CAMINEO.INFO.- Hay un tiempo para cada cosa. Nuestro tiempo es de confusión. Lo que hoy se afirma como real parece no serlo tanto. Se constata una nueva situación social marcada por una crisis econòmica, aunque en opinión de los resposables de la Administración no es para tanto. Entonces, ¿en qué quedamos?. En ellos se percibe el miedo a afrontar la realidad, pues supondría un alto coste electoral. O quizá sea una manera de evitar mayores dificultades. En todo caso, esta actitud no ayuda a superar la confusión en que vivimos.
En medio de esta confusión el Gobierno hace públicas nuevas propuestas legislativas sobre le aborto y la eutanasia. A algunos les ha parecido tan fuera de lugar que las han valorado como “cortinas de humo” para ocultar la falta de soluciones a la crisis económica. Utilizar como arma de táctica política el derecho a la vida, el primero de los derechos, el más fundamental y sagrado, seria la máxima degradación de la acción política y nos llevaría a la mayor confusión. Si no ha sido esa la intención, hemos de pensar que es una propuesta bien pensada, en respueta a una necesidad social: proteger el derecho de la mujer a abortar –a acabar con la vida de su hijo nonato- y el derecho del enfermo a teminar con su vida. El resultado es dejar totalemente desprotegido el derecho a la vida. Un fracaso moral y social que pone en cuestión el valor de la persona, pues ¿qué es el aborto y la eutanasia sino un modo de relativizar el valor sagrado de la vida?. Según este criterio, ¿cómo se puede educar a los jóvenes en el respeto a la vida, la propia y la de los demás?. Si la medida del comportamiento moral en este campo es, como se dice, “mi cuerpo es mio, puedo hacer lo que quiera”, estamos cerca del reino del más fuerte y despiadado. ¿Estamos tan confundidos como para perder la noción de dónde está el límite?. Nadie pide permiso para nacer. La vida es un don que rebimos y entregamos, una experiencia al alcance de todos que la fe cristiana percibe como acción del Creador, fundamento de la dignidad sagrada del ser humano.
Promover el aborto y la eutanasia es lo mas contrario a los esfuerzos de nuestro sistema de salud por promover la vida, superar la enfermedad y paliar el sufrimiento. Pero, más todavia, es lamentable y alarmante la indiferencia hacia los más indefensos: el no nacido o el deshauciado. Así se destruye el valor que cohesiona los vinculos humanos: la confianza (no me harán daño, me ayudarám en los momentos difíciles). Una sociedad en la que triunfe el derecho a matar, aunque sea en determinadas situaciones, se convierte en radicalmente insegura e insolidadria. Pero quizá estemos confundidos y, para tranquilizarnos, el Gobierno quiere apoyar su propuesta en un “comité de expertos”. Y esto todavía genera mas confusión, pues lo que está en cuestión es el valor fundamental de la vida, algo que a todos nos afecta, y todos deberíamos poder intervenir en una decisión de tan gran alcance.