CAMINEO.INFO.- Cuantas veces, desgraciadamente, oímos en los telediarios que, tras una violenta discusión, se ha agredido de muerte a un miembro de la pareja, del matrimonio, de la familia. Y lo terrible es que esa última discusión ha sido, en la mayoría de los casos, la última de una serie prolongada de discusiones. ¿Es que no hay forma de parar esas discusiones que van “in crescendo”? Hace tiempo apareció en la revista Carta, que publican los Equipos de Nuestra Señora, unos consejos para evitar que las discusiones vayan a más e incluso puedan ser un medio de profundizar la vida matrimonial.
Los equipos de Nuestra Señora conforman un movimiento laical, compuesto por matrimonios, cuya finalidad es vivir la vida de pareja y de familia bajo la mirada de la familia de Nazaret, tratando de profundizar en los valores cristianos de la familia y de la espiritualidad evangélica. Fueron fundados por el P. Heri Caffarel, sacerdote francés, y están extendidos por todo el mundo. En nuestra Diócesis estuvieron presentes durante un buen puñado de años, aunque, desgraciadamente, no hay presencia de ellos en este momento. Sí que hay otros movimientos como Encuentro Matrimonial, Movimiento Familiar Cristiano y Escuela de Padres. En estos momentos de la historia, en los que la familia está siendo denostada y poco valorada, necesitamos que haya familias que se agrupen con el fin de apoyarse, poder defenderse con valentía ante las agresiones de dentro y de fuera, y poder defender los valores que la fundamentan. La familia es puntal de la sociedad, es generadora de madurez y equilibrio humano, es transmisora de vida y de paz.
Estos eran los consejos que un matrimonio daba, a través de la revista Carta de los equipos de Nuestra Señora, para evitar que la violencia y la discordia se instalen en vuestro hogar:
- Atrevámonos a provocar la discusión: “Tú crees que yo gasto demasiado. Vale. Vamos a hablarlo”. Un diálogo como ése puede surgir en una familia sobre diversos temas. Habladlo de frente. No dejéis que pase el tiempo y se vaya acumulando el resentimiento y los juicios negativos sobre el otro. Sentaos a hablar y aclarar las cosas. Es conveniente que de forma regular os sentéis a charlar, dejando que afloren y emerjan, en vuestro diálogo, vuestros sentimientos y no sólo vuestras ideas.
- Seamos educados. ¡Nada de golpes bajos! Tú conoces los puntos débiles de tu cónyuge; pues no te aproveches de ellos. Pero tampoco seas demasiado susceptible.
- No nos desviemos del tema. Si estáis discutiendo del presupuesto, por ejemplo, no es el momento de desviar la atención hablando de los hijos o de los suegros… centraos con sencillez y valentía en el tema de discusión o de diálogo. No echéis balones fuera.
- No demos clases de historia. En las discusiones, se suele ir al pasado para recordarlo con amargura y, desgraciadamente, como arma arrojadiza. Todo lo que se remonta a más de 48 horas es ya demasiado antiguo… Se ha pasado la fecha de caducidad. No es bueno traer a la discusión viejos recuerdos porque, generalmente, sirven de poco.
- No nos demos nombres de animales. A veces, le ponemos al otro un nombre de animal: víbora, vaca, toro… Parece que expresa mejor lo que queremos decir. Pero eso lo complica. El otro tiene un nombre y merece ser respetado en su dignidad. Seamos siempre educados si queremos que los demás sean educados con nosotros. Y, sobre todo, no hagamos que el vecino desempeñe el papel de árbitro en nuestras discusiones.
- Terminemos nuestra disputa. No nos refugiemos en el silencio o en las lágrimas. Sepamos seguir en el ring hasta el final y aprendamos a cerrar el debate. Una vez terminado, ya no se hable más del tema.
- Y ¡cojámonos de la mano durante toda la discusión! Sí, démonos la mano y no la soltemos. ¿Por qué? No para evitar recibirla en plena cara, sino para acordarnos de que lo más importante es el respeto a la persona, y no la discusión. ¡Verdaderamente, esto es algo esencial para construir una buena relación de pareja!
Queridos lectores de esta Hoja Pueblo de Dios, éstos son los consejos de un matrimonio que tiene larga experiencia, adquirida en su relación de pareja y en sus diálogos con otros matrimonios que conforman los equipos matrimoniales. Ojalá os sirvan a vosotros y ayuden a otros a salir de situaciones de malestar, de penosos e insatisfactorios conflictos.
Familia, sé lo que estas llamada a ser: ámbito de convivencia y de paz.
Con mi afecto y bendición.
+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño