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Portada:: Razón y Fe:: D. Pablo Mª Ozcoidi:: Amar a Dios

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Amar a Dios

 
Sun, 25 Jan 2009 21:10:00

Carta a Moisés, legislador y juez.

Muy estimado liberador del pueblo elegido:

Después de tu huida de Egipto pastoreabas el ganado de tu suegro Jetró cuando sucedió algo sorprendente, una revelación divina. Lo cuenta así el libro del Éxodo:

El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía. Dijo, pues, Moisés: «Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza». Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!» El respondió: «Heme aquí». Le dijo: «No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada». Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios. Dijo Yahveh: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de susopresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos. Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios losoprimen. Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto». Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?». Respondió: «Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte». Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?». Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros.» (Ex 3,2-14).

Una «zarza ardiendo sin consumirse fue el medio que Dios utilizó para atraer tu atención y darte a conocer su presencia en aquel lugar. Una vez más el Omnipotente decide hacerse presente en la historia y lo hace porque, ofendido por las afrentas que su pueblo, el pueblo elegido, está sufriendo en Egipto, ha decidido liberarlo. En tu diálogo con el Señor te atreviste a hacer una pregunta muy audaz: ¿Cuál es tu nombre?, ¿cuál es el nombre del Dios de Abraham, Isaac y Jacob? Y Dios no dejó de responderte, te dijo que su nombre es "Yo soy".

Este nombre, "Yo soy", ha hecho reflexionar mucho a filósofos y teólogos y manifiesta que mientras las criaturas somos pasajeras, contingentes, Dios es el único ser necesario, el único ser al que se le puede aplicar con plena propiedad esta palabra. Entonces, cómo es Dios. Es misterio, hasta tal punto que el hombre no puede verle sin morir. Moisés pidió este don y Dios le dijo que no era posible. También es el libro del Éxodo quien nos narra este nuevo encuentro.

Entonces dijo Moisés: «Déjame ver, por favor, tu gloria». El le contestó: «Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh; pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia». Y añadió: «Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo.» Luego dijo Yahveh: «Mira, hay un lugar junto a mí; tú te colocarás sobre la peña. Y al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Luego apartaré mi mano, para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede ver» (Ex 33, 18-23).

Este Dios misterioso se manifiesta por sus obras entre las que se encuentra la adopción del pueblo de Israel. Este es un gran don de Dios, pero, al mismo tiempo pide correspondencia. Cuando más adelante llegue el momento de revelar sus mandatos para los hombres señalará que el primero de todos es amarle a Él. Y si lo que manda es porque es lo sabio, lo inteligente, porque Dios quiere nuestro bien. Leemos en el Deuteronomio:

Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se la repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado; las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas (Deut 6, 4-9).

Palabras concisas que dejan muy claro lo principal que debemos hacer cada día: amar a Dios. Los judíos siempre tuvieron muy claro este punto. Por eso cuando preguntan a Jesús, o Jesús pregunta, sobre el principal precepto la respuesta adecuada será recordar este precepto. Al enseñarlo subrayas dos matices; el primero de ellos enseña la obligación que tiene los padres de «educar a sus hijos» en este mandamiento de amar a Dios; en el segundo indicas que para que no se nos olvide hemos de llevarlo «atado en las manos» y escribirlo «en las jambas de las puertas».

Dios ama al hombre, le ha creado por amor, y quiere que le corresponda. Mi delicia es estar con los hijos de los hombres (Prov 8, 31). Esta correspondencia no le alegra a Dios por egoísmo, sino porque es algo muy bueno para nosotros. Los mandamientos en absoluto son órdenes arbitrarias, están fundamentados en la naturaleza del hombre. Por eso, amar a Dios es lo sabio y lo santo, y ahí también se encuentra la felicidad. A veces se dice de alguna persona: "no pisa la Iglesia, pero es muy bueno". ¡Que expresión tan poco cristiana! Es falsa. Se podrá decir que es una persona de buenos sentimientos, pero no que es una bueno, porque la bondad empieza con el amor a Dios.

Dios solicita nuestro corazón por entero, es celoso y no permite que nadie le robe su puesto. Grave error el del hombre que arranca a Dios de su corazón para sustituirlo por algo creado. En esta sustitución consiste el pecado de idolatría. Al referimos a este pecado podemos pensar en los dioses, ¡falsos dioses!, de la Antigüedad clásica (Zeus, Hera, Marte, Afrodita, Dionisos...), pero en la actualidad ya nadie venera dioses de mármol. Sin embargo no ha desaparecido este pecado, pues hay otros ídolos que pueden sustituir a Dios en el corazón como el egoísmo de vivir para nosotros mismos, de poner a otras personas, el honor, la gloria, el poder o las riquezas por encima de Dios. En la tierra según el orden establecido por Dios hay amores santos y buenos (ejemplo, los esposos), pero si abandonan su ordenación a Dios se pervierten. El primer sitio siempre ha de ser para el Señor. Lo primero en el corazón no puede ser la esposa, ni los hijos, ni los negocios.

El que en su corazón sustituye a Dios por una criatura recuerda a Esaú que vendió su primogenitura por un plato de lentejas. ¡Qué miserable! Consecuencia de aquella venta fue que el Mesías no vino de su descendencia, sino de la de su hermano Jacob. Esaú y Jacob eran mellizos, pero el que había nacido el primero, el primogénito, era Esaú. En una ocasión Jacob había preparado un guiso cuando llegó Esaú del campo, agotado.

