CAMINEO.INFO.- Queridos jóvenes, queridos diocesanos:
La celebración en estos días, del 15 al 20 de julio, de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud en Sydney, Australia, en la que participa, junto a miles de jóvenes de todo el mundo el Santo Padre Benedicto XVI, me dirijo muy especialmente a los jóvenes de nuestra diócesis, pero también a todos los diocesanos
Entre los aproximadamente 5.000 jóvenes españoles que acompañan al Papa en la celebración de esta Jornada Mundial de la Juventud, habrá algunos de nuestra diócesis, pero no hemos conseguido, dadas las serias dificultades, organizar un grupo propio. Sin embargo, sé que buena parte de nuestros jóvenes de Sigüenza-Guadalajara estaréis presentes en espíritu, acompañando con la oración, con vuestro interés y con vuestra simpatía esta magna celebración mundial juvenil y eclesial.
Con la facilidad que nos ofrecen los maravillosos medios de comunicación social modernos y, a pesar de la diferencia de horarios, es posible, como nos pide el Papa, «sentirse partícipe de esta nueva etapa de la gran peregrinación de los jóvenes a través del mundo». Nos ayudará seguir en directo muchos de los actos que se celebran en esta Jornada, con la intervención del Santo Padre y presididos por la «Cruz de los jóvenes» presente en las anteriores Jornadas de la Juventud, «testigo silencioso –en palabras del Papa– del pacto de alianza entre el Señor Jesucristo y las nuevas generaciones».
A todos los diocesanos, muy especialmente a los jóvenes, os pido que oremos por el fruto espiritual de esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud. Que participemos desde la distancia geográfica, pero desde la cercanía por la comunión, en esta manifestación de fe, en la oración personal y en comunidad, en el seguimiento de su desarrollo y en la atenta escucha de la palabra del Santo Padre y de su mensaje a los jóvenes de todo el mundo.
Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos (Hch 1,8), es el lema escogido por el Papa para esta Jornada de la Juventud. Es una promesa hecha por el Señor a sus discípulos poco antes de su Ascensión al Cielo y de Pentecostés. Es válida también para los que no hemos ido a Sydney, jóvenes, niños y adultos. También a nosotros se nos envía el Espíritu Santo en múltiples ocasiones, sobre todo en la recepción de los Sacramentos y muy especialmente en la Confirmación, Sacramento muy propio de los jóvenes en la actual pastoral de la Iglesia.
Pero el envío del Espíritu se cumple plenamente cuando invocamos su venida, cuando lo recibimos con alegría, lo acogemos con gratitud y nos ponemos a su entera disposición. Sólo así nos convertirá efectivamente en testigos de Jesucristo Nuestro Señor, que cambiará nuestra vida y del que daremos testimonio de palabra y de obra.
A punto de finalizar en nuestro Plan Pastoral Diocesano, con el título de Para que tengan vida (Jn 10) el año dedicado a los jóvenes y próximos a comenzar un nuevo curso, especialmente dedicado a las vocaciones, el lema de esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud, su celebración, los mensajes que el Papa nos dirige y las experiencia positivas y alentadoras de tantos jóvenes decididos a seguir a Cristo con todas las consecuencias, han de constituir para todos nosotros, especialmente para los jóvenes, un modelo, un estímulo y una ayuda en nuestra misión de ser testigos de Jesucristo en nuestra Iglesia y en en nuestra sociedad. Quiera Dios que esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud signifique para todos, los que participan en ella y para los que nos unimos espiritualmente «un renovado Pentecostés».
Os saluda y bendice vuestro Obispo
José Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara