CAMINEO.INFO.- El 24 de mayo de 1993, a las 5 de la tarde, en el estacionamiento del aeropuerto de Guadalajara, fue acribillado a mansalva el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Los peritajes advirtieron que el sicario (el “güero jaibo”?) había pulsado su metralleta a 25 centímetros del cuerpo del cardenal. ¿Quién, a esa distancia, podría haber creído que estaba acribillando al “chapo” Guzmán? También murieron otras seis personas en la balacera. Han pasado quince años exactos desde el magnicidio... y no se ha aclarado nada.
Nos entretuvimos una década en la tesis del “fuego cruzado”, cuando declaraciones de testigos, bitácoras de vuelo y artimañas del poder dejaban al descubierto una trama claramente urdida para eliminar al cardenal Posadas Ocampo, quizá por que conocía muy bien las alianzas entre el narcotráfico y la gente del poder.
Lo que para cualquiera era una pista fiable, en México se convirtió en un laberinto de fiscalías, comisiones especiales, muertes subrepticias, desapariciones raras y peleas de abogados. El episcopado mexicano nunca ha quedado satisfecho. Mucho menos el cardenal Sandoval Íñigüez, sucesor en Guadalajara del señor Posadas Ocampo. A fuerza de amenazas de muerte, presumibles intentos de envenenarlo y rabietas de ex procuradores, el cardenal Sandoval ha optado por seguir una estrategia de silencio. A eso lo orillaron y a eso orilla la dejadez y el desaseo que sufre la justicia en este país.
Es mentira que los obispos sean los únicos agraviados por el crimen del cardenal. Lo somos todos los católicos y los buenos mexicanos, los que nos entristecemos cuando la Patria entra en callejones sin salida donde los poderes del dinero y del mal son los únicos poderes que tienen voz. Cuando se dice que México es el país de la impunidad nos sonrojamos, porque sabemos que es cierto, que aquí hay 15, 20 o 30 “ejecutados” cada día y la mayor parte de los partidos sigue echando discursos y peleando por los dineros de PEMEX. La guerra contra el crimen –organizado o desorganizado, lo mismo da—o es de todos o la vamos a seguir perdiendo.