CAMINEO.INFO.- Zamora/ESPAÑA.- La diócesis homenajeaba a 11 presbíteros en la iglesia de San Andrés. En la "Jornada Sacerdotal", cuando se festeja a San Juan de Avila (es el patrono del clero español), se celebraban las bodas de ordenación (tres de platino, siete de oro y una de plata). Y el vicario general de la diócesis, Juan Luis Martín, que presidía la liturgia -en ausencia del obispo, Gregorio Martínez, afectado por una gripe-, señaló: «Nos corresponde ser evangélicamente radicales en una sociedad conformista y en una Iglesia a veces tentada por la acomodación a los criterios del mundo». Los curas que obtenían el reconocimiento de sus hermanos en el ministerio ordenado hablaban, al término de la eucaristía, de servicio a la comunidad y alegría, de cercanía a los más necesitados y de disponibilidad ante todos. Los cambios, tan notables a veces, han ayudado a comprender mejor el Evangelio. Las dificultades de los tiempos no merman el compromiso.
Martín Barrios comenzó su homilía con estas palabras: «cuando llega el Espíritu, se deja la casa y se emprende el camino». Y, tras "escenificar" la cena de Pascua de Jesús y los suyos, vinculó el gesto de Cristo del Lavatorio de los pies a sus discípulos con el servicio del sacerdote a la comunidad. «Hoy, agradecidamente, os homenajeamos». Porque «salisteis de casa, al relente de aquellos años. Cuánta ilusión en medio de tanta dificultad. Cuánto ha cambiado la vida en tan poco tiempo». Y prosiguió: «ser sacerdotes es lo mejor que os ha podido suceder». Aquello y, también, esto: alegría. «Por haber sido llamados para servir el Evangelio en esta hora, apasionante y difícil, del mundo y de la Iglesia».
El vicario general, que recordó la promesa, ante el obispo, de obediencia, celibato y pobreza, significó que debían apoyarse «en las tres virtudes teologales»: la fe (que sostiene la primera), la caridad (la segunda) y la esperanza (la última). «Al vivir hoy estos valores, estamos llamados a ser testigos de realidades, que se hallan en contraste con supuestos valores del mundo». De ahí la radicalidad evangélica ante el conformismo. «Sólo podemos ser percibidos como testigos si nuestra existencia está tonificada por la alegría de vivir así». Las promesas sacerdotales, prosiguió, poseen actualmente un «carácter testimonial de vida inapreciable». Porque son «un modo pedagógico, pero real, de vivir positivamente tres aspiraciones humanas fundamentales»: el tener, el ser alguien y el amar. La primera se realiza en la pobreza, la segunda «toma cuerpo en la disponibilidad de la obediencia», la tercera «se vive sublimado y hecho servicio eclesial en el celibato».
Había concluido la eucaristía. Faltaban unos minutos para la conferencia de César A. Franco, obispo auxiliar de Madrid, quien se proponía disertar sobre La Palabra de Dios. Lorenzo Villar (Villavendimio, 1924) ha sido párroco, profesor en un instituto de Benavente y capellán de religiosas. Miraba hacia atrás sin nostalgia. «Muchos cambios. En un año, tres traslados». Se convocó un concurso, y lo destinaron a Castrogonzalo, «donde estuve 30 años». En esas seis décadas, cuántas actividades y cuántas peripecias. En un periodo, regentó seis feligresías: Sogo, Arcillo? «Me trasladaba en bicicleta». «Me ha gustado ser párroco. Y eso conlleva muchas satisfacciones y distintas preocupaciones. Y algún disgusto». Ayer y hoy. «Este es un tiempo muy difícil. El sacerdote debe ser muy sacrificado y comprensivo con todos: los que son de la Iglesia y los que no son de la Iglesia». Con Lorenzo Villar, otros dos presbíteros celebraban su "Bodas de platino": Benjamín Alonso y José Chimeno.
Fuente: La opinion de Zamora