Con el viaje a Turquía y la publicación de una declaración conjunta con el Patriarca de la Iglesia Griega se abre un camino de entendimiento profundo en el que se tendrán que superar obstáculos como los comentados por el actual Papa hace casi dos décadas.
“La sucesión apostólica es la forma sacramental de la presencia vinculante de la Tradición. Tradición quiere decir, sobre todo, que la Iglesia es la morada donde la Biblia es vivida e interpretada con autoridad: esta interpretación constituye un continuum histórico, que establece unos términos de comparación no desplazables, pero sin convertirse en un pasado irremediablemente cerrado. Ha concluido la Revelación, pero no si interpretación vinculante”. [Pg 93]
“[...] La unidad representa un principio hermenéutico fundamental de toda teología. Debiendo nosotros por ello, aprender a leer los documentos de la tradición en una hermenéutica de la unidad que permita descubrir realidades nuevas y que sea capaz de abrir puertas allí donde antes sólo se veían cerrojos. Esta hermenéutica de la unidad consistirá en leer cada una de las afirmaciones en el contexto de la Tradición entera y de una compresión en profundidad de la Biblia. Incluye además el plantearse en qué medida decisiones establecidas en el momento de la separación llevan en su figuración lingüística y en su forma de pensamiento la impronta de una determinada particularización que se pueda superar sin destruir el verdadero y propio contenido de lo que se dice. La hermenéutica, en realidad, no es un truco para librarse de autoridades fastidiosas mediante una modificación del funcionamiento (cosa que a veces ocurre cuando se abusa de ella), sino una actualización de la Palabra en un género de comprensión que alumbra al mismo tiempo nuevas posibilidades de esta Palabra.
Diálogo ecuménico no significa abandonar la realidad cristiana viva, sino avanzar a través de la hermenéutica de la unidad. Abandonar o poner entre paréntesis determinados aspectos significa reducir la Tradición a lo que ya es pasado. Ello supone que se transfiere el ecumenismo a un mundo artificial, a la vez que se sigue practicando la particularización, en cuanto sólo se economiza lo propio. Lo cual, a su vez, y por el hecho de no ser considerado apto para el diálogo, mientras en cambio se le mantiene en pie, es sustraído del ámbito de la verdad y confinado al espacio del puro y simple uso, con lo cual se plantea, al fin, la pregunta de si propiamente se sigue tratando de la verdad o tan sólo del aparejamiento de uso y de un método para hacerla compatible“.[ Pg 96]
Una mirada al camino que falta por recorrer
“(...) Una unidad superficial, fundada en omisiones, sin preparación interior en la vida, no haría más que daño, tal como enseña la historia. En realidad, existe más unidad en la búsqueda apasionada de la verdad por parte de las comunidades separadas y en el decidido propósito de no imponer la una a la otra nada que no proceda del Señor, e incluso en no dar: de lado a nada de cuanto él nos ha confiado. Así es como vivimos en tensión los unos hacia los otros, porque vivimos en tensión hacia Cristo” [pg 101]