CAMINEO.INFO.- Este domingo se inicia en Roma el Sínodo de Obispos dedicado a ”La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. Intentemos seguirlo en sus trabajos, y sobre todo, encomendémoslo a Dios, para que sea una asamblea episcopal bien provechosa para toda la Iglesia, y cada creyente se sienta urgido a conocer más y más, a amar y a venerar las Sagradas Escrituras.
¿Cuál es la finalidad de este Sínodo? Partiendo de lo que dice el mismo “Instrumento de trabajo” nos damos cuenta de que el objetivo primero del Sínodo es profundizar sobre la Palabra con la cual «Dios invisible movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía» (Conc. Vat. II, D.V. n. 2). Esto implica la escucha y el amor a la Palabra del Señor, que llega a la vida concreta de las personas de nuestro tiempo. La Palabra de Dios determina una vocación, crea comunión, envía en misión, porque lo que se ha recibido para sí mismo, se transforme en un don para los demás. Se trata, por lo tanto, de una finalidad eminentemente pastoral y misionera: profundizar las razones doctrinales y dejarse iluminar por estas razones, significa extender y reforzar la práctica del encuentro con la Palabra de Dios como fuente de vida en los diversos ámbitos de la experiencia y así, a través de caminos adecuados y fáciles, poder escuchar a Dios y hablar con Él.
Más en concreto, el Sínodo se propone, entre sus objetivos, clarificar aquellos aspectos fundamentales de la verdad sobre la Revelación divina, como son: la Palabra de Dios, la fe, la Tradición, la Biblia, el Magisterio, que garantizan y mueven a un válido y eficaz camino de fe; el estímulo a amar en profundidad la Sagrada Escritura, la unidad entre el pan de la Palabra y del Cuerpo de Cristo, para nutrir plenamente la vida de los cristianos. También la profundización de la indisoluble y recíproca interrelación entre Palabra de Dios y liturgia; estimular en todos los ambientes la práctica de la Lectio Divina, debidamente adaptada a las diversas circunstancias; ofrecer a los pobres una palabra de consuelo y de esperanza. Además de promover el diálogo ecuménico, estrechamente vinculado a la escucha de la Palabra de Dios, favorecer el diálogo judeo-cristiano, y más ampliamente el diálogo interreligioso e intercultural.
También se percibe el anhelo pastoral para que la contribución final del Sínodo no sea sólo informativa, sino que llegue a la vida, provoque aquella participación, según la cual la Palabra de Dios se hace “viva, eficaz, penetrante” (He 4, 12) a través de un lenguaje esencial y comprensible a la gente.
El Papa Benedicto XVI hace un año, hablando de san Jerónimo, el traductor de la Biblia al latín, se preguntaba "¿Qué podemos aprender nosotros de San Jerónimo? Sobre todo, amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Y ya decía San Jerónimo que “ignorar las Sagradas Escrituras es ignorar a Cristo”. Encomendemos durante todo este mes los trabajos del Sínodo de Obispos que tiene lugar en Roma, y pidamos que dé muchos frutos, para que los cristianos vivamos más en contacto y en diálogo personal y comunitario con la Palabra de Dios, que se nos da en la Sagrada Escritura.