(CAMINEO.INFO) - AICA. Cientos de miles de fieles participaron ayer de las celebraciones en honor de San Expedito, patrono de las causas justas y urgentes, cuya devoción es creciente en la parroquia porteña de Nuestra Señora de Balvanera y en otras donde hay una imagen del santo.
Con misas a cada hora desde las 6, todas colmadas, al promediar la tarde hubo una multitudinaria procesión con la imagen del santo que fue multitudinaria.
El vicario parroquial, presbítero Fabricio Maranzana, estimó en 150.000 los devotos que se acercaron al templo y contó que "cada año, desde hace cuatro cuando encontré una imagen del santo detrás de un altar, es más la gente que se acerca".
"Aquí llegan de todas las clases sociales, porque todos tenemos una causa justa. Es justo que podamos progresar, es justo tener justicia y seguridad, es justo que podamos estar sanos, es justo que podamos tener trabajo y alimento y el santo te dice que si centrás las cosas en Cristo, vas a tener una mirada distinta sobre tanta ansiedad sobra las cosas rápidas que buscan. Te dice que no estás solo", dijo a la prensa el sacerdote.
El presbítero Maranzana sostuvo que no hay explicación racional a estos fenómenos de fe popular, porque "ante las necesidades, la gente empieza a buscar un lugar y se transforma en devoción pura. No lo impone la Iglesia, que simplemente acompaña la expresión popular".
El vicario recordó que San Expedito es también "patrono protector de los jóvenes, socorro de los estudiantes y de los enfermos, mediador en los procesos y juicios, en los problemas de familia, laborales y de negocios, aunque también es invocado por otras cuestiones acuciantes".
San Expedito era un legionario romano que vivió a principios del Siglo IV y que el emperador Diocleciano mandó a matar cuando se convirtió al cristianismo.
El santoral católico dice que al momento de la conversión un cuervo, símbolo del "espíritu del mal", trató de convencer a Expedito para que postergue su decisión.
Este reaccionó, aplastó al cuervo y dijo repetidas veces: "No dejaré nada para mañana, a partir de hoy seré cristiano".
El 19 de abril de 303 Diocleciano ordenó matarlo en Melitente, junto a sus compañeros Caio, Galatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo.