CAMINEO.INFO.- La expresión viene del pueblo. El sentido de la fe de los creyentes ha calificado la figura de San Pablo como una gran figura. “Gran como un sant Pau”. Es el instinto sobrenatural que no falla y que nos ha introducido, en cierto modo, en la celebración del Congreso Internacional “Pablo y Fructuoso y el cristianismo primitivo en Tarragona,” celebrado la semana pasada en nuestra ciudad.
Por esto la celebración del Año Jubilar de San Pablo con motivo del Bimilenario del nacimiento del Apóstol va más allá de una celebración de aniversario: nuestra Iglesia tarraconense -Tarraco, Pauli Ecclesia- quiere crear una empatía vibrante con la espiritualidad paulina. El impacto sobrenatural de la conversión de Pablo de Tarso, camino de Damasco, y su indeficiente fidelidad a Jesucristo, nos invitan a vivir con más plenitud el tercer misterio de Luz: la predicación del Evangelio y la conversión.
Celebrar el Bimilenario del nacimiento de san Pablo es volver a iluminar nuestra actualidad “con el resplandor de la gloria del rostro de Cristo” (2Co 4,6). Es volver a actualizar, para nuestro tiempo y en nuestra cultura, la afirmación del hombre vencido por la luz del Evangelio: “Ha pasado aquello que era viejo. Todo se ha vuelto nuevo. Y todo esto es obra de Dios que nos ha reconciliado con Él por Cristo” (2Co 5,17-18). “La idea fundamental que le fue revelada en Damasco, escribe su biógrafo Joseph Holzner, es la de una intervención potente de Dios en la historia, en la persona de Jesús venido para salvar a los hombres... La resurrección de Cristo es la prueba de su divinidad.”
Esta celebración paulina debe servir por volver a hacer presente en nuestra Iglesia el deseo de revivir, cada cual desde su vocación eclesial, con plenitud, la formidable aventura de este hombre apasionado por la verdad y por el Amor, en la persona de Jesús. Para san Pablo, hacer extensiva la acción de Cristo en el mundo, inculturarlo con el espíritu de las Bienaventuranzas es, en primer lugar, un afán de fidelidad a su pensamiento. La doctrina de Jesús le apasiona porque salva. San Pablo “fuori le mura”, como dicen los italianos refiriéndose a la Basílica romana que este año será el centro del Bimilenario -san Pablo fuera de las murallas romanas- es el símbolo de la universalidad de su misión. La preocupación por el diálogo interreligioso, por el ecumenismo, por el apostolado sin fronteras, como una misión que recae, según las circunstancias de cada persona, en la vocación de cada bautizado y de cada confirmado, esta debe ser la línea de fuerza y de gracia de nuestra celebración.
Joseph Holzner se complace en llenar de gestiones verosímiles la estancia de Pablo en Jerusalén, durante quince días, para ver a “Kefas”, para hablar con Pedro, la cabeza de la Iglesia. El Año Paulino nos ligará a Pedro con un renovado afecto y una adhesión de cabeza y de corazón necesaria para la nueva Evangelización.
Jaume Pujol Balcell,
Arzobispo Metropolitano y Primado de Tarragona