CAMINEO.INFO.- Valencia/ESPAÑA.-Los expertos que han participado ayer en la primera jornada del Congreso Internacional de Educación Católica para el siglo XXI, organizado por la Universidad Católica de Valencia
Así, el profesor titular de Antropología Pedagógica de la Universidad Complutense de Madrid, José María Barrio, advirtió que “el mayor desafío que hay que afrontar en el momento presente es devolver a los educadores el ánimo para educar”. Según Barrio, “el nihilismo posmoderno y post-ilustrado se lleva por delante oleadas de personas jóvenes, dejándolas sin apenas recursos morales y vitales para afrontar el futuro con esperanza”. Este hecho provoca que “el desaliento cunda entre muchos que se ven abocados a tener que dar referencias de sentido en el contexto del sinsentido”, añadió.
Para Barrio, la educación contemporánea “parece condenada a enseñar una realidad sin significado, en la que cada uno expresa sus gustos, pero en la que nadie cree que puedan proporcionarse razones que los avalen”. Esta actitud es “poco compatible con la educación y se encuentra en la base del desencanto que caracteriza la cultura de masas”, detalló.
Además, se refirió a la “crisis de autoridad” que padecen los profesores y ha lamentado que nos encontramos en un ambiente “deseducativo, en el que cualquier mensaje educativo se decodifica en clave de ironía cínica”.
Finalmente, concluyó que “si el mensaje que les llega a los jóvenes, incluso desde el propio sistema educativo, es que todo vale, que las opciones, aunque aparentemente se antojen importantes, en último término son triviales, y el resultado previsible no será el crecimiento y la maduración, sino todo lo contrario”.
Igualmente, el psicopedagogo Guillermo Ferrís, director del colegio Escuelas Pías Malvarrosa, señaló que “el reto para la escuela católica en este siglo XXI es llegar a generar en el aula y en el conjunto del entramado escolar un trabajo educativo vital, rico e ilusionante”.
Ferrís advirtió que “una escuela cuya misión se reduce a transmitir conocimientos y valores, no sólo no educa sino que tampoco evangeliza, aunque enseñe cosas de Dios o sobre Dios”. “Para nosotros evangelizar y educar significa no llenar la mente de conocimientos, sino abrir el ser a una relación cada vez más rica y profunda con toda realidad, ya que sólo la relación, y finalmente la relación de amor consciente y libre, identifica en verdad al ser humano”, subrayó.
En su opinión “la escuela católica se encuentra ante el reto de no quedar convertida en mera transmisora de conocimientos”. La escuela existe para “potenciar el desarrollo humano y espiritual de los niños y jóvenes, su capacidad de ver, comprender, entender, captar, aprender, expresarse, amar a Dios y a los hombres, y donarse, puesto que el centro sobre el que debe gravitar la educación es la persona”.
Fuente: AVAN