CAMINEO.INFO.- El 5 de octubre, -este año es domingo-, celebramos en la ciudad de Tarazona la fiesta de san Atilano, patrono de la ciudad. Nacido en Tarazona, siendo joven buscó a Dios apasionadamente y para ello se retiró al desierto, primero en Los Fayos y después en el Bierzo, en cuyo monasterio de Santa María de Moreruela, junto al río Esla, provincia de Zamora, se encontró con san Froilán. Ambos fueron elegidos y consagrados obispos, Froilán de León y Atilano de Zamora. Hay historiadores que los sitúan hacia el año 900, otros hacia el año 1000. La tradición turiasonense se inclina por esta segunda fecha, de manera que en el año 2009 celebramos el milenario de su muerte, de su tránsito al cielo, de su dies natalis.
Con este motivo, a lo largo del año 2009 celebraremos Año Santo Jubilar de San Atilano, en la ciudad de Tarazona, para toda la diócesis y sus alrededores. Ya se anunciará debidamente. Será año de gracias abundantes y de perdón, y se convertirá en ocasión de conocimiento y acercamiento a la figura de este turiasonense ilustre, que ha brillado por su santidad como pastor de la Iglesia en Zamora. Para ese año santo que se avecina, nos sirva de pórtico la celebración de este domingo 5 de octubre.
La vida de la Iglesia se fundamenta en la sucesión de los apóstoles y en la santidad de sus hijos. Es decir, la Iglesia verdadera es aquella que puede presentar la legítima sucesión de los apóstoles en la persona del obispo, en plena comunión con el Papa de Roma, y que cuenta con la vida evangélica vivida por sus hijos –los santos- a lo largo de la historia. En san Atilano se cumplen estos dos aspectos. Él ha sido obispo de Zamora, sucesor de los apóstoles, sobre cuyo fundamento Jesucristo ha constituido su Iglesia. Y él ha llegado a la plenitud de la vida cristiana con la santidad de su vida.
Por eso su fama dura más de mil años, hasta el día de hoy. Otros personajes, incluso los que hicieron el bien en su época, se han ido esfumando y despareciendo de la memoria histórica. San Atilano perdura en el recuerdo de nuestra diócesis por su santidad y su ejemplo. Celebrar la fiesta de un santo es conectar con el cielo, donde viven los santos, donde vive san Atilano. No sólo recordamos sus acciones en la historia humana, hace ya más de mil años, sino que invocamos hoy su intercesión sobre los que hoy vivimos en Tarazona. Tenemos necesidad de los santos.
San Atilano nos señala a todos cuál es el sentido de la vida: buscar a Dios. En un reciente discurso a los intelectuales de Francia, del Papa Benedicto XVI ha señalado que la raíz de toda cultura está en esta búsqueda de Dios, que da sentido a todo lo que el hombre puede construir en su entorno. No se puede construir un mundo sin Dios. Sin Dios, el hombre y el mundo que le rodea se destruye, se vuelve contra el mismo hombre. Por eso, acudimos a nuestros santos. Son nuestros hermanos mayores, que han recorrido el camino de la vida con sensatez y con fecundidad. La celebración jubilar del milenario de san Atilano será una ocasión de conocer su vida, acudir a su intercesión, contar con su patrocinio. La diócesis de Tarazona ha tenido en él a lo largo de un milenio un poderoso intercesor, un ejemplo en la búsqueda de Dios, un pastor solícito de su pueblo. Todo eso merece la pena celebrarlo con gozo.
Con mi afecto y bendición: