CAMINEO.INFO.- La celebración pública y solemne de la festividad de la Sagrada Familia en el centro de Madrid, se ha consolidado ya como un gesto multitudinario de testimonio de fe, esperanza y amor de las familias cristianas frente a la oleada destructiva del laicismo propiciada desde los poderes públicos.
Así, por tercer año consecutivo y dando la cara al frío de la mañana, miles de familias procedentes de toda España y de todos los barrios madrileños, a las que se unieron otras decenas de miles llegadas de buena parte de Europa, se concentraron ayer en la Plaza de Lima, paseo de la Castellana y calle de Concha Espina, para participar en la solemne Misa presidida por el Cardenal Rouco Varela al que se unieron hasta cuarenta prelados españoles y catorce europeos entre los que sobresalían tres presidentes de Consejos Pontificios y los cardenales de Lyon, Berlin y Roma. Especialmente unido a todos ellos, el Papa Benedicto XVI que, desde el balcón de su aposento vaticano, dirigió un mensaje de aliento a todas las familias justo antes de rezar el Ángelus.
El mensaje de las familias allí concentradas –entrar en una batalla de cifras resulta ya secundario- era bien claro: “Aquí estamos, para dar testimonio de que vale la pena mantenerse unidos y afrontar todas las pruebas que nos pone la vida diaria, porque el amor va siempre más allá de las dificultades y porque, en definitiva, la familia unida es una escuela de todas las virtudes que la sociedad necesita para progresar”. Nos lo decía, casi al unísono, un matrimonio joven que iba acompañado de sus tres chavalillos que revoloteaban como podían entre la gente apretujada a su alrededor. Marido y mujer sonreían felices y acaso por ello se les olvidó añadir que la familia también es una escuela de felicidad, eso que no se enseña en ningún colegio.
El Papa, en su corto pero denso mensaje, lo decía a su manera, tan dulce, tan directa, tan firme: "La familia, donde se comparten las penas y las alegrías, es la mejor respuesta –a los ataques del relativismo- porque reúne aquellos valores que dignifican a la persona y a los pueblos”. Y añadía: “Es necesario ofrecer a la sociedad el testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer", porque es "de suma importancia para el futuro" de la humanidad”.
Esa es la clave. Y resulta curiosa, en este sentido, la reflexión que hacia a mi lado, en un corro familiar, un abuelo que sujetaba a su nieto con dulzura: “Todo esto es necesario, si, porque el verdadero progreso está en la familia. No entiendo por qué algunos gobernantes –no quiso citar a Zapatero, que estaba fuera de lugar en aquel ambiente- se empeñan en postergar a la familia, en agredirla, en hacer lo posible para que prevalezca el interés personal sobre el bien común...”. El hijo le respondía sin tapujos: “El aborto es la respuesta del laicismo al progreso; la familia es la respuesta del cristianismo. ¿Quién lleva razón?” La conversación proseguía como en una tertulia radiofónica. “Lo que no se comprende es que este Gobierno que se dice socialista no haya propuesto ninguna ley en defensa de la maternidad y que no apoye a las familias como se hace en Europa. Y dicen que con la ley del aborto nos han puesto a nivel europeo, sin mover un dedo para situarnos al mismo nivel en la protección de la familia...”
No pude escuchar más porque en estos momentos aparecía el Papa en la pantalla y de la multitud se elevó un clamor que acabó con todas las conversaciones. Pero intuí que, en el fondo y por cínico que suene, habría que agradecer al propio Zapatero su postura contra la Iglesia y los cristianos porque, sin ella, acaso no hubiera sido necesaria esta convocatoria de afirmación familiar. Pero tampoco hay que atribuirle todo el “mérito” a este Gobierno: la corriente laicista asola a toda Europa. Lo decía el cardenal Rouco Varela en su homilía: “El panorama que presenta la realidad de la familia en Europa no es precisamente halagüeño... La actualidad del matrimonio y la familia está marcada por la facilitación jurídica del divorcio, asimilable al repudio, por la eliminación del matrimonio como unión irrevocable de un varón y una mujer, por el crecimiento de las rupturas familiares y la eliminación de la vida humana al ser suplantada por un supuesto derecho al aborto...”
El panorama, ciertamente, es oscuro y desolador. Pero el propio Rouco, al que algunos acusan de “conservador” porque no oculta la verdad del Evangelio, no se encierra en la desolación sino que no ceja en su testimonio de esperanza. Ayer lo recordaba una vez más, después de su descripción de la sociedad europea. “En el trasfondo alumbran los signos luminosos de la esperanza cristiana”. Y exclamaba: “:¡Aquí estáis vosotros, las queridas familias de Europa y de España, para dar testimonio de esa esperanza y corroborarla...! Y añadía: Estáis abriendo de nuevo el surco para el verdadero porvenir de la Europa del presente y del futuro. Europa, sin vosotras, queridas familias cristianas, se quedaría prácticamente sin hijos, sin el futuro de la vida”.
Ahí quedaba definido el lema de la concentración, tomado de Juan Pablo II: “El futuro de Europa pasa por la familia”. Por supuesto, la familia cristiana, la que estaba basada en la ley natural, la unión de un hombre y una mujer abiertos a la vida con responsabilidad. No hay otra familia....