Dijo Esaú a Jacob: "Oye, dame a probar de lo rojo, de eso rojo, porque estoy agotado".... Dijo Jacob: "Véndeme ahora mismo tu primogenitura". Dijo Esaú: "Estoy que me muero. ¿Qué me importa la primogenitura?". Dijo Jacob: "Júramelo ahora mismo". Y él se lo juró, vendiendo su primogenitura a Jacob. Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas, y éste comió y bebió, se levantó y se fue. Así desdeñó Esaú la primogenitura (Gen 25, 30-34).

Cambio blasfemo e insensato el de Esaú. Pues, en estos tiempos hay muchos hombres que se olvidan de Dios o blasfeman contra Él neciamente sin pensar las consecuencias. Así obró Esaú, pero nos dice la Escritura más adelante que lloró amargamente por lo que había hecho y no hubo consuelo para él. También los que dan la espalda a Dios llorarán cuando se den cuenta de su grave error y no habrá quien los consuele.

Hemos de amar a Dios sobre todas las cosas, pero hay que entender qué se debe entender por amor. Ciertamente los sentimientos juegan su papel, pero no es el principal. El que ama desea agradar al amado y nosotros agradamos a Dios cuando le obedecemos. Podemos experimentar en un momento concreto sentimientos muy vivos de amor hacia una persona y ver que eso no nos sucede con Dios, pero esto no importa si a la hora de elegir qué hemos de hacer, si la voluntad de Dios o la de esa persona querida, se elige la de Dios.

La escena del Huerto de los Olivos es muy elocuente. Jesús había afirmado que su alimento era hacer la voluntad del Padre y fue en aquel sitio, antes de la Pasión, cuando hizo una intensa oración en la que dio precedencia al querer de su Padre sobre el suyo. Obedeció en algo muy difícil, pues Jesús sintió tal angustia que derramó gotas de sangre que corrieron hasta el suelo. ¡Qué contraste con nosotros! Tantas veces desobedientes con Dios. Así nos cuenta la Escritura aquel episodio:

Entonces llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní, y dijo a los discípulos: "Sentaos aquí mientras voy allá a orar". Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a sentir angustia. Entonces les dijo: "Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo".

Y adelantándose un poco, se postró rostro en tierra mientras oraba diciendo: "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no sea como yo quiero, sino como quieras Tú". Volvió junto a sus discípulos y los encontró dormidos; entonces dijo a Pedro: "¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en tentación: pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil".

De nuevo se apartó por segunda vez y oró diciendo: "Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad". Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados de sueño. Y, dejándolos, se apartó una vez más, y oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras.

Finalmente va junto a sus discípulos y les dice: "Dormid ya y descansad; mirad, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar" (Mt. 26, 36-46).

El amor se puede medir, pero para ello es preciso la presencia del dolor, solo así se prueba el amor verdadero. Jesús, que ama a su Padre, siente una profunda repugnancia por la cruz y le pide que se la quite, pero añade que por encima de todo quiere cumplir su voluntad. Jesús obedece al Padre y los hombres si queremos demostrar que queremos a Dios tenemos que obedecerle. Y cuando nos cueste deberemos hacer nuestras sus palabras: Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. No es malo pedir al Señor que nos quite una cruz que resulta excesivamente pesada siempre que estemos dispuestos a aceptar su voluntad.Jesús, fiel al Padre nos enseña como conseguir esa lealtad, mediante la oración: Velad y orad para no caer en tentación: pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil. Aunque Eestaban avisados los Apóstoles se durmieron. Dejaron la oración, después le abandonaron.

Un día el Señor contó una parábola para ilustrar la importancia de la docilidad. Leemos en San Mateo:

¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, le mandó: Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Pero él le contestó: No quiero. Sin embargo se arrepintió después y fue. Dirigiéndose entonces al segundo, le dijo lo mismo. Este le respondió: Voy, señor; pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? El primero, dijeron ellos (Mt 21, 28-31).

No se trata de palabras, sino de obras, que son sacrificio, generosidad. El que ama es generoso y cuánto más lo ama más generoso. De ahí el atractivo de aquella escena del Génesis en que se habla de los trabajos de Jacob por conseguir que le dieran por esposa a Raquel. Después de trabajar siete años para Labán, padre de Raquel, éste en lugar de entregar a la amada, le entregó a su hermana mayor Lía sirviéndose de engaños. Jacob al darse cuenta protestó, pero no le valió de nada, para que le dieran a Raquel tuvo que prometer que trabajaría otros siete años. Jacob trabajó con gusto y el tiempo se le hizo corto por el amor que sentía por aquella mujer.

Demostramos en efecto que amamos por la generosidad en la obediencia, pero los sentimientos también son importantes. Esos sentimientos pueden conducirnos a Dios como sucede cuando nos explican el amor paternal de Dios hacia los hombres, pero también pueden venir como consecuencia de nuestra generosidad para con Dios. Dios, que no se deja ganar en generosidad, se vuelca con las almas de manera que se puede decir que así como cuando nos ponemos al sol nos bronceamos, así cuando estamos más cerca de Dios somos más felices, aún en medio de cruces.

Todos tenemos esta experiencia, que el alma cuando está en paz con Dios está serena, mientras que si se aparta de Dios pierde la paz. Y también tenemos la experiencia de que las obras buenas nos llenan de una profunda alegría. Y entre las personas que aman al Señor no faltan quienes han recibido de Él profundas experiencias místicas, tan profundas que ningún amor humano puede ofrecer.

En definitiva, los sabio y prudente es amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma, con todas las fuerzas ya que Él es la suma bondad.






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