CAMINEO.INFO.- En todos los pueblos y ciudades de nuestro país se celebra el día del niño, se hace mucha publicidad en los medios de comunicación, se exalta al niño por ser niño, muchas veces se llega incluso a decir que es el rey del hogar.
En todos los pueblos y ciudades de nuestro país se celebra el día del niño, se hace mucha publicidad en los medios de comunicación, se exalta al niño por ser niño, muchas veces se llega incluso a decir que es el rey del hogar. A nivel internacional se han elaborado los derechos del niño y se presentan como obligatorios, no para que el niño los cumpla, sino para que, especialmente, los papás los pongan en práctica, en cierta forma son intentos que buscan defender al niño, lo que no queda claro es ¿por qué sólo se exige a los papás que cumplan todo lo que se refiere a los derechos del niño? De ningún modo intento decir que el niño no merece que se le respete, eso es indispensable, pues es una persona y, como tal, merece no sólo respeto, sino aprecio, cariño, cuidados, orientación y apoyo para que pueda desarrollarse y tener un estilo de vida digno de un ser humano. Sin embargo, por más que se exalte al niño, casi todo queda reducido a la celebración de un solo día como si en el resto de los días del año el niño no se tuviera en cuenta. Por el contrario, el niño, como toda persona, merece respeto, pero siendo de muy corta edad y de casi nula experiencia, se le deben prodigar mayores cuidados, porque si no se le brindan, puede convertirse hasta en una amenaza para su propia familia.
El lugar propio del cuidado, el respeto y la auténtica valoración del niño es el hogar de cada uno. Por desgracia no se da en muchos hogares ese trato digno a los niños, la raíz de los malos tratos a los niños está en las familias desintegradas en donde lo que menos se tiene es amor, porque no se le conoce ni se le practica; las consecuencias están a la vista: miles y miles de niños de la calle, drogadictos, sometidos a toda clase de vejaciones, la pero de todas es el llamado turismo sexual, la pornografía infantil, la explotación sexual de niños y de niñas que desde casi unos infantes son esclavizados por los tratantes de personas, gentes sin valores, sin conciencia ética, llenos de ambiciones económicas y de placeres degradantes. Se han esfuerzos de parte de organismos sociales, de parte de los gobiernos y es, en realidad, poco lo que se va logrando para arrancar de las garras de los pervertidores, a esas víctimas inocentes que son raptados en muchos casos, basta ver las listas de niños desaparecidos, para comprender lo extendido que está el comercio de niños a nivel mundial, muchas veces ese llamado comercio de personas, está disfrazado con programas altruistas que, aparentemente, quieren una vida mejor para los niños pobres y buscar sacarlos de su familia y de su ambiente por medios legales recurriendo a la adopción, pero aún en muchos casos se hacen chantajes, falsificación de documentos y, lo más lamentable es que personas que tienen cargos oficiales se dejan corromper, aceptan sobornos y se hacen de la vista gorda. Por echarse unos miles de pesos a la bolsa, venden su conciencia, apuñalean por la espalda a niños y niñas que, una vez raptados, violados, explotados, maltratados y sometidos a denigrante esclavitud, jamás vuelven a esbozar siquiera una sonrisa, llevan la frustración y la amargura en su mirada y en sus débiles cuerpos, las marcas de la tortura a que los someten.
Como cristianos, sabemos que todo ser humano es imagen de Dios, un niño no es un ser humano incompleto, sino un ser completo en proceso de desarrollo para llegar a la plenitud en la edad adulta. Sentado ese principio, es, por naturaleza necesario que al niño se le respete, se ayude, se le comprenda, se le festeje, no sólo en su día, sino todos los días a través de la donación de un amor sin medida, primero por parte de los papás y luego por todos los demás miembros de su familia y de la comunidad en donde está integrado. No hacerlo, es destruir el futuro de la humanidad, es no tener proyección de valores, no tener respeto de la dignidad de nadie, es volverse personas incapaces de ver más allá de sus pestañas. Se puede afirmar, sin miedo a equivocarme, que todos los males que sufren los niños son fruto del egoísmo de los mayores.
En nuestro país se han dado leyes que sancionan fuertemente todo lo que tenga que ver con el maltrato a las mujeres, me pregunto ¿no será también necesario que se hiciera lo propio en relación con los niños? Cristo, nuestro Dios y Salvador, tuvo una predilección especial por los niños, pues nos dice que sus ángeles custodios ven siempre el rostro del Padre celestial, que al que escandalice a un niño, mejor sería que le colgaran una piedra de molino al cuello y lo echaran al fondo del mar.
Todos los adultos hemos sido niños ¿cómo hubiéramos querido que nos trataran? Pues bien, ahora nos toca a nosotros tratar, no en forma idealista a los niños, sino como personas dignas, que necesitan de sus mayores, especialmente de sus papás, para ser ellos lo que deben ser.
Fuente: Diócesis Ciudad Lázaro Cárdenas