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Encuentro, escucha, discernimiento

Sat, 20 Nov 2021 22:02:00
 

Al comienzo del proceso sinodal, que tiene como tema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión” (2021-2023), el Papa Francisco ha tenido tres intervenciones: con los fieles de Roma (18-IX-2021, una reflexión al inicio del camino sinodal (9-X-2021) y una homilía en la Misa de apertura del sínodo (10-X-2021). En ellas ha aportado luces para este proceso sinodal singular, que nos lleva a caminar mejor con la Iglesia según las orientaciones del actual pontificado. Vale la pena detenernos en esas orientaciones y sus motivos.

 

¿Qué significan "sínodo" y "sinodalidad"?

1. En su discurso a los fieles de Roma, Francisco explicó que la sinodalidad, es decir la participación de todos y a partir de la Iglesia local, es expresión de la naturaleza de la Iglesia, de su estilo y de su misión. Ya desde los primeros cristianos existía este sentido de “sínodo” (caminar juntos) en la vida de la Iglesia. Todos los fieles sostenían a la autoridad desde la vida y a su discernimiento sobre lo que era mejor hacer, mantener o evitar. El Espíritu Santo asistía a cada uno según su condición y ayudaba a comprender y tomar decisiones a los apóstoles.

La participación en la vida de la Iglesia lleva, en efecto, a sentirse responsables de la institución eclesial, divina y la vez humana y social, cada uno según su condición y vocación, para el bien de la misión evangelizadora. Es una manifestación más de la “cooperación orgánica” entre pastores y fieles que caracteriza la vida de la Iglesia según el sentir del Concilio Vaticano II. 

Se trata de contar con todos, como subrayan los documentos para orientar el proceso sinodal (el Documento preparatorio y el Vademecum). Señala el Papa: “Si no incluimos a los miserables –entre comillas– de la sociedad, a los descartados, nunca podremos hacernos cargo de nuestras miserias”. Francisco insiste para que todos tomemos en serio el sínodo, sin dejar a nadie fuera o atrás.


Claves, riesgos y oportunidades

2. Más adelante, en su Discurso de inauguración del proceso sinodal (9-X-2021) Francisco ha señalado claves, riesgos y oportunidades en este proceso sinodal

En primer lugar, tres claves. La comunión expresa la naturaleza de la Iglesia. La misión, su tarea de anunciar el Reino de Dios, del que es germen y semilla. Según san Pablo VI, “dos líneas maestras enunciadas por el concilio”. Clausurando el sínodo de 1985 san Juan Pablo II expresó la conveniencia de que se celebraran en la Iglesia sínodos que estuvieran preparados desde las Iglesias locales con la participación de todos (cf. Discurso en la clausura del sínodo de los obispos de 1985).

Cabe señalar que la base para todo ello es, según la Iglesia católica, la realidad del sacerdocio común de los fieles, que confiere la dignidad común (profética, sacerdotal y real) a los bautizados y los impulsa (con el servicio que les presta el sacerdocio ministerial) a las tareas que como cristianos pueden y deben afrontar. Además, el sacerdocio común tiene la potencialidad de asumir dinámicamente muy diversos carismas al servicio de la misión de la Iglesia. Y hoy vemos cómo algunos de esos carismas se relacionan con los “ministerios” (ordenados o no) o funciones que los fieles pueden asumir.

En cuanto a los riesgos, señalaba el Papa, el formalismo (que reduciría el proceso sinodal a una fachada, en lugar de un itinerario de discernimiento espiritual efectivo); el intelectualismo (es decir, la abstracción que no incidiera en los problemas reales de la Iglesia y del mundo); y el inmovilismo (cf. Evangelii gaudium, 22), que nos haría poco dóciles a la acción del Espíritu Santo, a las necesidades actuales y a la experiencia de la Iglesia.

Por tanto, el sínodo es un tiempo de gracia que nos puede permitir captar al menos tres oportunidades. La oportunidad, primero, de “encaminarnos no ocasionalmente sino estructuralmente hacia una Iglesia sinodal”, es decir “un lugar abierto donde todos se sientan en casa y puedan participar”.

Otra oportunidad es la de ser Iglesia de la escucha, a partir de la adoración y de la oración. Escuchar a todos (los más posibles) también desde las realidades locales y culturales.

Por último, el sínodo es la oportunidad de ser una Iglesia de la cercanía, de la compasión y la ternura. 


La finalidad del sínodo

3. Finalmente, en la homilía durante la apertura del sínodo de los obispos (10-X-2021), el Papa ha resumido la finalidad del proceso sinodal con tres verbos: encontrar, escuchar, discernir.

Tomando pie del evangelio del día, (cf. Mc 10, 17 ss.), Francisco evoca cómo Jesús camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad. Se encuentra con aquel hombre rico, escucha sus preguntas y lo ayuda a discernir qué tenía que hacer para heredar la vida eterna. “Jesús no tiene miedo de escucharlo con el corazón y no sólo con los oídos”. Y nos invita el Papa: “No insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas”. Nos anima a crealizar este camino de discernimiento espiritual y de discernimiento eclesial.

El sínodo no es ua convención eclesial, ni una reunión de estudios ni un congreso político; sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu. A través de él, concluye Francisco, “Jesús nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos".

Esto requiere, además de la oración, un compromiso por mejorar la formación de todos (comenzando por la propia), poco a poco, teniendo en cuenta las circunstancias actuales. La finalidad de un sínodo no es simplemente la visibilidad de la participación ni la producción de documentos. Es poner nuestro granito de arena para que se cumplan los sueños de Dios con nuestra colaboración (*). 

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(*) Una versión más completa de este texto se publicará en la revista “Omnes”, en su número de noviembre.

 









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