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MÁS QUE UN LIBRO AUTOBIOGÁFICO: UN DON DEL CIELO


P. ALVARO CÁRDENAS DELGADO
Wed, 06 Mar 2019 21:15:00

Acaba de aparecer en las librerías españolas la Autobiografía del joven vietnamita redentorista, coetáneo del Cardenal Van Thuan, Marcelo Van, editado en español, en Francia, por Amis de Van Éditions.

No es un mero libro autobiográfico de un joven humanamente significativo del Sureste asiático, tampoco un libro de espiritualidad cristiana más. Es el extraordinario relato de un joven que vivió en un mundo lleno de esperanzas humanas de signo muy diverso, muchas de las cuales se mostraron ilusorias, conduciéndolo a su autodestrucción, y de una vida marcada por el sufrimiento de su tiempo, de su patria, de su familia, y de su propia historia personal, con todas las heridas que una existencia así conlleva. Y es, al mismo tiempo, el relato de una elección divina que lo escogió para mostrarle el camino de la felicidad en medio de esa existencia marcada por la experiencia del mal y del dolor.

Una extraordinaria historia que va más allá de su historia personal, porque es también el relato de una misión que el cielo le confió para bien de la Iglesia y del mundo. A través de su vida y de las revelaciones que el cielo le comunicó, nos abrió también a nosotros, hijos y nietos de ese tiempo, marcados también por esas heridas de las que somos herederos y por las nuevas que nos infringe nuestro tiempo, el camino que nos conduce a superar el dolor y el sufrimiento, y a encontrar en el Amor Misericordioso de Dios el remedio a nuestras heridas, la fuente de una existencia fecunda y la paz del corazón, para así vivir felices en medio de todo ese sufrimiento, de las heridas que cargamos y del mal que hasta el último momento de nuestra vida nos pueda golpear.

Es la Historia de un alma de un joven vietnamita, alma gemela de su hermana mayor Santa Teresita del Niño Jesús, llena de similitudes entre ellos, particularmente en la sensibilidad e interioridad de ambos, en sus deseos, en “el pequeño camino” que recorrieron y en la misión que comparten los dos.

Comienza desde que alcanza su uso de razón hasta febrero de 1950, nueve años antes de su muerte, acontecida el 10 de julio de 1959, a los 31 años de edad y apenas 15 de vida religiosa, extenuado y enfermo en un campo de “reeducación” comunista.

 

¿QUIÉN ES SU AUTOR, MARCELO VAN?

Un joven vietnamita, que nació en Vietnam en 1928 y murió en 1959, a los 31 años de edad, extenuado y enfermo, en uno de los campos de “reeducación” comunistas, que vivió una existencia corta pero asombrosamente intensa y fecunda, marcada por las rupturas, separaciones, pérdidas y sufrimientos de su generación y de su tiempo. Un joven con una sensibilidad espiritual fuera de lo común, que encontró en Santa Teresita del Niño Jesús su alma gemela, y en su pequeño camino de infancia espiritual su camino hacia la plenitud, hacia una felicidad insospechada, hacia la santidad.

Un joven con una existencia marcada por la humillación y el sufrimiento desde niño, pero que unido íntimamente a Jesús, especialmente en la Eucaristía, y a la Virgen, a quien se confiaba particularmente con el rezo diario del rosario, y más tarde también a Santa Teresita del Niño Jesús, renunció vigorosamente al mal y al pecado, luchó contra ellos y se mantuvo fiel a Dios y a su voluntad, poniéndose por encima de las humillaciones y de los sufrimientos morales y físicos que sufrió.

Un joven con un alma y una existencia sacerdotal cuyo único anhelo desde niño fue ser sacerdote para amar y hacer amar a Cristo, que fortalecido por la gracia divina, como en otro tiempo su hermana Santa Teresita, hizo su acto de ofrenda total al Amor Misericordioso y se ofreció día a día a Dios con su oración y su trabajo, con sus alegrías y sufrimientos, hasta la consumación de su amor en el campo de internamiento, trabajos forzados y “reeducación” comunista número 2 del Vietnam del Norte, donde agotado y extenuado rindió su alma a Dios el 10 de julio de 1959, para entrar en el deseado reino del cielo que Jesús le había prometido. Sus últimas palabras fueron: «El amor no puede morir».

Un joven con el que el cielo estableció un diálogo interior en forma de coloquios, a través de Santa Teresita del Niño Jesús, de la Virgen María y de Jesucristo, por medio de los cuales le reveló su camino, lo consoló, lo sanó de sus heridas, lo fortaleció en su debilidad y le mostró su misión, educándole con maravillosa paciencia, ternura y comprensión para que la pudiera realizar. ¿Y cuál es esta misión que el cielo le confió? ¿El sacerdocio por el que había luchado desde muy niño? El Padre tenía otra misión para su pequeño hijo: ser el apóstol escondido del Amor Misericordioso, la fuerza vital de los apóstoles misioneros del reino del Amor de su Hijo, prolongando en la tierra durante su vida, y más aún después de ella, la misión de su hermana mayor Santa Teresita.


Su autor, Marcelo Van, es un don que nos ha sido dado por el cielo, como un guía experimentado en los caminos de la vida, alguien que se ha adelantado a nosotros y nos ha abierto el camino en estos tiempos de incertidumbre, de confusión, de miedo y de dolor, para que podamos también nosotros vivir una vida plena, gozosa, feliz, llena de sentido y fecunda.



UNA HISTORIA IMPOSIBLE QUE NO HAYA DESAPARECIDO

La historia de este joven es simplemente una historia imposible. ¿Por qué de los casi cuatro millones de muertos que provocó el comunismo en Vietnam, sin contar desplazados y desaparecidos, nos ha llegado la historia de este joven religioso, que vivió una vida completamente oculta y cuyo secreto estuvo escondido hasta después de su muerte, incluso para sus hermanos religiosos que convivieron con él? ¿Por qué el cielo ha querido sacar del absoluto anonimato a este joven religioso y ha querido dárnoslo a conocer precisamente en este tiempo, heredero de las heridas de la vida y de los sufrimientos históricos de las generaciones que nos precedieron, portador también de nuestra propia falta de luz para atinar con el camino que debemos seguir, cautivos de nuestras propias contradicciones, divisiones y rupturas internas, precisamente en este tiempo de incertidumbre y de confusión, de profundas tensiones y divisiones, de luchas y conflictos inacabables, de los gravísimos problemas sociales a nivel nacional e internacional que todo ello está provocando y de temor a un futuro cada vez más incierto? ¿Por qué nos lo descubre ahora, a nosotros, hombres y mujeres tentados de posicionarnos frente a los otros o contra los otros para evitar el daño que puedan hacernos, replegándonos sobre nosotros mismos y nuestras seguridades, ante esa multitud de situaciones y problemas para los que no hemos encontrado aún el camino de su resolución y superación, con tantos desafíos en el mundo consecuencia del falso orden mundial que hemos creado, de las tentaciones de nuestro tiempo, y de los males que por falta de luz y de un mal uso de nuestra libertad no hemos sabido, querido o podido evitar?

 

ESTRUCTURA DE LA OBRA

La Autobiografía está precedida de un prólogo del Cardenal Van Thuan, primer postulador de la Causa de beatificación de Marcelo Van, en el que explica su providencial relación con él y los avatares de la Causa de beatificación del joven redentorista vietnamita, de una reseña histórica para poderse situar en la historia del Vietnam y del catolicismo en esta nación del sudeste asiático, de una introducción de su director espiritual, el Padre Antonio Boucher, en la que explica el modo como lo conoció, el impacto que le causó el encuentro con este joven de una vida interior fuera de lo común, y algunos detalles de su redacción y de su traducción al francés, y de una advertencia del editor, les Amis de Van Éditions, en el que presenta algunos detalles de la edición en francés y de los demás escritos de Van. Concluye con un epílogo sobre los últimos años de Van y dos anexos con una cronología de su vida y la genealogía de Van y su familia.

El estilo de la Autobiografía es el de una confidencia dirigida en primera persona a quien desde el primer momento supo entender su alma: su director espiritual.

 

RAPIDA PRESENTACIÓN DE VAN

El texto de la Autobiografía viene precedida por una rápida presentación en la que después de excusarse por haber intentado escribir tres veces sin éxito el relato de su vida, no puede evitar hacer referencia a Historia de un alma, haciendo suyas las palabras de su hermana mayor, Santa Teresita:

«Si una pequeña flor pudiera hablar, diría simplemente lo que el buen Dios ha hecho por ella. Reconocería francamente que es una criatura frágil [2], pronta a marchitarse, pero estaría orgullosa también de su belleza, de la frescura de sus colores, de su encanto tenue, de su perfume delicado y de todas las otras cualidades con que la naturaleza la revistió» (Historia de un alma, Manuscrito A, 3).

Van se reconoce a sí mismo “como una flor de Dios” e invita a su director espiritual a cantar con él un cantico de alabanza a la misericordia infinita de Dios:

«Afirmo que mi alma es también como una flor de Dios. Todo lo que poseo y todos los acontecimientos de mi vida, ha sido Dios mismo quien me los ha regalado desde siempre. Entonces, también puedo narrar todas las gracias con las que Dios ha adornado mi alma, para cantar con usted, Padre, [3] un cántico de alabanza a la misericordia infinita de Dios».

A continuación le indica a su director espiritual su único objetivo al escribir su historia:

«Mi único objetivo escribiendo esta historia es cumplir perfectamente la santa voluntad de Dios. Hasta ahora nunca se me había ocurrido servir de intermediario entre la gracia divina y las almas. Mi único anhelo es ser una flor silenciosa, que oculta su belleza en el corazón de Dios. Sin embargo, Dios no está obligado a seguir esta voluntad. Al contrario, debe realizar las palabras salidas de su boca: «no se enciende una lámpara para ocultarla en una vasija de barro». Él ha querido que yo, como una flor, revelara mi belleza y derramara mi perfume a plena luz del día para cumplir bien con mi destino» [3]. 

Se reconoce a sí mismo como una rosa que Dios ha hecho preciosa, pero a costa de largos años de trabajo y sufrimiento:

Y ahora, Padre, me verá como una rosa que Dios ha adornado con innumerables gracias escogidas. Pero para hacer de mí una hermosa rosa, necesitó de largos años para quitar las malas hierbas y regar por medio de muchos sufrimientos y lágrimas» [4].

Marcelo Van expresa a su director espiritual  a través de la imagen del pétalo separado de la flor el resumen de su vida, que gracias a la fuerza vital del Amor divino aún conserva su belleza, «para testimoniar así el Amor infinito del corazón de Dios» [7].

Como pétalo desgajado de su flor, el sufrimiento  es su destino:

«Como mi destino es ser un pétalo desprendido, pienso que en mi vida no habrá casi ninguna dulzura. El sufrimiento, he aquí la imagen de toda mi vida. Sí, Padre, es verdad, muy temprano conocí el sufrimiento, y casi toda mi vida ha sido un sufrimiento».

Aunque es consciente de que antes de ser un pétalo desprendido, vivió en su primera infancia una existencia hermosamente feliz.

A continuación presenta las tres etapas de su vida, que corresponden a las tres etapas de la vida de su hermana Santa Teresita. Él es el pétalo, y Santa Teresita la flor. Estas son las tres etapas:

1.     La infancia: Desde su uso de razón, con 3 años, hasta la separación de su familia, con 7 años, para empezar como aspirante su formación para ser sacerdote (1928-1935).

2.     Llegar a ser sacerdote: Desde su entrada en la escuela infantil como aspirante al sacerdocio, con 7 años, hasta la gracia de la Navidad de 1940, con 12 años (1935-1940).

3.     Colmado de alegría en el Amor: Desde su gracia de la Navidad de 1940, en que es fortalecido, con 12 años, hasta nueve años antes de su muerte, en que termina la Autobiografía con 22 años (1940-1950).

 

I. LA INFANCIA (1928-1935): LA GOZOSA PRIMAVERA

(Desde el día en que tuvo uso de razón hasta sus 7 años).

Vive el gozo y la alegría en el seno de una familia humilde y profundamente católica, en la que es intensamente amado y donde aprende a vivir de cara a Dios, a dirigirse a Jesús y a la Virgen en la oración, acompañado del cariño de sus hermanos y de sus abuelos. Su madre somete su natural terco y rebelde. Su padre también se deshace en dedicación y ternura hacia él. Siente una emoción extraordinaria al rezar a la Virgen, mostrando así una precocidad espiritual muy particular. Antepone la visita al Santísimo a sus juegos. En este tiempo comienza su familiaridad con Jesús Niño. Tiene un cariño muy especial a su ángel de la guarda, del que su madre le enseñó que le era enviado por Dios con la misión de protegerlo y de recoger sus buenas acciones para ofrecérselas a Dios cada noche. Su ilusión por recibir por primera vez a Jesús el día de su Primera Comunión fue indescriptible. Hará su primera comunión y más tarde su confirmación. A la par que crecía, crecía también con él el deseo de ser sacerdote. Fue un tiempo de primavera en que la rosa gozaba de la frescura y la dulzura de este tiempo inolvidable.

 

II.       LLEGAR A SER SACERDOTE (1935-1940): EL OSCURO Y FRIO INVIERNO DE SU ALMA

(Desde su entrada en la escuela infantil como aspirante al sacerdocio con 7 años hasta la gracia de la Navidad de 1940, con 12 años).

En tiempos de Van, los niños que deseaban ser sacerdotes o se planteaban serlo podían vivir y estudiar en algunas casas parroquiales que les ofrecían estudios, al tiempo de una adecuada educación que les prepara para un día ser sacerdotes. A los 7 años, Van, movido por un vivo deseo de ser sacerdote, deja a su tan querida familia para ir a la Casa parroquial de Huu Bang.

Pronto, el demonio, rabioso por la inocencia y el ejemplo que el pequeño da a todos, empezó a asediarlo a través de la envidia y de la malicia de un catequista.

Llegan para el pequeño Van humillaciones y vejaciones inimaginables: trató varias veces de violarlo, sin conseguirlo; con pretexto de educarlo en la penitencia, le impuso recibir cada noche,  dieciocho golpes de bambú, prohibiéndole decírselo a nadie (las heridas de su espalda se llenan de pus); aprovechando la ausencia del párroco, le pone como condición para comulgar recibir tres golpes de bambú bien dados, que él acepta valientemente para no verse privado de Jesús; al final, llegó a negarle el alimento y Van, para no morir de hambre, tuvo que dejar de comulgar diariamente. Se aferra a la Virgen, particularmente al rosario. Para doblegarlo su catequista se lo quita. El pequeño acabará rezándolo con los dedos, dispuesto a que se los corten, si fuera necesario, antes de dejar de rezarlo. La casa está llena de impureza. Tiene 8 años. Se siente sólo y abandonado.

Con 10 años le destroza el sufrimiento de su familia, sumida en la desgracia por unas inundaciones terribles. Durante tres meses piensa que todos han muerto. Pero lo que más le hará sufrir es la caída en la bebida y en el juego de su padre, y con ella, la desgracia de su familia. Sin poder su madre enviar dinero al párroco para la educación de su hijo, éste le pierde todo el respeto y lo toma por su siervo. Hay falta de alimento en la casa por la carestía y la injusticia que haya, los niños pasan mucha hambre. Usado como esclavo,  no puede estudiar. Así, nunca podrá ser sacerdote. Las costumbres de la casa están pervertidas. Su único consuelo es Jesús en la Eucaristía.

Evasiones de la parroquia:

Con 12 años se escapa y regresa a casa, pero sus padres no le creen, piensan que es un mentiroso. Su madre lo lleva de nuevo a la Parroquia, comprobando que tiene razón, pero ante la situación económica de la familia le pide el sacrificio de quedarse en ella hasta que encuentre otra mejor. Unos meses más tarde, la vida se hace imposible en la casa. Pero su dolor más grande es no poder estudiar para un día llegar a ser sacerdote. A nadie le importa el destino de este niño infeliz.

Nueva evasión, Van vagabundo, vuelta a casa de sus padres, rechazo y calumnias

Van vuelve a escaparse. Durante dos semanas vive como vagabundo, trabajando en condiciones miserables. Famélico, sucio, andrajoso e irreconocible, decide volver a su familia. Sus padres lo reciben como a un hijo degenerado. Al mes, Van huye de su casa junto a su hermana, pero su padre los alcanza. Alguien de la casa parroquial de la que se escapó llega a la casa familiar y comienza a extender terribles calumnias contra él. Las calumnias se extienden por toda la aldea, destruyendo su reputación ante todos. Él no se defiende. Sabe que Dios conoce la verdad. Zarandeado por terribles tentaciones de desesperación, se confía a la Virgen. Ella lo defiende de estas tentaciones y lo consuela en su tribulación. El confesor de su parroquia natal le asegura que entre las faltas que confiesa no hay ninguna que haya ofendido a Dios y le pide que acepte con valentía todas estas pruebas y se las ofrezca a Dios.

 

III.    COLMADO DE ALEGRÍA EN EL AMOR (1940-1950): PASADO EL INVIERNO, LA ALEGRÍA Y LOS FRUTOS SOBRENATURALES LLEGAN A VAN

(Desde la gracia de Navidad de 1940, con 12 años, hasta 9 años antes de su muerte, en que concluye su Autobiografía con 22 años).

 

Esta tercera etapa es el tiempo de la consolación de Van y de sus grandes alegrías. Comienza con la gracia de la Noche de Navidad de 1940.

 

Se encuentra como una pequeña flor marchita, y colmado de amargura.

 

La gracia de la noche de Navidad de 1940

Como en otro tiempo su hermana mayor, Santa Teresita, había recibido su particular gracia de la Navidad, que la fortaleció de su carácter sensible y susceptible, preparándola para su entrada en el Carmelo, Van también recibirá su gracia de Navidad que le consolará inefablemente, le fortalecerá interiormente, y le revelará su misión. En la Navidad de 1940, su alma encuentra de nuevo la paz. En esa noche de Navidad recibió una luz que le hizo poderosamente que el sufrimiento es un regalo del amor de Dios. Su alma no solo se iluminó sino que se llenó de un gozo inefable. Acababa de recibir su misión: transformar el sufrimiento en alegría.

 

Van regresa a la Casa parroquial de Huu Bang. Allí tiene una terrible visión de los pecados del mundo, especialmente contra la pureza. En ese momento, ante la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro hace voto de guardar su virginidad por toda la vida. Y emprende una cruzada por la pureza en la casa. Para ello, se impone fuertemente durante tres meses oraciones y penitencias por esta intención. Consciente de su responsabilidad sobre los más pequeños, forma la Tropa de los Ángeles de la Resistencia para oponerse a la corrupción moral que reina en la casa. Se gana el reconocimiento de los más pequeños. Tiene 13 años.

 

Encuentro con Santa Teresita del Niño Jesús y su Historia de un alma

En enero de 1942 ingresa en el Seminario de los dominicos de Langson. Allí ingresa en la Tropa Scout. Van avanza con serenidad y alegría hacia una gran unión con Dios. Su anhelo de ser sacerdote, es más ardiente que nunca. Pero algunos meses después, el Seminario cierra por falta de recursos. Lo envían al Seminario de Quang Uyen, pero ante su falta también de recursos, es enviado a la parroquia local. Allí Santa Teresita saldrá a su encuentro.

Van está desalentado porque no encuentra ningún santo que le ayude. Querría probarle a Jesús su amor, pero le daba mucho miedo la penitencia. Una noche le vino el pensamiento de ser santo. Incapaz de hacer penitencia como hacían los santos, se siente también incapaz de llegar a ser uno de ellos. Piensa que tal pensamiento viene del orgullo. Lo rechaza, pero éste se le impone. Van se confía a la Virgen para que le ayude a ver si tal pensamiento viene de Dios o no. Decide ir a la sala de estudio, buscar la vida de algunos santos, ponerlas sobre la mesa, cerrar los ojos, revolverlas, y tomar una al azar. Así lo hace, y toma entre sus manos “Historia de un Alma”. Cuando ve que es la historia de una Carmelita descalza siente una profunda decepción. Otra vez un santo imposible de imitar, semejante a tantos otros santos que para llegar a serlo hicieron tantísima penitencia. Pero estaba preso de sus propias palabras. Había prometido la Virgen que lo leería y lo empezó a leer. Sintió de inmediato un gran alivio y una desbordante felicidad. «Para llegar a ser santo, no es necesario seguir el camino que siguieron los “santos de antes”» [570]. Sus ojos se llenan de lágrimas y una alegría indescriptible le embarga:

«No había leído más de dos páginas, cuando mis ojos se llenaron de lágrimas y dos torrentes corrieron por mis mejillas, inundando las páginas [571] del libro. Imposible seguir mi lectura. Mis lágrimas eran el testimonio de mi arrepentimiento por mi actitud anterior, y a la vez una fuente de alegría indescriptible […]. Lo que colmó mi emoción, fue este razonamiento de Santa Teresita: “Si Dios se rebajase solamente hacia las flores más bellas, símbolo de los santos doctores, su Amor no sería un amor absoluto, pues lo propio del amor es abajarse hasta el extremo”. Y a continuación, poniendo como ejemplo al sol, escribe: “Así como el sol ilumina a la vez al cedro y a la pequeña flor, del mismo modo el Astro divino ilumina particularmente a cada una de las almas, sean éstas grandes o pequeñas”».

Van comprende que “Dios es amor y que el Amor se acomoda a todas las formas de amor”. Entonces puede santificarse a través de todas sus pequeñas acciones, con tal de que lo haga todo por amor. Desaparece su temor a ser santo:

«Comprendí que Dios es amor y el Amor se acomoda a todas las formas de amor. En consecuencia, puedo santificarme por medio de todas mis pequeñas acciones: una sonrisa, una palabra, o una mirada, con tal de que lo haga todo por amor. ¡Oh! ¡Qué felicidad! Teresita es una santa que responde perfectamente a mi idea de santidad. A partir de ahora, ya no temo llegar a ser santo. He encontrado un camino que hace menos de un siglo ha sido recorrido otra alma, y esta alma alcanzó la meta suprema, como muchas otras almas que antaño siguieron un camino doloroso y sembrado de espinas. Es el camino del Amor de Santa Teresa del Niño Jesús» [572].

Cuanto más lloraba más ligero sentía su corazón. Era una alegría indecible. Entonces corrió a la capilla, y en cuanto miró la imagen de Santa Teresita, nuevos torrentes de lágrimas cayeron de sus ojos. Aquel día Teresita se convirtió en su hermana mayor.

Una mañana, contemplando el amanecer, oyó una voz femenina que le llamaba: ¡Van! ¡Van! Mi querido hermanito» [589]. Era ella hablándole. Teresita le anuncia su vocación religiosa, pero no sacerdotal:

«Dios me ha dado a conocer que no serás sacerdote. […] El Estado sacerdotal es un estado sublime, pero es imposible abrazarlo fuera de la voluntad de Dios. Ante todo y por encima de todo, el estado de vida que supera a todos los otros es conformarse en todo a la voluntad de Dios, nuestro Padre Celestial» [649-650].

Y le anima. Los deseos de su alma sacerdotal se cumplirán, como se cumplieron en ella, siendo apóstol por el sacrificio y la oración. Así, será la fuerza vital de los apóstoles misioneros:

«Vamos hermanito, a pesar de que no seas sacerdote tienes un alma sacerdotal, vives una vida sacerdotal, y tus deseos de apostolado que te proponías realizar en el estado sacerdotal los realizarás como si fueras realmente sacerdote. En eso no hay ninguna dificultad para el poder de Dios. Cree que Dios, infinitamente poderoso y justo no puede nunca rechazar [651] el deseo de un alma justa que quiere realizar grandes cosas por Él. Sí, creo que tu anhelo del sacerdocio es muy agradable a Dios. Y si Dios no quiere que seas sacerdote es para introducirte en una vida escondida en la que serás apóstol por el sacrificio y la oración, como yo lo he sido antes […]. Hermanito, alégrate y sé feliz por haber sido contado entre los apóstoles del Divino Amor para ser la fuerza vital de los apóstoles misioneros […]. Cuando entiendas tu vocación y la gracia excepcional que Dios te ha concedido, serás tan feliz que no sabrás qué palabras utilizar para agradecérselo. Serás religioso» [652].

