 Cardenal José Francisco Robles Ortega |
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Familia, Despierta a la Vida.
Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Monterrey
14-10-2008
CAMINEO.INFO.- Muy queridos hermanos y hermanas, todos en Jesucristo nuestro Señor.
Estamos reunidos esta tarde como familia de Dios. Y nos preguntamos: ¿Qué es lo que nos hace ser verdadera familia de Dios en la iglesia? Nos hace ser familia el hecho de que tenemos todos un mismo y único Padre: Dios.
Nos hace ser familia el hecho de ser alimentados por el mismo alimento, que es la Palabra, la Palabra viva hecha carne, Jesucristo nuestro Señor que nos entrega su Cuerpo como comida y su Sangre como bebida.
Somos verdadera familia de Dios, porque somos un cuerpo que tiene como alma al mismo y único Espíritu de Dios.
Así nos profesamos: Iglesia-Familia de Dios, así nos expresamos, como estamos ahora reunidos, en torno a la mesa, al centro Jesucristo, nuestro hermano y llenos de gozo celebramos su presencia y abrimos nuestro corazón a su palabra que se nos acaba de proclamar.
El centro del mensaje del Evangelio de hoy, es muy trágico por una parte, pero es lleno de vida y lleno de esperanza por otra parte.
Nosotros, seres humanos, dañados por el pecado, no podemos más que producir obras de muerte. Por más empeño y por más cuidado que ha tenido Dios en la historia de nuestra humanidad. Nosotros, dañados por el pecado original, solamente producimos obras de muerte, al grado de que el mismo Hijo, el Hijo del dueño de la viña, cayó en nuestras manos, en las manos de nuestra pobre humanidad y fue víctima de muerte, una muerta dolorosa, humillante, como la muerte de cruz.
Es muy claro que Jesucristo, nuestro Señor, está recibiendo refiriendo esa parábola a su persona. Por último, nos envió Dios a su único Hijo y su Hijo fue víctima del mal que nos aqueja. Pero esta piedra que edificaron los constructores, Dios la ha puesto como piedra angular, es decir, nosotros dimos muerte al Hijo de Dios, Dios lo resucitó y lo llena de vida para siempre.
Y en ese sentido, nuestra fe cristiana es un mensaje de vida, es un mensaje de resurrección, de triunfo sobre toda clase de mal. La historia para el cristiano no la tiene el mal, no la tiene el pecado, no la tiene la muerte, la historia la tiene Dios, con el triunfo de la vida sobre la muerte, la historia es de Cristo que no fue abandonado a la muerte sino que Dios lo resucitó y lo ha puesto como piedra viva fundamental de toda nuestra humanidad.
De esta verdad, queridos hermanos y hermanas, nosotros extraemos un mensaje muy práctico y muy concreto para este momento que estamos viviendo.
No podemos negar, ni ocultar, todos los signos de muerte que suceden a diario en nuestro entorno, en nuestro suelo patrio. No podemos nosotros negar el dolor de la muerte que toca a tantas familias de nuestra nación, precisamente por la muerte, no lo podemos negar.
Pero, para nosotros, discípulos de Cristo, creyentes en el evangelio de la vida, no podemos permanecer como derrotados, no podemos permanecer indiferentes e inactivos ante tanta muerte. Nosotros tenemos la certeza y la seguridad que el triunfo es de la vida y estamos puestos nosotros en el mundo y somos miembros de la familia humana, en este momento histórico concreto para testimoniar la vida con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestro actuar.
Nuestras palabras, nuestros gestos y actitudes, y todo lo que hacemos tiene que ser una contribución a la edificación de una comunidad de vida y de amor, no de muerte.
¿Y saben queridos hermanos y hermanas dónde se origina, dónde se produce este movimiento, esta dinámica de vida en contra de la muerte y del mal? Se produce, se gesta, en el seno de cada familia, partiendo del corazón y de la mente de cada uno de los miembros de la familia.
Es en la familia, donde debe terminar el Evangelio, la buena nueva de la vida. Es en el seno de la familia, donde se deben detener, extirpar, todas las actitudes y todos los gestos de muerte.
Sino, hagamos un brevísimo y rápido análisis de qué es la familia.
En la familia se origina, en primer lugar la vida, la vida nace en la familia, en la familia se origina el lenguaje, la comunicación por medio del lenguaje. En la familia se originan los pensamientos, los criterios; en la familia se originan las costumbres, las tradiciones que expresan el ser, el ser humano y el ser de los humanos.
En la familia tienen origen los afectos más nobles que puede tener un ser humano, se originan en las relaciones familiares, ahí se originan los vínculos entre seres humanos, vínculos de afecto, de los más nobles sentimientos de los seres humanos. En la familia se crean lazos que perduran hasta el fin de la existencia humana, en la familia se crean ésos lazos, en la familia se vive en comunidad de seres humanos.
En la familia somos introducidos a convivir y a expresarnos en sociedad. Por eso, la familia es una realidad ética, no es una realidad de mera conveniencia. En la familia se produce todo eso que es enumerado de forma natural, no es producto de un prontuario que diga: En la familia tiene que hacerse esto, esto y esto.
La familia no se rige así, como fruto de un convenio; la familia no persigue un objetivo de ganancia o de conveniencia, en la familia se produce todo eso que enumerábamos, porque es la familia, de forma natural, espontánea, porque la familia es para eso, para ser familia.
Es en este núcleo, donde se invita a los creyentes. Nos reta la palabra de Dios a que en este ámbito, nosotros trabajemos por ir quitando y desapareciendo todas aquellas actitudes, gestos, palabras, que conllevan mal o que conllevan muerte.
Y en ese núcleo, el más sagrado, el de la familia, somos invitados por la palabra de Dios para que se genere, florezca y fructifique la vida.
No es cierto hermanos y hermanas que el solo lamentarnos por todo lo que pasa y acontece en el sentido negativo de muerte a nuestro alrededor, se resuelve así, por solo quejarnos, atemorizarnos y replegarnos, no es cierto.
El mal solamente tiene una manera de vencerse, haciendo el bien, el mal se combate, se extingue y se apaga con el bien contrario.
Haciendo el bien, practicando el bien, edificando día a día nuestra vida sobre el bien, sólo así se vence el mal. No maldiciendo, no llorando, no replegándonos, no negándonos.
La vida se establece participando, siendo activos, siendo proactivos, siendo generosos y siendo constructores del bien.
Por eso, queridos hermanos y hermanas, hemos elegido para este encuentro anual de las familias de nuestra arquidiócesis de Monterrey, el lema de: "La Familia, santuario de la Vida".
Cuando el Papa Juan Pablo II le dio a la familia este calificativo como Santuario, quería recalcar que la familia para el género humano es de origen sagrado, como un santuario.
La familia tiene un origen sagrado, es Dios quien la concibió, es Dios el que la puso en el corazón, en lo más íntimo de la presencia de cada ser humano, la familia como proyecto de Dios es un proyecto sagrado porque deriva del mismo Dios.
La familia es un santuario porque es en su seno, donde termina, donde crece, donde fructifica lo más sagrado que tenemos nosotros en esta vida, la vida misma.
La familia es el santuario donde la vida es acogida, custodiada, alimentada, protegida para que fructifique, por eso la familia es santuario de la vida.
Hemos elegido este lema para nuestro encuentro anual Despierta, porque somos conscientes de que a nuestro alrededor se escuchan voces más o menos que se creen autorizadas para descalificar la familia, para desacreditarla, y como para ponerle a la familia su punto final como proceso de desarrollo de la vida humana. Surgen voces a nuestro alrededor que son una amenaza para la familia.
Nosotros, discípulos de Jesús, miembros de la familia de Dios en la iglesia, queremos hacer nuestro aporte, un aporte constante, permanente al evangelio de la familia como santuario de la vida.
Queremos hacer nuestro aporte con palabras, con actitudes, con hechos, con comportamientos, con una manera de conducirnos con relación al evangelio de la familia, como santuario de la vida.
Nosotros creemos que nuestra humanidad está inclinada a la muerte, por eso la piedra fundamental es desechada, quiso ser desechada por los constructores de la humanidad, pero esa piedra desechada, Dios la ha puesto como piedra angular, Jesucristo nuestro Señor.
Acojamos hermanos y hermanas este mensaje de la palabra hoy que nos hemos reunido para hacer la fiesta a la familia, santuario de la vida.
Que así sea.
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