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  Portada:: Realidades Eclesiales:: Unos 170 dirigentes de los Gen, los jóvenes de los Focolares, se dieron cita en la Mariápolis Lía

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Unos 170 dirigentes de los Gen, los jóvenes de los Focolares, se dieron cita en la Mariápolis Lía


Alberto Barlocci
10-08-2007

ALBERTO BARLOCCI - Unos 170 dirigentes de los Gen, los jóvenes de los Focolares, se dieron cita en la Mariápolis Lía para un congreso panamericano. Momentos de formación, de comunión, de experiencias y vivencias a la luz del sueño “loco” de construir un mundo unido.

Le dicen congreso, pero no hay ponencias, ni mociones; no hay comisiones de trabajo y no habrá que votar ningún “documento final”. Más allá del nombre, un “congreso” Gen no tiene la dinámica que se espera: los temas de formación, impregnados de la espiritualidad de los Focolares –a menudo, fragmentos de conversaciones con Chiara Lubich que marcaron el rumbo en los 40 años de vida de los Gen– se alternan con la presentación de la realidad de cada país en donde los jóvenes viven y tratan de dar testimonio de amor y unidad.

También hay frecuentes momentos de comunión, en el que los jóvenes ofrecen al resto lo que hay en su corazón. Si tienen pudor, lo superan muy bien. Salen cosas íntimas, profundas, situaciones dolorosas, momentos de oscuridad, pequeñas o grandes conquistas. Como si se conocieran desde siempre y hablaran entre ellos todos los días. Viven los problemas de cualquier joven inmerso en la sociedad posmoderna. “El año pasado fue bastante duro –cuenta Cecilia, tucumana–: murió mi abuela, mis padres se separaron, y luego murió una amiga querida”. La escuchamos con el aliento cortado. Pero, sin más, relata cómo superó estos momentos gracias al amor y al apoyo de los demás Gen de su ciudad. Los manuales de espiritualidad hablarían de una “prueba”. Y los que hablan detrás de ella cuentan cosas parecidas.

A menudo el entorno es hostil o indiferente a los valores cristianos, o hay corrupción. Lucas – por prudencia, cambio su nombre y omito la localidad del noreste argentino de donde viene–, cuenta que en el juzgado en el que trabaja apartaron a una jueza que cumplía con su deber. En su lugar, pusieron a otra persona, que desde allí trata de evitar que los poderosos sean molestados. Sintió que no podía callar y habló con su jefe. La primera reacción del otro fue tratar de seducirlo con el poder: “Usted es un líder, me tiene que apoyar, estar de mi lado, no con los demás de la oficina...”. Lucas entendió y replicó: “Mire que lo más valioso es que todos estemos trabajando juntos por lo que es bueno”. Días después, admitió el jefe: “Tienes razón”.

Hablan de lo que hacen. Los guatemaltecos arrancan los aplausos de los presentes: son poquitos –cuentan–, un puñado, “pero fieles”, agregan y hablan de su mundo hecho de decenas de etnias e idiomas. En Villa Alemana, Chile, organizan “patrullajes”: en los días fríos reparten bebidas calientes y comida, brindan asistencia legal o psicológica a los que no tienen hogar. En Santiago, esta actividad se ha plasmado en una casa abierta a todos en un barrio humilde. “No es fácil vencer la desconfianza. Hace poco nos robaron la guitarra que usamos... pero seguimos adelante”. Es un abanico de actividades, y aunque cambia el acento de los actores o el tipo de iniciativa, no cambia el móvil: la necesidad de inyectar una gota de amor.

El programa no es la única originalidad del “Panamericano 2007”. También lo es el modo en que se manejó su economía. La elección de la Mariápolis Lía como sede favorecía a los argentinos. “Pero, ya que la comunión de bienes es parte de nuestra vida, decidimos aplicarla a este caso y calculamos los costos de modo que a todos le saliera lo mismo participar, incluso a los ‘locales’,” me explica Jimena, rosarina, próxima a recibirse de fonoaudióloga. Eso facilitó la participación de aquellos cuyo poder adquisitivo es más reducido, aunque todos se tuvieron que “arremangar”, porque hubo que reunir casi 70 mil dólares para que viajaran. Luego de este prorrateo, muchos pusieron en común más dinero todavía. Esto cubrió la cuota de los que necesitaron ser ayudados. “Queremos una economía sobre la base de estos principios” no duda en acotar Carlos, de Córdoba, futuro abogado.

Los dos extremos geográficos son representados por Neyla, canadiense de Montreal, y Clarita, de Tierra del Fuego. Somos un crisol de idiomas y culturas distintas y de historias que, a veces, nos separan. Emblemáticamente, chilenos y bolivianos presentan juntos sus actividades. Más tarde, Consuelo, chilena, 26 años, me explica lo importante que ha sido aprender a superar los conflictos históricos que vivió su país. “Dios quiere construir a través de cada uno otra realidad. Por eso, es importante ir más allá de lo que nos divide”. Almuerzo con un grupito que viene de Estados Unidos. Sasha, de Chicago, confiesa: “Temía por lo que me pudieran decir, porque cuando vamos al exterior nos identifican con el capitalismo salvaje o lo que hace nuestro gobierno, con el cual no estamos para nada de acuerdo. Aquí me sentí acogida y amada, y el temor se disolvió”. Cuentan que un joven de Brasil les dijo: “No me puedo ir sin pedirles perdón. Porque el 11 de septiembre, ante los atentados, pensé: ‘¡ahora les toca a ellos!’. No es así que, junto con ustedes, quiero construir un mundo unido”. “Un abrazo y algunos lagrimones sellaron ese momento”, agrega Paul, de New York.

Ultimo día. Se acerca la despedida. En la sala, el calor humano contrasta con las bajas temperaturas externas. Y se percibe algo difícil de explicar: como si todos fueran una sola cosa. A la memoria vuelve lo que se lee en los Hechos de los Apóstoles: “los cristianos eran un solo corazón y una sola alma”. Las diferencias se transforman en riquezas, la diversidad en don, la pluralidad en unidad. Se parece mucho al “mundo unido” del que estos Gen tanto hablan.

Cuadro:
Etapas
- El movimiento Gen (Generación Nueva), sector juvenil de los Focolares, nace en 1967.
- A fines de los ‘70 nacen cientos de iniciativas sociales, artísticas, solidarias, etc., bajo el lema: “Dar la vida por la propia gente”.
- Una cita importante cada 5 años: los Genfest, festivales internacionales de expresiones artísticas y de testimonios de vida.

Fuente: Ciudad Nueva.org.ar


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