CAMINEO.INFO.- Tomo como título de estas líneas el que encuentro en el boletín informativo para la beatificación del doctor Josep Torras i Bages, llamado con toda razón el patriarca espiritual de Cataluña. El Dr. Torras i Bages escribió una carta pastoral titulada L’etern Rosari, de la que reproduce algunos fragmentos el boletín mencionado. Pienso que pueden ser de utilidad para los lectores cristianos cuando iniciamos el mes de octubre, tradicionalmente dedicado a esta devoción porque el día 7 celebramos la llamada fiesta de la Virgen del Rosario.
Todas las épocas, y en especial la nuestra, tan acelerada, requieren fórmulas de oración sencillas. Por eso es de gran sabiduría y de gran provecho espiritual la llamada en el Oriente cristiano la oración de Jesús, que consiste en repetir, profundizándola desde el corazón, la invocación “Jesús, Hijo de Dios, ruega por mí”.
También el Rosario se acredita por su sencillez, que lo ha hecho verdaderamente universal, de tal modo que también otras religiones, como la islámica, tiene fórmulas de oración parecidas al Rosario. Así lo podemos observar a veces en los musulmanes que viven entre nosotros. “El universalismo del Rosario –escribía Torras i Bages-, es decir, el ser una fórmula de oración cosmopolita de todos los pueblos, de todas las épocas y de todas las clases de la jerarquía social, demuestra su acción iluminadora sobre todos los espíritus y que es una luz que nunca se apaga. Y esta vida luminosa es la de nuestro Señor Jesucristo que contemplamos en el Rosario.”
Esta afirmación del gran obispo de Vic es especialmente válida para nuestro Rosario tal como quedó reformado y enriquecido por el Papa Juan Pablo II en la carta apostólica que publicó sobre esta devoción. Él quiso que a los tradicionales misterios de gozo, de dolor y de gloria se añadieran los que llamó misterios de luz, cinco misterios centrados en acontecimientos o misterios de la vida de Jesucristo, desde su bautismo en el río Jordán hasta las bodas de Caná, el Sermón del Monte, la Transfiguración en el Tabor y la institución de la Eucaristía en el Cenáculo. Con tal novedad el venerable Juan Pablo II enriquecía esta devoción haciéndola más cristológica y también más mariana. “Recitar el Rosario –escribió- no es otra cosa que contemplar con María el rostro de Cristo”.
La carta de Torras i Bages sobre L’etern Rosari tiene formulaciones de gran riqueza teológica, como ésta: “La sustancia de la ley que Jesús vino a enseñar al mundo es la contemplación y la imitación del mismo Jesús”. “El Rosario –dice también el obispo Torras i Bages- es el puente de comunicación entre Dios y el hombre, entre el Creador y la criatura, y este puente es Jesús. Sin Él nadie podría atravesar el abismo que va desde la nada –que es el hombre- a la infinidad divina.”
Y el obispo explica que santa Teresa, la gran contemplativa, en uno de sus escritos narra que encontró a una piadosa monja que le dijo que no sabía hacer meditación, sino tan sólo rezar padrenuestros y avemarías. Pero la santa, que tenía el don especial del discernimiento de espíritus y penetró en el de la sencilla monja, afirmó que esta religiosa, aunque creyéndose en un grado inferior de la vida espiritual, alcanzaba una altísima comunicación con Dios.