CAMINEO.INFO.- Como no hay peor sordo que el que no quiere oír, de nada valdrá que se le grite más alto al ministro de Fomento, José Blanco, que está equivocado, que no se puede ser diputado católico y apoyar con su voto la ley del aborto como un derecho de la mujer. Lo grave es que, además de sordo también da la impresión de estar ciego, porque tampoco parece que se ha leído con atención las declaraciones de monseñor Martínez Camino sobre los católicos y el aborto. Y si no las ha oído ni leído ¿como se permite comentarlas, como ha hecho en su blog, salvo que alguien se lo escriba?
Lo cierto es que el ministro de Fomento, se ha despachado a gusto contra el obispo auxiliar de Madrid en un comentario cuyo titulo es revelador: “¿Derecho al pecado?” Que un católico –perdón, Blanco dice que lo es aunque no lo parezca- se pregunte si existe un derecho a pecar. demuestra hasta qué punto puede llegar el psicodrama de quien dice una cosa y hace la contraria.
Intentemos aclararle que derecho, lo que se dice derecho a pecar, no existe todavía aunque, con Zapatero en La Moncloa, todo es posible, una vez que ha reconocido por ley el “derecho” de los homosexuales a contraer “matrimonio” y que ahora quiere legalizar el “derecho” de la mujer a matar a su hijo en plena gestación sin que medie causa alguna, así, porque le parece bien... Con Zapatero, ya se sabe: la lista de “derechos” puede ser infinita: derecho a drogarse, derecho a mentir, derecho al adulterio, derecho a cambiar de sexo, derecho... a pecar.
No obstante, conviene hacer una aclaración: es bastante probable que Zapatero no sepa lo que es pecar, porque la noción del pecado deriva de la rectitud de conciencia formada según la ley divina, sintetizada en los Diez Mandamientos. Uno de ellos, por cierto, el quinto, es el de no matar. Ahora bien, si no se cree en Dios, todo le está permitido..., como ya decía Dostoieswky. ¿Se acuerda, señor Blanco? Así que Zapatero no es el mejor ejemplo para saber si peca o no peca, porque no tiene o ha perdido por completo la noción del pecado.
Otra cosa es el señor Blanco que, en función de sus propias declaraciones, es “católico”; es decir, que al menos ha recibido catequesis además del sacramento del bautismo que le abrió las puertas de la Iglesia. Concedamos, por tanto, que el señor Blanco sabe lo que es pecado, que es tanto como saber lo que está bien y lo que está mal. ¿Puede, por tanto, tener derecho a pecar? No se entiende demasiado bien por qué se lo pregunta cuando él sabe, se supone, que todo fiel católico está obligado, en conciencia, a no pecar... pero conserva toda su libertad para hacerlo.
Sin libertad personal ni siquiera hay pecado. Así que el señor Blanco se puede permitir el lujazo de pecar porque se supone que es libre y que su partido no lo coacciona. Por tanto es libre de votar la ley del aborto. Pero que, al menos, se atenga a las consecuencias. Un creyente católico que peca, si quiere volver a la plena comunión, tiene que confesar su pecado al confesor –auricular y secreta- cumplir la penitencia y, sobre todo, hacer propósito de enmienda. Pero si el señor Blanco vota a conciencia la ley del aborto y no tiene la menor intención de reparar el daño causado, ni de enmendar su conducta ¿para qué diablos se preocupa sobre su derecho a pecar?
Que haga lo que le parezca porque quien tendrá que juzgarlo no es monseñor Martínez Camino –a menos que lo elija como confesor- sino el Juez Supremo, cosa que no parece importarle mucho al señor Blanco por una razón: porque admite que el aborto puede ser un pecado, pero no un delito, con lo cual hace la distinción entre la conducta moral y la conducta legal. Por eso añade que antes que católico es ciudadano y demócrata. ¡Acabáramos! ¡La democracia es la nueva religión inventada por el señor Blanco! Se puede pecar contra la ley de Dios pero nunca contra la ley de la mayoría parlamentaria aunque pienses lo contrario...
El señor Blanco acaba de hacer el mejor retrato de su fe auténtica: el relativismo inmanentista. De modo que ¡a pecar que son dos días, señor Blanco...! Pero, al menos, no le eche las culpas de su pecado a monseñor Martínez Camino por el hecho de haberle recordado las dos verdades que, a todas luces, ha olvidado, sin duda porque ha dejado de leer el Evangelio y hasta de rezar, esa cosas que hacen los católicos con frecuencia para recordar que Dios existe, como existe el Más Allá. Precisamente estos días se nos está recordando en las misas del fin del tiempo litúrgico ordinario a los Novísimos, el Apocalipsis y otras verdades que muchos como el señor Blanco han guardado bajo llave en el baúl de los recuerdos pero que están ahí...