CAMINEO.INFO.- En estos días vamos a participar (por dentro y por fuera) de nuestras procesiones semanasanteras Podemos decir que existen varias procesiones que en estos días confluyen. A mí me han salido al menos tres.
En primer lugar tenemos las procesiones que recorrerán nuestras calles. Las diversas Cofradías y Hermandades volcarán su mejor arte, su más sincera piedad, la ofrenda de mucho tiempo e ilusión en los meses atrás, para aportar de este modo lo que llena de belleza popular esta religiosidad tan nuestra.
Es hermoso este quehacer de nuestras Cofradías y Hermandades. En primer lugar porque sus miembros ahondan religiosamente en algún aspecto de la Pasión, poniendo en escena y acompañando algún trance del Señor o de su Madre bendita. Sin duda que esta dimensión religiosa sirve para crecer en la vida cristiana debidamente celebrada, formada y compartida. En segundo lugar, esta hondura religiosa tan cargada de devoción igualmente profunda, tiene también una dimensión cultural que ellos cabalmente cultivan: la vistosidad del mejor arte religioso se hace paso escultórico, vestimenta ceñida, música ronca y letra bendita. Y en tercer lugar, esta religiosidad que saber expresarse también en la cultura, tiene una proyección social hacia nuestros hermanos, saliendo al encuentro de cualquier necesidad, pobreza, carencia o herida,.pues por todos ellos y por todo ello dio la vida el Redentor.
Hay también una procesión personal que es la que va por dentro, que suele ser ese mundo más nuestro e íntimo en donde se juega la libertad de cada uno de nosotros al abrigo de cuanto amamos, creemos y esperamos. La procesión interior tiene todos los registros de esa vida personal e íntima: desde los más fíeles y maduros, hasta los más ambiguos y torcidos. Por dentro procesiona la verdad luminosa y la opaca mentira, la fidelidad gustosa y la traición pervertida, el desencanto escéptico y la esperanza rendida. Es el vaivén de nuestra procesión interior en donde se decide la vida.
Pero hay todavía otra procesión, que es la que en estos días se nos vuelve a hacer plástica y prepositiva: que ha habido Alguien que sabiendo de amores, de esperanzas y de fe, decidió dársenos del todo hasta el final. Y por amor a nuestra felicidad y a nuestra libertad, nos entregó su vida. Así nos salvó, de este modo nos quiso redimir poniendo en nuestras negruras más apagadas su luz pascual amanecida, y revistió nuestros sayales con el mejor traje de la fiesta mejor, cambiando, para quien se deje y consienta, nuestros lutos lastimeros en danza agradecida (Salmo 29).
Hay procesiones de fuera, que las vestimos de largo en estos días benditos, y procesiones de adentro, que nos acompañan por doquier cada momento del año. Unas y otras nos permiten allegamos a la procesión del Señor para que Él se nos acerque, para llevarle nuestro mejor homenaje y abrirle nuestra realidad, para dejar que nos traiga Él su mensaje y nos bendiga con su gracia y con su paz.
Es tiempo de encuentro de estas tres procesiones: la que va por dentro y la que va por fuera, entre las cuales será un regalo siempre necesario y siempre inmerecido, el poder gozar de la procesión de Dios que en mis senderos transita.
Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca