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CAMINEO.INFO.- Monseñor Juan José Omella Omella




La crisis que no acaba (1)

Tue, 23 Jun 2009 07:30:00
 
Monseñor Juan José Omella Omella, Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño
Monseñor Juan José Omella Omella

Queridos lectores de “Pueblo de Dios”. Llevamos días y días, meses y meses, hablando y oyendo hablar por todas partes de la crisis económica que nos envuelve a todos. Algunos la sienten más en sus carnes que otros. Se habla ya de cerca de cuatro millones de parados, según cifras oficiales, pero puede que sean más. Detrás de las frías estadísticas y porcentajes de paro, de las jubilaciones anticipadas, de las superpensiones y recesiones de contratos, de las quiebras de empresas, lo que hay son personas y familias que sufren desmesuradamente. Está crisis es como un terremoto que mueve y resquebraja nuestras vidas y nuestra sociedad; es como si estuviésemos viviendo en un momento de cambio de época, como ya sucedió en tiempos de la caída del Imperio Romano o del paso de la Edad Media a la Moderna. Podemos decir con muchos entendidos en la materia que no se trata solamente de una crisis económica. La crisis es mucho más honda de lo que parece y afecta también, de manera especial, a los valores que nos sostienen como sociedad y como personas. Se han relajado las costumbres de manera que hemos adormecido a la sociedad civil, la hemos convertido en indolente, en relativista. Y asombra, por ejemplo, que lo importante no es el esfuerzo, sino el poder, el dinero fácil. «Dinero crea dinero», ha sido la máxima de los últimos tiempos.

Crisis económica: Las pequeñas y medianas empresas están cerrando porque no pueden sostener sus negocios. Algunos Bancos o Cajas de Ahorro pasan por dificultades. Muchas personas se quedan sin trabajo, sin poder pagar sus deudas. Y los inmigrantes no solamente pierden su trabajo sino que, muchos de ellos, no pueden pagar el alquiler del piso y se quedan sin un hogar que les cobije convenientemente. El horizonte es para muchas personas gris, muy gris, por no decir muy negro. Falta dinero. Los Bancos, las Constructoras y las grandes Multinacionales… no venden y buscan al Estado para que con el dinero de todos los ciudadanos, con el dinero de los impuestos, se tape los agujeros que tienen.
¿Qué salida tiene esta grave situación que afecta cada día a más personas, a más familias? ¿Qué soluciones se pueden aportar?

Parece que no es fácil salir de esa situación en un breve periodo de tiempo. Pero para poder encontrar una salida es necesario empezar por evitar echar sobre los demás la responsabilidad de las injusticias que han generado esta crisis porque todos somos, en buena medida, responsables de esas injusticias. Por lo tanto, la primera vía o peldaño de solución es la conversión personal. En toda situación de crisis económica, cada individuo, cada sector y cada región ve en los demás su posible enemigo más directo, pues, intuye que su bienestar por limitado que sea, puede quedar amenazado por los intereses del otro. Es cierto que el egoísmo y el interés personal, por encima del colectivo, han primado en las economías mundiales. No hemos sido capaces de ahorrar en tiempos de bonanza y el consumismo por el consumismo se metió hasta en los tuétanos de cada uno de nosotros. Los políticos han incentivado una vida tendente a la superficialidad y al consumismo. Las entidades financieras no han favorecido el ahorro tanto como el endeudamiento. Y todos nos hemos dejado embaucar por esta forma de ver y entender la vida. Todos tenemos parte de responsabilidad en esta crisis, aunque es evidente que unos tienen más responsabilidad que otros. De ahí que podamos decir que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Sí, dentro del corazón humano anida la idea de conseguir el dinero por los medios que sean e, incluso, muchos piensan y hasta lo dicen: si tienes ocasión de hacerte rico como sea, aprovéchala. Si la ocasión se te presenta, ¿por qué perderla?, eso sería de tontos. Si los demás lo hacen ¿por qué no puedo hacerlo yo?, se oye decir muchas veces. Sí, en todos los niveles existe la tentación de avaricia, de injusticia y de fraude.

No acaba aquí mi reflexión. Continuará en el próximo número de “Pueblo de Dios”. Ojalá que estas sencillas reflexiones ayuden a tomar conciencia de la situación y a un mayor compromiso solidario con los que más sufren ya que los bienes de la tierra no pueden ser exclusividad de unos pocos.

Con mi afecto y bendición.







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