CAMINEO.INFO / GAMA.- Nuevamente la píldora del día después está levantando polémica.
En realidad, el problema de la píldora es un buen reflejo de nuestro tiempo, que aboga por una libertad individual sin límites, que es capaz de pasar sobre los demás sin consideraciones de ninguna especie.
En efecto, al menos existen fundadas sospechas de su eventual carácter abortivo, puesto que uno de sus posibles efectos es impedir la anidación del embrión en el útero, lo que ocurre alrededor de una semana después de la concepción. Dicho carácter abortivo no se debe a un defecto de esta sustancia, sino que depende solamente del momento en que sea ingerida.
Mas como esta evidencia viene a ser una limitación a este afán de libertad sin límite que impera hoy, la solución es negar la realidad y cambiar el sentido de los términos. De esta manera, o se dice que el producto de la concepción no es un ser humano, o que el embarazo –o incluso la vida– no comienza con la concepción, sino con la anidación.
Así, en el primer evento se introduce una condición que diferencia entre personas y no personas, en este caso, su desarrollo intrauterino, con lo cual se rompe la esencial igualdad del género humano. En el segundo, se va contra el más elemental sentido común, pues es en la concepción donde se completa la información genética de ese nuevo ser humano y además, ella es indispensable para que se produzca la anidación.
Así, se manipulan los argumentos para obtener el fin deseado a como dé lugar. Sin embargo, aunque resulte impopular, esta actitud (igual como ocurre con el aborto) atenta directamente contra el derecho a la vida, el primero de los derechos humanos.
Claro, para salvar este molesto escollo se niega la realidad, según se ha visto. Pero, ¿son realmente derechos humanos aquellos que pueden ser negados a sus titulares en caso de que estorben las ansias de libertad y poder de algunos que pretenden pasar sobre ellos? ¿Puede depender su acatamiento sólo de quien está obligado a respetarlos?
¿Qué es una situación molesta? Precisamente los derechos humanos surgieron para estos casos: cuando el poderoso quiere y puede de facto destruir al débil. Es aquí donde se prueba realmente quién cree verdaderamente en estos derechos, que deben ser respetados siempre, aunque nos moleste o no nos convenga. En caso contrario, no son verdaderamente derechos