CAMINEO.INFO.- Doy gracias al Señor por la XXIII Jornada Mundial de la Juventud en Sydney y porque ha vuelto a ser un maravilloso encuentro de los jóvenes con el Papa. Nadie queda indiferente ante estos acontecimientos, especialmente los que pueden disfrutar con su presencia en las Jornadas mundiales. Son días de sacrificio de mucho andar, de dormir al raso y de tener las incomodidades propias de una concentrada multitud de jóvenes venidos de todo el mundo. Pero les puedo asegurar que se vive una fuerte experiencia de fe, que es una riqueza muy grade de la Gracia del Señor derramada sobre todos y que el Espíritu Santo toca muchos corazones.
Ya me hubiera gustado que los jóvenes turolenses hubieran tenido la oportunidad de ir a Sydney, de participar en ese acontecimiento universal para que hubieran venido con ilusiones renovadas y con ganas de decirle a todo el mundo la grandeza de ser cristiano y haber saboreado la pertenecia a un cuerpo universal. Pero comprendo que ha sido difícil en esta ocasión, a pesar de los intentos por moverles. Aunque no hay que decaer, estamos citados para las próximas Jornadas, que son más cerca.
Sabéis que el lema para Sydney ha sido: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hch 1, 8). Quién mejor que el mismo Santo Padre el que os explique el sentido. El texto está sacado del mensaje de preparación para las Jornadas Mundiales: “Queridos jóvenes, el Espíritu Santo sigue actuando con poder en la Iglesia también hoy y sus frutos son abundantes en la medida en que estamos dispuestos a abrirnos a su fuerza renovadora. Para esto es importante que cada uno de nosotros lo conozca, entre en relación con Él y se deje guiar por Él. Pero aquí surge naturalmente una pregunta: ¿Quién es para mí el Espíritu Santo? Para muchos cristianos sigue siendo el «gran desconocido». Por eso, como preparación a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, he querido invitaros a profundizar en el conocimiento personal del Espíritu Santo. En nuestra profesión de de fe proclamamos: «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo» (Credo Niceno-Constantinopolitano). Sí, el Espíritu Santo, Espíritu de amor del Padre y del Hijo, es Fuente de vida que nos santifica, «porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5, 5). Pero no basta conocerlo; es necesario acogerlo como guía de nuestras almas, como el «Maestro interior» que nos introduce en el Misterio trinitario, porque sólo Él puede abrirnos a la fe y permitirnos vivirla cada día en plenitud. Él nos impulsa hacia los demás, enciende en nosotros el fuego del amor, nos hace misioneros de la caridad de Dios.
Sé bien que vosotros, jóvenes, lleváis en el corazón una gran estima y amor hacia Jesús, cómo deseáis encontrarlo y hablar con Él. Pues bien, recordad que precisamente la presencia del Espíritu en nosotros atestigua, constituye y construye nuestra persona sobre la Persona misma de Jesús crucificado y resucitado. Por tanto, tengamos familiaridad con el Espíritu Santo, para tenerla con Jesús”.
Os ruego a todos los que os estáis preparando para la Confirmación, como los que ya os habéis confirmado, que pongáis máximo interés en dejaros llevar por la acción del Espíritu, dispuestos a dar testimonio del amor y la alegría que el Espíritu Santo infunde en los corazones de los creyentes y que trabajéis por la unidad de la Iglesia. Si es el Señor el que te ha llamado para ser sembrador de su gracia no tengas miedo, vamos, ponte en marcha y verás que nunca te faltara su auxilio.
Rezad conmigo por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que en nuestra Diócesis es urgente, aunque nos está bendiciendo ya el Señor con 11 seminaristas mayores.