CAMINEO.INFO.- Hace poco celebrábamos el nacimiento de Jesús. Todavía conserva nuestra memoria el sonido de los villancicos, las imágenes del belén y el recuerdo del encuentro familiar y de las celebraciones en la Parroquia. Pero estamos ya en Cuaresma. El pasado miércoles, con la imposición de la ceniza, hemos iniciado la Cuaresma, que no tiene un fin en sí misma, ya que es preparación para la Pascua.
Los primeros cristianos vivían fascinados por el misterio de la muerte y la resurrección de Cristo. Les fue muy difícil entender que un ajusticiado en el madero de la cruz pudiera ser el Mesías, el Salvador esperado. No entraba en sus cabezas. Morir crucificado era la muerte más cruel, reservada para las personas más malvadas. No es de extrañar que, en más de una ocasión, al oír hablar del crucificado, la gente diese media vuelta y en tono despectivo los dejasen con la palabra en los labios.
¡Qué convencimiento, qué experiencia tan fuerte debían tener los apóstoles para seguir hablando de Cristo, muerto y resucitado! Esta experiencia se fundamentaba en la resurrección de Jesús. Jesús de Nazaret, el crucificado, vive; ha resucitado y es el Señor.
El Domingo de Resurrección enseguida ocupó el primer lugar en el calendario de la comunidad cristiana, y lo ha de seguir ocupando. Por eso nosotros, siguiendo los pasos de nuestros predecesores en la fe, dedicamos cuarenta días a prepararnos para la Pascua y celebrar con fruto la muerte y resurrección de Jesucristo.
En la noche de la Vigilia Pascual se celebraba el Bautismo, en un clima de fiesta y de fuerte vivencia de la fe. Un momento ansiosamente esperado por los catecúmenos y por toda la comunidad. Por el Bautismo quedamos vinculados a la muerte y resurrección de Cristo. Es por ello motivo de alegría desbordante para toda la comunidad que celebra su íntima unión con Jesucristo, el Señor. Pongamos todo nuestro empeño para mantener vivo este sentido de gozo espiritual del Bautismo.
Para vivir el Bautismo y la Pascua del Señor con intensidad, tanto los catecúmenos como la comunidad cristiana se preparaban con la instrucción catequética, la oración y la práctica de las virtudes. La Cuaresma, que hemos comenzado, nos lleva a vivir en este mismo clima. En ella vamos a intensificar nuestra formación cristiana con unos encuentros semanales en la Parroquia para reflexionar y orar con los materiales que la Diócesis prepara cada año para la Cuaresma. Los de este año, bajo el título «Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien», nos ayudarán a descubrirnos como criaturas de Dios e iconos de su presencia en el mundo. Por fin celebraremos un Sacramento tan consolador como es el del perdón.
Os invito a intensificar en este tiempo la relación con Dios por medio de la oración y de la formación, y a preparar la conversión que se manifestará en el Sacramento de la Penitencia. De esta forma la Pascua revestirá para todos nosotros una alegría parecida a la que experimentaron los primeros cristianos.
Que el sonido de los tambores y cornetas de las Cofradías, que estos días ensayan sus repiques, nos recuerde que nos estamos preparando para un gran acontecimiento: la Pascua del Señor.
Con mi afecto y bendición.
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón