CAMINEO.INFO.- HABIENDO PRESENTADO DURANTE VARIAS SEMANAS LA doctrina eucarística de los Santos Padres que escribieron en griego, desde ahora los invito a considerar lo que nos enseñan algunos de los Padres Latinos sobre este tema que nos ocupa en preparación al IV Congreso Eucarístico Nacional.
Comenzamos hoy con Tertuliano. Nacido en Cartago, de padres paganos, en el año 155. Su padre era militar del Ejército romano, tuvo una educación amplia y esmerada. Por razón de sus estudios, se trasladó a Roma y ahí se convirtió al cristianismo impresionado por el heroísmo de los Mártires. Regresó a su patria africana por el año 195. De temperamento fogoso y polémico, sirvió a la Iglesia con entusiasmo, pero desgraciadamente se fue desviando, se adhirió a la secta de los Montanistas y después fundó su propio grupo de Tertulianistas. Murió en 220.
En sus numerosos escritos, en particular en aquellos anteriores a su ruptura con la Iglesia, encontramos importantes puntos doctrinales sobre la Sagrada Eucaristía.
Afirma con vigor la realidad del Cuerpo y Sangre del Señor contenidos en este Sacramento, arguyendo así contra la herejía del gnóstico Marción que hablaba de la humanidad del Señor como si se tratara de un fantasma. “Una vez que confesó el Señor desear con ansia comer la Pascua, tomó el pan, lo distribuyó a sus discípulos y lo hizo su Cuerpo, diciendo ‘esto es mi Cuerpo’... Si no fuera carnal el cuerpo, no tendría sangre; de esta manera, se prueba que es cuerpo por el testimonio de la carne, y se prueba que es carne por el testimonio de la sangre”.
Contra quienes despreciaban el cuerpo humano y no lo consideraban digno de resucitar, defiende la dignidad de la carne haciendo ver que, en los Sacramentos, la persona queda santificada interiormente por la acción que se realiza en su cuerpo. “Cuando el alma se une con Dios, la carne hace que el alma pueda estar unida. Se lava la carne (en el Bautismo) para que el alma se purifique: se unge la carne, y el alma queda consagrada; se imponen las manos a la carne, y el alma es iluminada por el Espíritu; la carne se alimenta con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para que también el alma se sacie de Dios”.
Y concluye aquí con una frase lapidaria: Caro salutis est cardo, que significa: “la carne es el eje de la salvación”. Es decir, que sólo en la resurrección de la carne se realiza cumplidamente la obra de la Redención.
Explica el valor sacrificial de la Eucaristía recurriendo al texto del profeta Jeremías: “Contra mí tramaron en su corazón diciendo: ‘Vengan, echemos un madero en su pan’, es decir, la cruz en su cuerpo”. E igualmente aplica a Jesús la imagen que propone Isaías: “Él mismo era la oveja que debía ser llevada como víctima y como oveja que no abría la boca ante quien la trasquila”.
+ Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia