BENEDICTO XVI - Queridos hermanos y hermanas:
De la vida y escritos de san Basilio, de lo cual hablamos en la Audiencia anterior, se desprenden mensajes importantes para nosotros. El primero es la referencia primaria y vital al misterio de Dios. El Padre es raíz de los vivientes y, sobre todo, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Redentor del hombre por su encarnación, muerte y resurrección. A esto se une la acción del Espíritu Santo, fuerza vivificadora y fuente de la santificación, que anima la Iglesia, la colma de sus dones y la hace santa.
El cristiano, además, necesita las obras de caridad para manifestar su fe: con ellas los hombres sirven a Dios mismo; “Todos los necesitados – dice Basilio – miran nuestras manos, como nosotros mismos miramos las de Dios cuando nos encontramos en necesidad”. Es necesaria igualmente la Eucaristía, que mantiene vivo el amor a Dios y al prójimo, y alimenta las energías provenientes del bautismo.
A los jóvenes, Basilio les invita a aprovechar lo que veían en la cultura de su tiempo, tomando de ella los ejemplos de virtud, para vivirla después ellos mismos como un bien inalienable y duradero. Como las abejas, dice, se ha de tomar de aquello que nos circunda solamente lo que es verdadero y útil, dejando todo lo demás.
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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los jóvenes del Movimiento Hogar de la Madre, a los colaboradores de las Religiosas de María Inmaculada, de Santander, y a los peregrinos de España, México, y otros países latinoamericanos. Llevad a vuestros hogares y comunidades el afecto y el saludo del Papa.
Muchas gracias.