CAMINEO.INFO.- Desde que la Iglesia es Iglesia, los ataques en su contra han sido salvajes, desproporcionados, de mala leche y sin intención de establecer un diálogo con el misterio que la constituye. Nada nuevo hay en lo que vemos ahora, desde el “fuego amigo” de periodistas que se dicen católicos, hasta las calenturas trasnochadas de quienes en todo ven un “intento” de la Iglesia por “volver a tener el poder”.
En el siglo cuarto de nuestra era, a San Agustín, enemigos y “amigos” le decían que la Iglesia tenía sus días contados, y el genial obispo de Hipona les respondía diciendo que él veía morir a los que auguraban la muerte de la Iglesia y la Iglesia “permanecía siempre de pie, anunciando el poder de Dios a sucesivas generaciones”. Voltaire dijo aquella frase lapidaria: “De aquí a veinte años ya habrá fenecido la Iglesia católica” en Francia. A los veinte años el que feneció fue Voltaire. “La Iglesia católica –según dijo Montalambert en 1845, al finalizar una sesión del Parlamento--—tiene la victoria y la venganza aseguradas contra aquellos que la calumnian, la encadenan y la traicionan: su venganza es pedir por ellos y su victoria, sobrevivirlos”.
La Iglesia está por encima de todos los iluminados, los catastrofistas, los mal intencionados, los ingenuos y los imbéciles que le exigen (así, con nivel de exigencia) que cambie; que le advierten que si no hace esto o lo otro va a desaparecer, que si no deja el dogma se va a consumir, que si no vende sus “tesoros”, los pobres se van a cambiar a una secta, que si no pone fin al celibato sacerdotal va a cosechar puros curas pederastas…
No entiendo cómo los católicos nos dejamos asustar tan fácilmente. O, peor, nos dejamos arrastrar por la opinión de mercachifles disfrazados de vendedores de noticias. Hace falta ser miope, no mirar a la historia y no tener fe en Dios como para que nos hagan ¡buh! Y nos pongamos a temblar.
Necesitamos decisión y firmeza de proclamar a Jesús, para que sea el Enemigo el que tiemble. Y dar la cara a quienes insultan a la Santa Madre Iglesia, también.