Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme
Mn. Javier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa y Administrador Apostòlico de Lérida
30-08-2008
CAMINEO.INFO.- Es una llamada más de Jesús, esta vez al joven rico. Jesús continúa llamando porque necesita seguidores que vivan su seguimiento plenamente. Jesús nos necesita, todos nosotros somos importantes por Él, necesarios. Podemos sentir su llamada en algunos momentos de nuestra vida, porque el seguimiento de Cristo no es una decisión puntual sino un estar siempre abierto a escuchar y responder.
Ahora bien, es difícil seguir a Cristo con una vida cristiana a su estilo, siendo testigos vivos de una fe que impregne cada dimensión de nuestra vida. Cuando nuestra fe se debilita por cualquier causa, repercute en la vida cristiana. Puede ser por causas internas: escasa vida espiritual, menos espacio para la reflexión íntima y la oración, poca asistencia a la Eucaristía, el relativismo que pone en duda todos los valores. Y en cuanto a las posibles causas externas, además de ninguna referencia a lo espiritual, a nuestro alrededor las referencias son muy concretas: hedonismo, consumismo, tener más que ser, la voluntad de no renunciar a nada.
Muchas cosas nos impiden seguir a Cristo. Como al joven rico, nos parece demasiado exigente la propuesta de Cristo. Y son muchos los que responden como él. Pero Jesús continúa llamándonos: “Convertíos y creed en la Buena Nueva”(Mc 1,15). Seguir a Cristo conlleva un cambio, una conversión para la cual hemos de despojarnos de las influencias de la corriente borreguil de nuestro mundo. Y, ¿qué espera Cristo de nosotros?: “que os améis unos a otros igual que yo os he amado”(Jn 13,34). Sí, somos llamados para amar y seguimos a Cristo cuando amamos, porque “cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”(Mt 25 40) Amar es seguir a Cristo, y el camino más cierto para llegar es la oración que nos ayuda a encontrarle y seguirle.
Podemos seguir a Cristo porque Él hace camino en nosotros, es la verdad que resplandece en las tinieblas de nuestro mundo, es nuestra vida. Y esta vida la encontramos en la Eucaristía. En la Misa encontramos las dos mesas que alimentan la vida cristiana y dan fuerza para vivirla: la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía.
Recordemos las palabras del Papa Juan Pablo II para el nuevo milenio: La Iglesia no puede cruzar el umbral del nuevo milenio sin animar a sus hijos a purificarse de las infidelidades, de las incoherencias y lentitudes al vivir la fe. La purificación exige reconocer que debemos hacer y decir sí a la propuesta de Cristo, sin miedo a las exigencias que esto supone. Cristo nos necesita por amar.
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