CAMINEO.INFO.- Queridos hermanos y amigos: Paz y Bien.
La Iglesia, en la persona del sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, ha vuelto a invitar a los jóvenes (tengan la edad que tengan) a que se abran a la fuerza del Espíritu del Señor. Ha sido propuesto en la Jornada Mundial de la Juventud que se dio cita en Sydney y que en 2011 será en Madrid. Es el Espíritu que prometió Jesús, el que ha secado todas las lágrimas con el consuelo de la esperanza, el que ha orientado todas las rebeldías dándoles el significado justo; el que ha llamado por el nombre a quienes han dejado todo para ponerse al servicio de Dios en el amor concreto a los hermanos. Ese Espíritu transformó los corazones asustados de aquellos primeros discípulos para sacarlos a la plaza pública y dar testimonio narrando las maravillas de Dios.
"En esta gran asamblea de jóvenes cristianos provenientes de todo el mundo, hemos tenido una experiencia elocuente de la presencia y de la fuerza del Espíritu en la vida de la Iglesia", constató. "Hemos visto la Iglesia como es verdaderamente: Cuerpo de Cristo, comunidad viva de amor, en la que hay gente de toda raza, nación y lengua, de cualquier edad y lugar, en la unidad nacida de nuestra fe en el Señor resucitado".
Pero, como ha subrayado el Papa, este don del Espíritu no es algo automático o impersonal. "El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos". Y es cuando el Santo Padre recordó a los jóvenes el papel insustituible de la oración en la vida cristiana: la plegaria de cada día, tanto esa que hacemos en la quietud íntima de nuestro corazón o ante Jesús en el Sagrario donde nos espera en el Santísimo Sacramento, como la oración litúrgica que celebramos con toda la iglesia.
Sin duda que nuestro mundo, tantas veces opulento e insolidario, que se empeña en construir su particular torre de babel prescindiendo calculadamente de Dios, tiene una sed infinita de esta renovación sincera y real. Como ha apuntado Benedicto XVI "en muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se está expandiendo el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperación".
Para esta aventura divina, el Papa quiere contar una vez más con esa juventud que no es el incierto futuro de la humanidad y de la Iglesia, sino un precioso presente. Frente a las culturas de la muerte en las que se cifra un mendaz y engañoso progreso, aparece "el don grande y liberador que el Evangelio lleva consigo: revela nuestra dignidad de hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios. Revela la llamada sublime de la humanidad, que es la de encontrar la propia plenitud en el amor. Revela la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la vida".
Todo un mensaje que en el filo de este período veraniego nos llega de parte del Santo Padre. Es la brisa fresca y suave que nos invita a avivar nuestra fe, a fortalecer nuestra esperanza y a expresar nuestra caridad concreta. En este tiempo de vacación que nos acompañe el mensaje del Papa como una ayuda que nos vuelve al Señor, y que con nuestros seres queridos podamos nutrimos de la paz, el sosiego y la sabiduría que nos permiten gozar de un verdadero descanso.
Recibid mi afecto y mi bendición.