CAMINEO.INFO.- Al comenzar 2008, como es tradición al inicio de cada año, el Papa pronunció su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede y recibió las felicitaciones de los embajadores. El encuentro, que tiene lugar en el Aula Regia del Palacio apostólico del Vaticano, muestra los sentimientos del Pontífice hacia la política internacional, que por ser manifestados a los embajadores, queda asegurado que sean conocidos por todos los jefes de Estado del mundo.
En esta ocasión el Papa tuvo palabras hacia un tema discutido en México hacia finales del año pasado, cuando se refirió a la libertad religiosa, diciendo que “esta exigencia ineludible de la dignidad de cada hombre y piedra angular del edificio de los derechos humanos, está frecuentemente amenazada. Existen lugares donde no se puede ejercer plenamente. La Santa Sede la defiende y pide su respeto para todos”.
En un tema, también relacionado con situaciones que se vivieron en México, bajo ciertas formas de desprecio hacia la familia como institución, el Papa manifestó firmemente su sentir cuando sentenció: “Deploro, una vez más, los ataques preocupantes contra la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Los responsables de la política, independientemente de su orientación, deben defender esta institución fundamental, célula básica de la sociedad”.
El Papa además se refirió a los desastres naturales, cada vez más recurrentes como consecuencia del descuido de la creación, sufridos en México y en otros países, cuando mencionó que “Mi pensamiento y mi oración se dirigen sobre todo a las poblaciones sacudidas por espantosas catástrofes naturales. Me refiero a los huracanes e inundaciones que han devastado ciertas regiones de México y de América Central, así como algunos países de África y de Asia, en particular Bangladesh, y una parte de Oceanía”.
Hablando del continente americano, manifestó su deseo de que crezca “la cooperación entre los pueblos de América Latina y, que cesen las tensiones internas en cada uno de los países que la componen”, y se refirió a Cuba “que se apresta –dijo- a celebrar el décimo aniversario de la visita de mi venerado predecesor. El Papa Juan Pablo II fue recibido con afecto por las autoridades y por la población, animando a todos los cubanos a colaborar para conseguir un futuro mejor. Permítaseme retomar este mensaje de esperanza, que no ha perdido nada de su actualidad”.
Benedicto XVI mencionó varios conflictos que existen en el mundo y señaló que “la comunidad internacional mantiene viva su preocupación por Medio Oriente” e hizo un llamamiento “a los israelíes y a palestinos para que concentren sus esfuerzos en poner en práctica los compromisos asumidos en esta ocasión y no frenen el proceso felizmente iniciado”. Refiriéndose a Irak, dijo que “la reconciliación es una urgencia. Actualmente continúan los atentados terroristas, las amenazas y la violencia, en particular contra la comunidad cristiana”. Respecto a Asia, el Papa mencionó a Pakistán, “que en los últimos meses ha sido duramente golpeado por la violencia. En Afganistán se añaden otros graves problemas sociales como la producción de droga”. Hacia África expresó su “profundo pesar al comprobar cómo la esperanza parece casi derrotada por la amenaza de hambre y de muerte que perdura en Darfur”. Hablando de Somalia, subrayó que “sigue estando afligida por la violencia y la pobreza” y llamó la atención de “las partes en conflicto para que cesen las operaciones militares, se facilite la ayuda humanitaria y los civiles sean respetados”. “Kenia -mencionó- ha experimentado estos días una brusca explosión de violencia”. Se refirió finalmente a Europa cuando dijo que “será para todos un buen lugar para vivir si se construye sobre un sólido fundamento cultural y moral de valores comunes tomados de nuestra historia y de nuestras tradiciones y si no reniega de sus raíces cristianas”.
Finalmente, Benedicto XVI aseguró que “al hacer este rápido repaso general queda claro que la seguridad y la estabilidad en el mundo siguen siendo frágiles. El derecho sólo podrá ser una fuerza eficaz de paz si sus fundamentos permanecen sólidamente anclados en el derecho natural, dado por el Creador. Por este motivo, nunca se puede excluir a Dios del horizonte del hombre y de la historia. El nombre de Dios es un nombre de justicia; representa una llamada urgente a la paz”.
El Papa terminó fincado su esperanza en un diálogo internacional que esté inspirado por la reconciliación y la fraternidad y en un compromiso global por la seguridad, afianzado por la no proliferación nuclear.
Del pedido del Papa, lo que México puede aportar es Libertad Religiosa y la defensa de la Familia. De ello podremos dar razón durante el año.