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Es urgente que la Pascua sea celebrada |
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Es urgente que la Pascua sea celebradaFri, 03 May 2013 05:01:00
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna aseguró que “la Buena Nueva de la Pascua es muy exigente”, ya que “la conversión que reclama obliga a transitar el camino de la cruz, cargando cada uno la suya, hasta la muerte al pecado y la firme esperanza de la resurrección. Es la Pascua de Cristo, que hace posible la nuestra y conduce a la Vida. Por eso el monotemático discípulo amado guía la Liturgia de la Palabra de todos estos días”.
“Nuestro mundo ‘pide angustiosamente ser evangelizado por la Iglesia’ –recordó citando a Pablo VI-, lo pide sin pedirlo, lo desea sin expresarlo, lo quiere aún rechazándolo. Cristo –‘el Evangelio del Padre’ - va al encuentro de todos, empezando por los más lejanos y ausentes. Para eso declaró haber venido. Su misión, iniciada durante su vida mortal, recibe todo su vigor a partir de la Resurrección: ‘Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra’, en consecuencia: ‘Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos’. De allí la urgencia de que la Pascua de Resurrección sea celebrada, sin guardarla para la intimidad religiosa o para cierta privacidad egoísta”.
“Quienes observan con desconfianza el desarrollo de la evangelización, se empeñarán en que la Palabra de Dios sea una reserva olvidada de primitiva y trasnochada cultura medioeval. El Evangelio encarna la verdadera revolución, ya que reclama el cambio del corazón, y echa por tierra todo proyecto que no lo logre”, sostuvo en el prelado en su sugerencia para la homilía del próximo domingo.
Texto completo de la sugerencia Se ha producido un bajón. El amor es fidelidad. Se refiere a la verdad que el hombre intenta y que únicamente encuentra en Dios. Es inútil confeccionar una verdad propia, original, sin referencia al Verbo encarnado, que es la Verdad venida de Dios. Me refiero, como es obvio, a Cristo resucitado. Estamos relacionados con la Pascua en este tiempo privilegiado, conducidos pedagógicamente por la Iglesia mediante la Palabra y la Eucaristía. Sin disponer de la fe no se puede entender lo que la Liturgia celebra. Existen pruebas del interés suscitado cuando se menciona a la Iglesia, a veces para denostarla. Hace sesenta años el mundo pasaba indiferente ante su misteriosa o incomprendida presencia en la sociedad. En algunas poblaciones, como la nuestra, la mayoría se declaraba adherida a ella por tradición, en virtud del Bautismo. Se ha producido un bajón cultural, moral y religioso de repercusiones impensables en otros tiempos: delincuencia desembozada y asesina, sin la réplica de una justicia libre de presiones políticas y sin fuerzas de seguridad que protejan a la población inocente e indefensa; desafecto por el trabajo honesto y por la solidaridad vecinal de antaño; falta de respeto a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; el descuido de la niñez, la juventud y la ancianidad; la falta de respeto por los signos patrios y religiosos. Podríamos continuar con una interminable enumeración descriptiva de fenómenos que socavan la libertad y la responsabilidad.
Corresponsabilidad ineludible. Es el momento de responder a una pregunta que nos cuestiona como creyentes: ¿Qué ofrece la fe cristiana, como aporte propio, a ese infortunado descenso al abismo? El Evangelio se dirige a la conciencia de todos para recordar que existe una corresponsabilidad ineludible. No existen seres “solución única” sean mujeres o varones, jóvenes o ancianos. Dios se reserva el derecho de volver al proyecto original del hombre y de la misma creación. La soberbia hace creer al hombre que es su creador y, en consecuencia, se atreve a prescindir de Dios, su único y auténtico Creador. Así le van las cosas. El amor de Dios no claudica, a causa de la agresión promovida por el pecado; su inmediata reacción no es la destrucción del hombre sino la Redención. Dios siempre “es amor” y actúa y reacciona por amor. Sin duda, el conocimiento de la Verdad no empieza por la cabeza sino por el corazón. Si la Verdad que necesitamos aprender es Cristo glorificado el sendero que nos conduce a Ella es exclusivamente el amor. Desarticulamos las virtudes y potencias cuando las alejamos de ese núcleo. El mismo entendimiento como potencia del espíritu requiere obtener su vitalidad en el amor. Cuando pronuncio la palabra “amor” me refiero al recto uso de la libertad.
Es urgente que la Pascua sea celebrada. La “Buena Nueva” de la Pascua es muy exigente. La conversión que reclama obliga a transitar el camino de la cruz, cargando cada uno la suya, hasta la muerte al pecado y la firme esperanza de la resurrección. Es la Pascua de Cristo, que hace posible la nuestra y conduce a la Vida. Por eso el monotemático discípulo amado guía la Liturgia de la Palabra de todos estos días. Nuestro mundo “pide angustiosamente ser evangelizado por la Iglesia” (Pablo VI); lo pide sin pedirlo, lo desea sin expresarlo, lo quiere aún rechazándolo. Cristo - “el Evangelio del Padre” - va al encuentro de todos, empezando por los más lejanos y ausentes. Para eso declaró haber venido. Su misión, iniciada durante su vida mortal, recibe todo su vigor a partir de la Resurrección: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra”, en consecuencia: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mateo 28, 18-19). De allí la urgencia de que la Pascua de Resurrección sea celebrada, sin guardarla para la intimidad religiosa o para cierta privacidad egoísta. Quienes observan con desconfianza el desarrollo de la evangelización, se empeñarán en que la Palabra de Dios sea una reserva olvidada de primitiva y trasnochada cultura medioeval. El Evangelio encarna la verdadera revolución, ya que reclama el cambio del corazón, y echa por tierra todo proyecto que no lo logre.
Cambio de mente y de conducta. Jesús vino a cambiar al hombre, no directamente las estructuras que lo contienen. Existe una fuerte resistencia a ese cambio y, como es obvio, a todas las exigencias de la fe que lo promueven. El Evangelio es un perentorio llamado al cambio de mente y de conducta. Así lo entienden Pablo y los Apóstoles en el ejercicio de su necesario ministerio. De allí se deduce la responsabilidad de la Iglesia, fundada sobre ellos, en la exposición pública del Evangelio. Es su principal deber proponerlo al mundo “con ocasión o sin ella” (San Pablo) cualquiera sea el estado moral y cultural en el que se encuentre. La Iglesia es Cristo mismo, enviado del Padre, en busca de los seres humanos, sumidos en la confusión y en la desesperanza.+
12-06-2013, http://www.rogles.org/index.php/es/via-ferrata.html
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