CAMINEO.INFO.- En la segunda lectura de hoy nos invita San Pablo a poner nuestras oraciones y súplicas en las manos de Dios y lo necesitamos. El aire de nuestra oración debe ir por la súplica para que nos conceda la sabiduría de descubrir que teniendo a Dios nada nos falta, no serán precisas las humanas seguridades, que sólo Dios basta. Esta sabiduría y sus dones se obtienen por medio de la oración. Acudir a Dios con la misma seguridad de Salomón, confiando en ser escuchados y fiarse de Dios es una verdadera sabiduría. La Sagrada Escritura nos ofrece textos bellos, pero los referidos a la Sabiduría son admirables. Fijaos si la luz es hermosa y si en la naturaleza hay algo que la supere, pues la sabiduría la supera (Sb 7,29), “Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. Es fantástico haber tenido a suerte de descubrir la verdadera sabiduría que viene de Dios, porque te da las claves esenciales para ubicarte en el mundo: “La preferí a los cetros y a los tronos,... todo el oro a su lado es un poco de arena y junto a ella la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza...” (Sb 7,7-11).
La persona que ha recibido el don de la sabiduría está en condiciones de ser sensible al hermano, de parecerse a Dios, porque participa de sus criterios, de su corazón misericordioso, de la sensibilidad necesaria para que nada le pase desapercibido. Recordemos algún pasaje de la vida pública de Jesús, por ejemplo, el que nos narra el evangelista Mateo, y nos narra que al salir de Jericó Jesús y sus discípulos, un ciego grita fuerte para captar la atención de Jesús (Mt 10,46-52) . Seguro que los gritos eran considerables, puesto que la gente le mandaba callarse, porque estaba molestando. Sólo Jesús se hace eco de la situación de aquel hombre. Sólo Jesús capta la necesidad de su corazón y no pasa de largo, se detiene ante el hombre y le habla. Situaciones como estas las vivimos a diario en cantidad de ocasiones. Son muchos los hermanos que viven junto a nosotros que nos solicitan, aunque sea un poco de nuestro tiempo, o que les escuchemos,... Pero porque estamos en otras cosas “más importantes”, no sólo no les hacemos caso, sino les mandamos callar, porque nos molestan. Aquí es donde nos enseña Jesús a entender cómo es Dios. Se nos plantea un reto importante, descubrir qué quiere Dios de nosotros, tener la sabiduría para poder acertar en todo y así valorar al hermano, según los criterios de Dios. También es verdad que alguien podría decir, y ¿cómo saber, descubrir, conocer,... los criterios divinos? Dios se vale de muchas maneras para llevarte a ello, uno tiene que estar atento, eso sí, y centrado en su religiosidad y Dios se encarga de lo demás, El se encarga de los detalles. Una vía que usa es su Palabra: recuerda la parábola del buen samaritano...
Los textos de la Palabra de este domingo nos invitan a abrir los ojos a los Planes de Dios y a saber que está en medio de nosotros, “hágase tu Voluntad”, repetimos en el Padrenuestro, esta es la verdadera sabiduría y la advertencia que escuchamos hoy es la de pedirle al Señor que nos libre de la locura de pensar que somos nosotros los dueños de su viña, que no le necesitamos y que una solución es la que tomaron los viñadores ingratos y necios, “matar a Dios”. Repetid hoy con fuerza las palabras del Padrenuestro, “Hágase tu Voluntad”.
Que Dios os bendiga y os de la sabiduría necesaria para seguir trabajando por el Reino de Dios.