AICA.-La falta de pastores, que Jesús constata, es, sin duda, una cuestión de número. Él mismo dice que ‘la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos’. Pero es, sobre todo, una cuestión de calidad. En tiempos de Jesús, no faltaban sacerdotes y escribas. Pero en realidad era como si Israel no tuviese pastores”, señaló en su reflexión semanal el arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta, quien agregó que “ante tal situación, Dios prometió venir él mismo a pastorear a su pueblo”. Esta promesa, indicó, Mateo la “ve cumplida en Jesús, el Hijo de Dios, nacido de María en Belén”.
Sin embargo, aclaró que “Jesús no quiere trabajar solo en el Rebaño de su Padre. Y decide asociar al grupo de los Doce para que ‘vayan a las ovejas perdidas de Israel’”. Y tras señalar que “la falta de buenos pastores” a Jesús “lo enternece”, expresó: “Es fascinante pensar que el apostolado de los Doce es fruto del amor misericordioso de Cristo. Pero él no se queda en el puro sentimiento. Su compasión es un movimiento de su corazón, inteligente y lleno de amor, que lo impulsa a remediar la falta de humanidad que encuentra. Por ello, toma tres iniciativas: ordena orar a Dios para ‘que envíe trabajadores para la cosecha’; organiza al grupo de los Doce; los envía en misión”.
Luego de enumerar estas “tres iniciativas” de Cristo, el prelado se detuvo en “la oración”. En ese sentido subrayó que el Nuevo Testamento “nos muestra sobradamente que la obtención de trabajadores para el Evangelio es siempre fruto de la oración”.
“Nunca cumpliremos suficientemente el mandato de Jesús de orar por las vocaciones al ministerio del Evangelio. Sin duda que la pastoral vocacional no se reduce a la oración. Comprende también la tarea de discernimiento y de acompañamiento de los candidatos según los criterios que establece la Iglesia. Pero ha de sernos claro que sin oración al Señor por las vocaciones, ferviente e incesante, no existe verdadera pastoral vocacional. Ésta, si bien ha de poner los ojos en los candidatos, nunca ha de dejar de tenerlos puestos en Jesús el Buen Pastor, a cuya imagen éstos han de ser formados. Pues la Iglesia quiere formar apóstoles de Cristo, y no ‘managers’ pastorales”, concluyó