CAMINEO.INFO.- Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.
Tras el estío, con sus calores y sofocos, con sus holganzas y vacación, nos ponemos de nuevo en marcha para seguir el camino cotidiano. No regresamos a lo habitual como quien se resigna con disgusto a un lunes maldito tercamente laborable. Sabemos que hay un tiempo para todo, y queremos saber vivirlo con esa sabiduría que se deriva de la compañía de Dios: en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, todos los días de nuestra vida, contamos con la fidelidad del Señor.
No es la suya una compañía delegada, no se nos hace presente por mensajería ni nos dice su palabra en clave jeroglífica. Él se ha hecho hombre, se hace hombre en cada generación, para decirnos con nuestras palabras y con nuestro ademán, lo que desea comunicarnos de mil modos. Nunca dejaremos de asombrarnos de ese gesto misericordioso y condescendiente de Dios: el que es la Palabra, quiso aprender a hablar nuestro lenguaje; el que es la Presencia, asumió nuestra humanidad; quien vino a pasearnos su Gracia, aprendió también nuestros andares.
Tiempo de sementera, tiempo de cosechar. Así andamos nosotros en nuestra peregrinación humana y cristiana: sembrando y recogiendo, esperando y reconociendo. Llega ahora el tiempo de volver a sembrar sin dejar nunca de estar cosechando, pues así son las cosas de Dios en un pueblo peregrino como es la Iglesia. Esta es la tarea que nos proponemos al comienzo de cada curso pidiendo ayuda al Señor, sabiéndonos sus instrumentos y viviendo la comunión con todos los demás hermanos que forman parte de nuestra comunidad diocesana.
Hemos celebrado ya en las dos Diócesis de Huesca y de Jaca la Jornada de inicio de curso pastoral. En ella hemos evaluado lo que nos habíamos propuesto realizar con la ayuda de Dios y de los hermanos, y también nos hemos vuelto a proponer algunos objetivos. Evaluando nuestra vida cristiana y eclesial, aparecen las cosas felizmente realizadas, otras que siguen en curso y que son mejorables, y otras que siguen esperando una respuesta cabal. Por eso nos proponemos los objetivos correspondientes a esa vida que continúa fluyendo en el cauce de nuestros días. El Plan Diocesano de Pastoral que nos dimos para cuatro años (2005-2008), sigue reclamándonos para completar cuanto aún tenemos ahí pendiente. Por este motivo alargaremos el Plan Diocesano de Pastoral un año más. Como ya he dicho en los Consejos de la Diócesis (Episcopal, Presbiteral y Pastoral), es mi deseo realizar un Sínodo Diocesano. Nos pondremos en marcha para prepararlo en cada diócesis el próximo curso.
No somos autónomos hasta el punto de prescindir de Dios en nuestros retos, pero tampoco somos pasivos a la hora de afrontar los desafíos. “Dios con nosotros” es la fórmula bíblica que ya desde los profetas (Is 7,14) nos alerta de esta estrecha cercanía: ni un Dios sin nosotros, ni tampoco nosotros sin Dios. Por este motivo, el Creador invitó a Adán y Eva, dentro de ese lenguaje arcaico y sabio que nos transmite verdades profundas, a poner nombre a las cosas como si el mismo Dios hubiera querido dejar las cosas inacabadas para darlas término con la colaboración humana (Gén 2,18-19).
Por eso Dios ha querido contar con nosotros para que nosotros aprendamos a vivir las cosas contando con Él. Como dice la carta primera de San Pedro, “que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios” (1 Ped 4,10). Podemos decir, pues, que cada uno con ese talento que ha recibido, debe poner nombre a las cosas, para entre todos vivirlas según el corazón de Dios. Os deseo un feliz curso pastoral.