en otras áreas (sociales, naturales, etc.).
Entonces, ¿qué necesidad hay de crear esta nueva asignatura?
En primer lugar, echar balones fuera: el diagnóstico de Zapatero es que tenemos una juventud sin valores cívicos y democráticos, de modo que nos podemos olvidar de la LOGSE y sus nefastas consecuencias en el sistema educativo. ¿Estarán los jóvenes de acuerdo? ¿Qué opinarán del asunto sus padres, que como responsables de su educación quedan señalados por el Gobierno como ineficaces? ¿Papá-Estado desautoriza a los padres y "adopta" a nuestros jóvenes?
En segundo lugar, la batalla de la Religión: Zapatero no quiere romper los acuerdos con la Santa Sede, pero debe dar una satisfacción a sus socios de izquierda, que quieren eliminarla del sistema educativo. La nueva asignatura es por tanto obligatoria (a diferencia de la Religión) e impone algo más que valores cívicos y democráticos: es realmente una puerta abierta a la ideología de género y otras falacias, cuyas consecuencias sociales pueden ser muy negativas.
El problema de los valores:
La sociedad española está fuertemente influenciada por la idea de PROGRESO, que por razones políticas, se ha asociado a los postulados ideológicos de la izquierda. Sin embargo, dicho concepto se ha materializado a través de la desmitificación, la transgresión, la crítica, la burla, la superación, etc., promovidas por la izquierda social y política, y los medios de comunicación, lo cual ha provocado efectos muy negativos:
- En primer lugar, los valores tradicionales son rechazados: fidelidad, obediencia, autoridad, respeto, castidad, esfuerzo, sacrificio, etc., y se asocian a la Iglesia.
- Como resultado de esto, no hay valores estables o eternos, todo es relativo, no hay verdad (relativismo moral).
- En segundo lugar, los pocos valores de la izquierda utópica (solidaridad, compromiso, igualdad, etc) son igualmente rechazados por muchos jóvenes, más atraídos por los placeres de la sociedad de consumo.
Por desgracia, los contenidos de la nueva asignatura insisten en los mismos errores:
- Desmitificar y criticar los valores tradicionales.
- Defender la autonomía moral del individuo que "construye" su propios valores.
- Defender el relativismo moral, la falta de verdades absolutas: la constitución y los derechos humanos, son frutos del consenso, y se pueden cambiar.
¿Y qué hay detrás de la ideología de género?
Primeramente, se separa sexualidad de género, lo cual quiere decir que cada persona puede hacer con sus genitales lo que quiera, ya que ser hombre, mujer, etc. son simples convencionalismos culturales. Lógicamente, la bisexualidad sería una conducta normal, y en caso de querer tener hijos, se buscarían relaciones explícitas con el sexo opuesto.
En este contexto, hay un rechazo frontal a la familia como célula estable, que quedaría reducida a la relación progenitor-hijo, y las ocasionales parejas (de cualquier sexo) que se tuviera en cada momento. Por supuesto, el matrimonio como compromiso estable, monógamo, y fiel, queda lejos de los esquemas de esta filosofía de la vida que pregona el sexo libre sin restricciones.
De ahí que resulte absurdo el esfuerzo de Zapatero por aprobar los matrimonios gay como una “defensa de la institución tradicional”. Los defensores de la ideología de género estaban en contra de una ley que, en realidad, pretendía regular a efectos económicos y sociales estas uniones para equipararlas a las parejas heterosexuales.
¿Qué ideología van a inculcar a nuestros hijos?
La Libertad de Cátedra ha dado siempre muchos vuelos al profesorado para hacer su cruzada personal desde las diversas áreas. De forma más oculta o más explícita, siempre se han transmitido valores, y ya la LOGSE los potenciaba a través de los contenidos TRANSVERSALES.
Sin embargo, ahora se van a evaluar objetivos y contenidos muy concretos, que nuestros hijos tendrán que aprender o asumir para aprobar esta asignatura.
Un vistazo a los diferentes libros de texto de Educación para la Ciudadanía, nos permite apreciar también las importantes diferencias entre unas editoriales y otras en el tratamiento de los contenidos y su postura ante la moral católica. Pero en última instancia estará el criterio del profesor y del Departamento con el que se coordine (incluso el Proyecto de Centro), que serán los verdaderos actores de la transmisión de estos valores a nuestros hijos.
Los colegios religiosos podrán adaptar la asignatura a su ideario, pero ¿y los centros públicos?. La desigualdad queda manifiesta, y corresponde a los padres tomar una decisión frente a esta difícil situación. ¿Recursos judiciales, objeción de conciencia…? Sea cual sea la respuesta, no podemos quedar pasivos y sí tomar las decisiones que sean oportunas en defensa de la educación de nuestros hijos.