CAMINEO.INFO.- Luego de la última cena y antes su gran agonía emocional ante la perspectiva de que para muchos, su Pasión, Muerte y Resurrección no significarían nada, Jesús pidió a Dios Padre por quienes Él le había dado, y así le dijo: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo”.
Las palabras de Jesús, que San Juan cita en su relato del Evangelio, le vienen bien a todo aquel que ha decidido seguirle y dar respuesta a su tarea de ir “por todo el mundo y anunciar la Buena Nueva”, pero de manera precisa deben de provocar resonancia en los nuncios apostólicos enviados a todas las naciones, pues ya de suyo “Nuntius” en latín significa “mensajero” y su tarea fundamental es la de velar, en nombre del Papa, por la situación de la Iglesia en el país al que han sido enviados, además de cumplir con el ministerio de representar a la Santa Sede, como nación que es, ante un gobierno extranjero, con rango de embajadores.
“Desde mi juventud Jesús se ha manifestado a mí de muchas maneras (expresaba Christophe Pierre, el Nuncio apostólico de Benedicto XVI para México, en la homilía que pronunciara durante la celebración eucarística en la Basílica de Guadalupe, con motivo de su recepción por parte de los obispos de México hacia mediados de 2007), dándome poco a poco a entender el sentido de la palabra: -si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, serías tú quien le pidiera de beber y él te daría de esa agua viva-. Esta es la razón por la cual he escogido como mi lema episcopal: -Si conocieras el don de Dios-.” Luego dijo que “he sido enviado a misión en medio de ustedes para beber de esta agua viva que brota en la Iglesia de México y en cada cristiano desde el día de su bautismo”.
Al conocer esta homilía recordé que el entonces rector de la Pontificia Academia Eclesiástica del Vaticano, donde se forma a los diplomáticos de la Santa Sede, me dijo que “a México les llegará por Nuncio un hombre justo, sabio y bueno; séanle amigos los amigos”.
El Papa Benedicto XVI lo nombró Nuncio apostólico en México el 22 de marzo de 2007, llegó la noche del sábado 2 de junio y presentó sus cartas credenciales al Presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa el 18 de julio.
Christophe Pierre nació el 30 de enero de 1946 en Rennes, Francia. Fue ordenado sacerdote el 5 de abril de 1970 y consagrado arzobispo el 24 de septiembre de 1995. Realizó sus estudios básicos en Madagascar, Francia y Marruecos. Su formación religiosa la hizo en el Seminario Mayor arquidiocesano de Rennes, en la Universidad Pontificia Laterana y en la Pontificia Academia Eclesiástica de Roma; tiene maestría en teología en el Instituto Católico de París y doctorado en derecho canónico en Roma. Se ha desempeñado en las nunciaturas de Nueva Zelanda e Islas del Pacífico Sur, Mozambique, Zimbabwe, Cuba, Brasil, Suiza y Haití. Llegó a México luego de servir como Nuncio apostólico en Uganda, África, por más de ocho años.
Con un notable trato amable, y sonriente, platica la experiencia de su encuentro con Benedicto XVI antes de su llegada a México, cuando narra que “El Papa me dijo que recuerda muy bien a México, su visita a Guadalajara en la década de los 90 y su gran fe. Señaló que este país tiene la fe cristiana en sus raíces, que le preocupa la posibilidad de un cambio en este aspecto porque, afirmó, México sin su fe no existiría” y menciona que “el Papa tiene un gran amor por los mexicanos”.
Christophe Pierre acaba de cumplir 62 años y es uno de esos hombres que refleja en su mirada y en su trato lo que es ser un “mensajero” de Dios en el mundo. Sabe que en México se tiene que alcanzar un punto de madurez en el que todas las personas puedan expresar su opinión y que la Iglesia pueda discutir con la sociedad y el Estado temas de derechos humanos y de libertad religiosa. Este es uno de los objetivos, entre muchos, que por ahora ocupa la atención del Nuncio en México, quien trabaja, como ha dicho, “para que la Iglesia ayude a todos los cristianos a vivir su fe en el difícil contexto de la cultura actual”.