Respecto a la congregación en la que deberá entrar, la Virgen –le dice Teresita- será la que se lo dé a conocer.

Entrada en los redentoristas

Poco después el pequeño Van entra en el Noviciado de los Redentoristas. Allí empiezan coloquios interiores con Jesús, la Virgen y Santa Teresita. Su noviciado concluye con sus primeros votos. Van vivirá en varias comunidades redentoristas. En ellas sufre incomprensiones y, debido a su baja estatura y a su debilidad física, el sufrimiento de un trabajo que lo agota. Durante todo este tiempo, su santidad permanece escondida a los ojos de todos. Vive escondido con Cristo, con la Virgen y con Santa Teresita, en Dios.

El 8 de septiembre de 1946 termina la Autobiografía.

 

ULTIMAS PALABRAS DE SU AUTOBIOGRAFIA, A MODO DE TESTAMENTO ESPIRITUAL

Como resumen de su vida, Van concluye su Autobiografía haciendo un acto de alabanza a la dulzura del Amor de Dios que supera todo sufrimiento:

«¡Oh dulzura del amor que penetra todas las situaciones, que supera miles de veces los sufrimientos de este mundo, que introduce al alma en tal estado de arrobamiento que le parece no haber conocido nunca la prueba! A pesar de todos los sufrimientos, cuando se posee el amor, también se posee el paraíso con todo su esplendor. Hoy, oh querido Padre, aunque la herida de mi corazón se sigue agravando, y mi peregrinación por esta tierra no ha terminado aún, sean cual sean las circunstancias, mi alma se siente feliz y en paz» [880].

Su testamento final, su última palabra: su amor

«He aquí, ahora, la última palabra que dejo a las almas, cuyo representante es usted, como la Santísima Virgen cerca de su hijo Jesús agonizante: les dejo mi amor. Con este amor, por pequeño que sea, espero saciar a aquellas almas que quieren hacerse pequeñísimas para venir a Jesús. Eso es lo que quisiera describir, pero con mi poco talento me faltan las palabras para hacerlo... » [882].

 

UN EPÍLOGO SOBRE LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL HERMANO VAN Y DOS ANEXOS con la cronología de Van y su genealogía.

 

En este epílogo, el Padre Boucher recoge los 9 años siguientes de la vida de Van que no están recogidos en su Autobiografía, desde 1950 hasta su muerte el 10 de julio de 1959.

Durante cuatro años vive en diferentes comunidades redentoristas. En septiembre de 1954, al año siguiente de la división en dos del Vietnam, Van decide regresar voluntariamente al Vietnam del Norte, formando parte del grupo de valientes que volvieron allí para ayudar a los católicos que permanecieron en la zona comunista. A los nueve meses de estar allí, el 7 de mayo de 1955, fue detenido por la policía comunista, permaneciendo preso durante cuatro años, en durísimas condiciones, hasta su muerte el 10 de julio de 1959. Tenía 31 años de edad y apenas 15 como redentorista.

Concluye con dos anexos con la cronología de Van y su genealogía.

 

CONCLUSIÓN DE NUESTRA PRESENTACIÓN

Van nos ha dejado su amor hecho camino de felicidad en medio de las pruebas y sufrimientos de la vida, y el cielo nos ha dejado a través del amor de Van, de sus coloquios con él y de todos sus escritos, el camino abierto a la alegría y la felicidad en esta tierra y también, y al mismo tiempo, a la santidad, al cielo.

Estoy convencido de que Van, que tanta facilidad tenía para hacerse amigos, nos espera para que le descubramos y lo acojamos. Ahora nos toca a nosotros la aventura de escucharle, conocerle y descubrir su secreto.

Y en esta misión de Van que el cielo le ha confiado y que está empezando entre nosotros, de continuar y prolongar en nuestro tiempo la misión de su hermanita Santa Teresita, nos invita a ayudarle, a que le demos a conocer, para que pueda realizar esta misión entre nosotros. Él, desde el cielo, nos invita a trabajar junto a él, junto a Santa Teresita y a todos los santos, con María y con Jesús, como apóstoles del Amor Misericordioso, para preparar así la prometida llegada al mundo del esperado Reino del Amor de Jesús.






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