CAMINEO.INFO.- Si bien en el texto del Evangelio de este domingo (Mt. 15,21-28), el Señor plantea la elección preferencial de Israel, también deja en claro la apertura de la salvación a los paganos, como es el caso de la mujer cananea que se acerca a Jesús para implorar con fe: “Entonces Jesús le dijo: ¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides” (Mt. 15,28).
Esta actitud de apertura a los paganos (o sea, los que no eran el pueblo elegido de Israel), ya se manifiesta incluso en el Antiguo Testamento. El profeta Isaías en la primera lectura de este domingo nos dice: “Así dice el Señor… y a los extranjeros que deciden unirse al Señor, que se entreguen a su amor y a su servicio… los llevaré al Monte Santo y haré que se alegren en mi casa de oración” (Isaías 56,6-7).
Los textos bíblicos de este domingo nos ayudan a profundizar en un momento eclesial que puede ser muy fecundo en nuestra América Latina, en nuestra Patria y Diócesis, en relación a la dimensión misionera. El Espíritu Santo nos anima sobre todo con el aporte del acontecimiento y documento de Aparecida, y en nuestra Diócesis con la gracia del año jubilar del 2007 y el primer Sínodo Diocesano que nos dio como fruto “las Orientaciones pastorales”.
Durante estos años nos hemos propuesto acentuar la conversión, comunión y misión. Ser una Iglesia abierta, atenta a los problemas y desafíos de este inicio de siglo, desde un seguimiento más profundo como discípulos de Jesucristo, el Señor. Este es un gran don. En este tiempo buscaremos asumir y concretar dichas orientaciones pastorales, sabiendo que no faltarán las cruces y sufrimientos, para cumplir el mandato de la Evangelización.
Quizá una de las mayores dificultades sea una rutina sin conversión y Pascua, que lleva a una falta de fervor expresada en la fatiga y la desilusión de los discípulos, en el acomodamiento al ambiente y en el desinterés, y sobre todo en la falta de alegría y esperanza. Con respecto a esto el Papa Benedicto ha señalado: “Nuestra mayor amenaza es el gris pragmático de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual todo procede con normalidad pero, en realidad, la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad“ (Aparecida 12).
El documento de Aparecida como contrapartida señala en varias oportunidades el don y el gozo de ser discípulos: “En el encuentro con Cristo, queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo.
La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna y compasión (Lc.10,29-37; 18,25-43). La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo aterrorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona, haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestras palabras y obras es nuestro gozo” (28-29).
Creo significativo y oportuno este texto de Aparecida en este domingo en que se realiza el encuentro diocesano de Catequesis, donde participan unos 2000 catequistas en Jardín América. Lamentablemente no podré participar porque debo estar en dos encuentros nacionales que se desarrollan en Córdoba: en Huerta Grande el Foro de Laicos, y en Villa Giardino la Asamblea nacional del Movimiento familiar cristiano. En todos los casos estaremos llamados a renovar el gozo del don de ser cristianos, discípulos y misioneros. Nuestros catequistas trabajarán las “Orientaciones pastorales” de nuestro Sínodo en ese maravilloso y exigente ministerio y servicio que realizan.
Nosotros también necesitamos acercarnos con una fe sencilla a Jesús como la mujer cananea del Evangelio de este domingo. Ese encuentro nos sacará del gris pragmático de la vida cotidiana que va haciéndonos caer en la indiferencia o pérdida de la fe. Ese encuentro nos permitirá expresar misioneramente el gozo de ser discípulos.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas