Madrid/ESPAÑA.- El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió la Eucaristía y la posterior procesión del Corpus Christi por las calles de Madrid. Con este motivo, habló este domingo a los micrófonos de COPE en el programa “El Espejo” sobre la crisis y la labor que desempeña Cáritas ayudando a los que más lo necesitan.
Hablando de la crisis, comentó que, a primera vista, se presenta “como una crisis económica y lo es”. Y es que “los problemas del funcionamiento del sistema económico son graves, las repercusiones más graves todavía en la vida de muchas personas, su manifestación más punzante es la de la falta de empleo, la falta de trabajo y la repercusión de este hecho en la vida de las familias, muy especialmente también en la vida de los jóvenes que buscan en Madrid su futuro a través de la profesión para la cual se han preparado –la universidad u otros ámbitos de formación-“.
Pero, además, subrayó que es “una crisis económica real pero que incide en la vida de las personas muy profundamente. Pero también es una crisis social porque de algún modo el efecto de esta situación trae dolor, sufrimiento a las familias, preocupación a todos, se ve el futuro con vacilación, con incertidumbre…” Y se trata también de “una crisis de cultura, de forma de vivir, de forma de concebir la vida, de forma de convivir y configurar la sociedad, los valores, la luz que la guían…”
Ante ello, se preguntó: “¿pero por qué todo esto?” Y respondió que “ni la economía ni la sociedad ni la cultura son objeto y materia de actuaciones de potencias anónimas o de meros extraterrestres, aunque el mal en sus formas y configuraciones trascedentes sí que actúa en la vida y en la historia del hombre”. Aún así, prosiguió, “hay que decir que el sujeto de todo lo que pasa es la persona en su individualidad, en su tejido social, y hay que preguntarse qué pasa con la conciencia, con la relación de la conciencia con las deficiencias de una vida de acuerdo con los principios fundamentales de la ley de Dios”.
“¿Qué pasa en la relación de la conciencia con Dios? ¿Se puede prescindir de Dios y vivir en la constante duda y escepticismo respecto a Él en una constante cuestionamiento de valores éticos y morales fundamentales que tienen su raíz en Él mismo y en la relación nuestra de criaturas e imágenes de Dios con Él? Ahí está el origen más profundo de la crisis”, matizó.
Para salir de ella, señaló, “hay que abrir el corazón a la conversión” y tenemos que decir “a todo el conjunto de la sociedad, tenemos que cambiar estilos de cultura, hay que hablar de la necesidad de una cultura del bien común, de una cultura de la gratuidad, de una cultura de la sobriedad y de la capacidad para autodonarse, para la donación, para el amor en una palabra, que conlleva este sacrificio, la realización del amor cristiano pasa por la cruz de Cristo y pasa por la cruz de la vida compartida, llevada en familia, entre los amigos, sobre todo en la Iglesia, no sólo es soportable sino que se convierte en instrumento de resurrección e instrumento de vida”.
En este sentido, recordó la labor que realiza Cáritas : “Cáritas es la mano larga de la Iglesia que ama al que lo necesita muchísimo, materialmente, físicamente, espiritualmente, es la Iglesia misma en su mirada y en su rostro y en sus manos tendidas a los que viven dentro de ella y a los que no pero que necesitan mucho de ser ayudados, de ser queridos”. Y subrayó que “la red de nuestra Cáritas parroquial y sus servicios de búsqueda y fabricación de trabajo también han ayudado mucho”. Pero, insistió en la manera “de hablar de la crisis, de proponer objetivos y propósitos e ideales para superarla, que tiene mucho que ver con esa palabra que se llama amor, que se llama caridad, fraternidad, solidaridad, subsidiariedad y que debe de impregnar toda la vida social, empezando por la economía, empresa, vida sindical y por la comunidad política”.
“La caridad sin Dios no es posible porque la caridad es Dios. Pueden darse formas porque como el hombre es imagen de Dios, hijo de Dios, aunque no lo reconozca, aunque no quiera reconocerlo, pero lo es. Por eso, tiene capacidad también de reflejar ese amor a Dios aunque se revuelva en el mundo de su pensamiento y de sus ideas contra Dios. Cuando se revuelve muy radicalmente es muy difícil que le salga después caridad, que le salga donación. Pero hay muchas personas que están en situación de duda religiosa, de escepticismo, incluso de ateísmo más o menos confesado, en los cuales esa bondad de la criatura hijo de Dios, imagen de Dios, está actuando de tal manera, como dice el Papa muy bellamente en la Porta Fidei, una especie de preámbulo o de camino previo al sí pleno de la fe”.
Y concluyó animando a los jóvenes a formar una familia porque “basta con decir sólo yo quiero amar, hacer de mi vida un abrazo con la mujer que quiero porque queremos ser fuentes de vida y fuentes de amor. Y Dios ayuda, Cristo está en el camino y Cristo está a tu lado. No hay que tener miedo”.