Benedicto XVI recibió esta mañana al primer grupo de obispos colombianos, que están en Roma realizando su visita “ad Limina”.
Tras agradecer las palabras que le dirigió en nombre de todos monseñor Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal colombiana, en que le presentó las realidades que los preocupan, el Pontífice elogió, en primer lugar sus esfuerzos para “concretar iniciativas encaminadas a fomentar una corriente de renovada y fructífera evangelización” y reconoció al mismo tiempo que “Colombia no es ajena a las consecuencias del olvido de Dios”.
“Mientras que años atrás era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a cuanto inspirado en ella, hoy no parece que sea así en vastos sectores de la sociedad, a causa de la crisis de valores espirituales y morales que incide negativamente en muchos de sus compatriotas”, dijo el Santo Padre, e invitó a los obispos a contrarrestar este estado de cosas siguiendo “con tenacidad y perseverancia” las pautas trazadas en el Plan Global de la Conferencia Episcopal (2012-2020) y a aprovechar las reflexiones del próximo Sínodo de los Obispos, así como las propuestas del “Año de la fe”.
“El creciente pluralismo religioso -prosiguió- es un factor que exige una seria consideración. La presencia cada vez más activa de comunidades pentecostales y evangélicas, no sólo en Colombia, sino también en muchas regiones de América Latina, no puede ser ignorada ni menospreciada. En este sentido, es evidente que el pueblo de Dios está llamado a purificarse y a revitalizar su fe pues 'muchas veces la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos “no católicos” creen, sino fundamentalmente por lo que ellos viven; no por razones doctrinales sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos sino metodológicos de nuestra Iglesia'. Se trata, por tanto, de ser mejores creyentes para que nadie se sienta lejano o excluido”.
Después Benedicto XVI subrayó que el episcopado colombiano no debe dejar de “individuar cuanto entorpece el recto progreso de Colombia, buscando salir al encuentro de los que se hallan privados de libertad por causa de la inicua violencia”.
“Igualmente -prosiguió el Santo Padre- debe redoblar las medidas y los programas tendentes a acompañar y a asistir a cuantos se hallan probados, de modo especial a los que son víctimas de desastres naturales, a los más pobres, a los campesinos, a los enfermos y afligidos, multiplicando las iniciativas solidarias.
“No olviden tampoco a quienes tienen que emigrar de su patria, porque han perdido su trabajo o se afanan por encontrarlo; a los que ven avasallados sus derechos fundamentales y son forzados a desplazarse de sus propias casas y a abandonar sus familias bajo la amenaza de la mano oscura del terror y la criminalidad; o a los que han caído en la red infausta del comercio de las drogas y las armas”.
“Deseo alentarlos a proseguir este camino de servicio generoso y fraterno, que no es resultado de un cálculo humano, sino que nace del amor a Dios y al prójimo, fuente en donde la Iglesia encuentra su fuerza para llevar a cabo su tarea”.
“Queridos hermanos en el Episcopado, para que la luz de lo Alto continúe haciendo fecundo el empeño profético y caritativo de la Iglesia en Colombia, insistan en favorecer en los fieles el encuentro personal con Jesucristo, de modo que mediten con asiduidad la Palabra de Dios y participen en los sacramentos, celebrados a tenor de las normas canónicas y los libros litúrgicos”.
“Todo esto será cauce propicio para un idóneo itinerario de Iniciación Cristiana, invitará a todos a la conversión y a la santidad y cooperará a la tan necesaria renovación eclesial”, concluyó Benedicto XVI
Saludo de los obispos colombianos
Los obispos colombianos representados por el presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Bogotá monseñor Rubén Salazar Gómez, dirigieron su saludo al Santo Padre en el que recordaron que “los orígenes y la historia de nuestra Patria fueron íntimamente plasmados por el Evangelio y por la presencia de la Iglesia como factor aglutinante de la nacionalidad. Hoy, sin embargo, la realidad nos muestra una Colombia pluralista, en la que la voz de la Iglesia parece ser una más entre las múltiples expresiones que nos golpean, especialmente a través de los medios de comunicación social.
“En este contexto, continuó el arzobispo, la Iglesia en Colombia se esfuerza por hacer vibrar el mensaje redentor del Evangelio, con la fuerza misionera que le es propia, iluminando con la Luz de Jesucristo todos los ámbitos de la vida nacional, mostrando al mundo la belleza y la riqueza insondables del Evangelio y poniendo de manifiesto la presencia salvadora del Señor resucitado, con el empeño de que los principios evangélicos sean reconocidos y aceptados en lo íntimo de la conciencia de cada colombiano y en las leyes de la República y crear, así, un marco propicio que oriente la vida personal y comunitaria de los ciudadanos”.
“Padre Santo, venimos hoy en peregrinación para escucharlo con profunda devoción y que su palabra nos aliente en nuestro servicio al Evangelio y nos abra perspectivas nuevas para poder seguir adelante en el cumplimiento de la tarea que el Señor nos encomendó”, expresaron al fial de su saludo. +