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  Portada:: Colaboraciones:: Ya no somos papás

     

  
  

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CAMINEO.INFO.-

Ya no somos papás

Carolina López
Tue, 03 Aug 2010 14:59:00

CAMINEO.INFO.- ¿Por qué en estos días se crea tanto problema al momento de mandar y por ende al obedecer? ¿No será que vivimos en una época en donde la autoridad paternal se encuentra devaluada?

Quizás usted se enteró que hace unos días el técnico de la Selección Mexicana, Javier Aguirre, con toda su autoridad de entrenador, dio de baja del equipo tricolor a Jonathan dos Santos.  Al enterarse el padre del futbolista que su hijo se quedaría sin jugar en el Mundial de Sudáfrica, le reclamó al entrenador muy molesto,  y entre otras cosas le dijo: "Jonathan ya sufrió mucho… (Aguirre) le dio un cuchillazo".

Lo que más preocupa de la declaración anterior, no es la falta de capacidad de Zizinho para educar a su hijo, sino algo más serio: que la sociedad es el reflejo de lo que son sus familias.  

Si hoy la sociedad no anda nada bien es, en gran medida,  porque al igual que Zizinho,  numerosos papas han dejado de ser padres para convertirse en sobreprotectores de sus hijos.

Es importante ubicar el papel de padres en este problema, pues la autoridad paternal es el fundamento para la creación de su personalidad y realización futura, pero también para que el hijo aprenda a respetar a todas las autoridades futuras (maestros, entrenadores, jefes, etc).

Valdría recordar que autoridad viene del latín, auctoritas, que procede del verbo augere que puede traducirse como el que hace, el que sostiene, el que promociona, el que eleva, o el que desarrolla.

Sin embargo, hoy al parecer se nos olvida que la función de la autoridad es fundamental para que prevalezca el orden en cualquier institución,  empezando por la familiar.

La función de la autoridad, cuando se lleva a cabo como es debido (sin imposiciones, ni caprichos, ni autoritarismos, ni paternalismos), hace maravillas en el corazón y la mente de los niños. 

Y es que el muchacho al obedecer a sus padres va probando de manera tangible que hay un orden en todas las cosas,  que la autoridad y la obediencia son principios fundamentales para alcanzar ese orden en todos los ámbitos de la vida.

Por eso, cuando un hijo obedece a su padre no solo enriquece su interior, también conquista poco a poco su verdadera libertad. La que busca no siempre lo que más le agrada sino lo que más le conviene para ser mejor persona.  

La naturaleza de la obediencia está por encima de los mandatos de los padres o de la autoridad. Se obedece porque se tiene amor y respeto a lo justo, a lo verdadero, a lo que guarda el orden personal y comunitario.

Como escribió el psiquiatra Aquilino Polaino: "Todas estas acciones son funciones naturales que competen realizar a los padres para que sus hijos se estimen justamente a sí mismos (…) Si los hijos no perciben a sus padres como las personas que son y tienen autoridad, sólo con muchas dificultades podrán encontrar los modelos en que inspirarse para llegar a ser quienes quieren ser".  

Y si a todo lo anterior le sumamos el gran daño que hace la sobreprotección,  el afán de cientos de papás en la actualidad de vigilar a sus hijos en los menores detalles,  que no los dejan batallar y mucho menos sufrir, ¿por qué sorprendernos de la rebeldía que aflora en muchos niños y jovencitos en estas épocas?

Como dijo en una entrevista,  Sofía Martínez de González, directora del Instituto Superior de Estudios para la Familia en Monterrey: "En otros tiempos el sufrimiento era parte natural del crecimiento de la persona y hacia su madurez".

Pero hoy, por desgracia,  ya no lo es.  Y ahí están las consecuencias: Cientos de jovencitos mimados, desubicados e inmaduros porque los papás hemos dejado de ser autoridad para convertirnos en sobreprotectores.

El caso es que nos urge a los padres no sólo darnos cuenta de que somos una autoridad para los hijos,  sino sobre todo que hay que ejercer y manifestar esa autoridad para que ellos alcancen su madurez y realización.

Volviendo al hijo menor de Zizinho,  ojalá que a este pobre chico no le suceda lo que le pasó al hijo de Pelé, a quien la falta de autoridad paternal lo llevó a caer en las drogas y en la delincuencia.

Por eso,  como también escribió Aquilino Polaino: "O somos una autoridad para nuestros hijos, o no somos nada". 

Me pregunto, si cada día vemos a más papás que ya no hacen el papel de papás ¿qué va a ser de la sociedad?


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