El pasado 19 de enero tuvo lugar en el antiguo monasterio de San Miguel de los Reyes (actual Biblioteca Valenciana), un simposio internacional de expertos en restauración para decidir sobre el futuro de los frescos hallados hace dos años en la cúpula de la Catedral Metropolitana de Valencia. Todos coincidieron en la importancia de estos hallazgos por su relevancia en el ámbito internacional y aconsejaron llevar a cabo un programa de seguimiento para estudiar la evolución de dicha restauración bajo el nuevo microclima al que va a estar expuesto.
Lejos de ser una grata noticia para algunos, dicho hallazgo ha puesto en evidencia una paradoja sobre la importancia de dos obras de arte, emplazadas en un mismo lugar pero en distinta fecha. El debate entre expertos no ha dejado del todo claro sobre cuál será el futuro de la cúpula de la catedral, auque son muchas las voces que se inclinan en pro de los frescos renacentistas. No obstante, la última palabra la tienen el Deán de la catedral de Valencia, Juan Pérez; y Jaime Sancho, canónigo conservador del patrimonio artístico de la catedral Metropolitana de Valencia y catedrático de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Ellos, junto con el gobierno de la comunidad autónoma tienen todavía el calificado por un experto como “marrón” de la decisión... La realidad es que sobra un tesoro y no saben dónde ponerlo.
Una de las dos vertientes, la que quiere dejarlos al descubierto, opina que es una muestra de la importancia del renacimiento en Valencia, por la otra parte nos encontramos con que quedará una cúpula renacentista con ornamentación barroca, algo que choca estrepitosamente. Lo cierto es que para que la clase de historia del arte que supone la catedral de Valencia sea completa, sólo faltaba la pincelada renacentista, ya que por una larguísima serie de “casualidades” posee una muestra de todos los estilos artísticos que ha dado la historia, desde lápidas romanas hasta ornamentos neoclásicos, hay quien lo llama “pegotes”, pero no deja de ser la realidad histórica escrita con piedra y siglos de una tierra tan peculiar como esta.
Historia:
Tras el Incendio de la Colometa* (palomita) en el transcurso de la celebración de Pentecostés de 1469, y después de dos intentos de restauración sin éxito, el Cardenal Rodrigo Borja, Obispo de Valencia, y futuro Papa Alejandro VI trajo de Italia a dos expertos en pintura al fresco. Así, en 1474 los pintores italianos Paolo San Leocadio y Francesco Pagano ejecutaron la obra por 3000 ducados, cifra elevadísima para la época. Rodrigo Borja, acabó de este modo con el gótico tardío para introducir el renacimiento. Esta era la primera obra renacentista que se efectuaba en España y ha estado oculta bajo una bóveda barroca desde 1674, fecha en la que Luis Alfonso de los Cameros, Arzobispo de Valencia, encargó a Juan Bautista Castiel recubrirlas con una nueva ornamentación Barroca.
El guante está echado. Así el Profesor Miglio, ha propuesto celebrar un seminario en Roma para subrayar la importancia de los frescos y las posibles soluciones para los mismos, ya que estos ángeles son un elemento que interrelaciona Valencia y Roma, un vínculo establecido por el Papa Borgia en el siglo XV, y roto por un complejo extraño que nos impulsa a los españoles a olvidar y transformar la historia con demasiada facilidad.