CAMINEO.INFO.- Asunta Figueroa, misionera laica de Ekumene, clausuró el pasado sábado, 6 de febrero, las VII Jornadas de Formación para Empleados y Voluntarios de Obras Misionales Pontificas (OMP), con una intervención sobre su experiencia como misionera en la República Democrática del Congo.
Tras ofrecer una visión del continente africano muy distinta a la que ofrecen habitualmente los medios (África no es un continente pobre, sino empobrecido, y empobrecido sobre todo por los abusos de las empresas internacionales y transnacionales), presentó algunos datos del país en el que trabajó.
La Obra misionera Ekumene está presente en la República Democrática del Congo desde 1964. En este país de 65 millones de habitantes repartidos en una superficie que es 5 veces la de España, se vive “una religiosidad de puertas adentro”, con una “sensación continua de amenaza”.
Los misioneros de Ekumene –con una concepción “fraternalista” y no “paternalista” de la misión-, han creado cooperativas en las que los africanos se sienten protagonistas de su propia promoción. Del “dar la caña en lugar del pez”, los misioneros han dado un paso más al “fabricar la caña con ellos”.
Los comités de trabajo -en los que cada uno aporta según su capacidad- y el saber delegar de los misioneros, son acciones basadas en la confianza que el misionero tiene en las capacidades de los africanos, que por otro lado son quienes mejor conocen sus necesidades.
Otra característica del trabajo de los misioneros que subrayó Figueroa fue la “promoción de la mujer”, a partir de la convicción de que “si educamos a la mujer contribuimos a educar toda una nación”.
Pero más allá de lo que el misionero aporta a los congoleños, es evangelizado y transfigurado por ellos. Tal vez por eso, “Cuando sólo queda huir para salvar, la vida, el misionero acampa con el refugiado; cuando no hay nada material que ofrecer al pobre… el misionero se da a sí mismo; y cuando no se puede disponer de un templo… la naturaleza es el mejor lugar para el encuentro con el Señor”.