CAMINEO.INFO.- En la Eucaristía de clausura del curso de actualización bíblica para Obispos, que terminó en Quito-Ecuador, el Arzobispo de Barranquilla (Colombia), Mons.Rubén Salazar, destacó la importancia del curso e invitó a todos los Obispos presentes para que realizaran su misión a partir de un discernimiento permanente de la obra de Dios en medio del cambio de época que estamos viviendo. Con esta vibrante predicación dirigida a los Obispos, el curso sobre san Pablo, ofrecido por el CELAM, llegó a su culminación y todos los participantes emprendieron el regreso a sus países.
Mons. Rubén Salazar, quien también es presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, destacó en primer lugar el valor del curso de Biblia para Obispos: “Estamos viviendo algo que nos compete a nosotros de una manera especial como aquellos que por la ordenación episcopal hemos recibido el ministerio de la enseñanza”.
Luego se refirió a la tarea del discernimiento de los signos de los tiempos: “Desde que el Concilio Vaticano II planteó la importancia de que la Iglesia auscultara los signos de los tiempos y por lo tanto fuera capaz de percibir la voz que Dios dirigía a la Iglesia y al mundo en los acontecimientos, en la vida diaria, en la vida de los pueblos… la tarea de la Iglesia se ha complicado tremendamente porque eso significa que nosotros tenemos que estar permanentemente en ese discernimiento de lo que Dios quiere, está actuando y realizando en medio de nosotros”.
Insistió Mons. Rubén que “No es fácil discernir, por ejemplo, en esta cultura que estamos viviendo hoy, en esta cultura globalizada, cómo Dios está actuando, cómo Dios está salvando, para que nosotros podamos ponernos al servicio de esa actuación de Dios, de esa salvación que el Señor está ofreciendo”.
El arzobispo se refirió al choque de tendencias que hay que enfrentar todos los días y agregó que “no es fácil por eso discernir todo lo positivo, todos los signos de vida, de amor, de salvación que hay en este momento histórico que estamos viviendo”. Y dijo: “Es un momento difícil porque es un momento en el que más que nunca sentimos el cambio, sentimos la transición, sentimos que lo que hasta ha ahora ha sido la vida de la Iglesia y la vida del mundo, como que se resquebraja y tenemos que empezar a encontrar formas nuevas, modelos nuevos”.
La respuesta a este cuadro complejo del cambio de época la señaló en la “nueva expresión” de la evangelización pedida por el fallecido Papa Juan Pablo II: “Ya el Papa Juan Pablo II lo planteó muy claramente cuando habló de nueva evangelización, nueva en su ardor, nueva en sus métodos, pero sobre todo nueva en su expresión. Eso es tal vez lo que poco hemos entendido nosotros: qué significa nueva en la expresión. Es decir, cómo el evangelio hoy tiene que encontrar una expresión nueva. Y la palabra nueva significa que verdaderamente rompe esquemas con lo anterior. Una expresión nueva para que pueda llegar a todos y cada uno de los hombres, de los seres humanos de hoy”.
Enseguida, haciendo una iluminación desde las lecturas proclamadas en la Eucaristía, señaló: “Por otra parte las lecturas de hoy en este contexto me cuestionan muchísimo, porque nos encontramos en el evangelio con Cristo nuestro Señor, con Jesús de Nazaret que llega a su patria y empieza a proclamar el evangelio, el evangelio de salvación. La resistencia de su gente es muy fuerte, lo rechazan. El profeta Jeremías tiene que denunciar a su pueblo el pecado e invitarlo a la conversión. Y la respuesta es también muy fuerte, lo rechazan”.
De ahí sacó la consecuencia: “Entonces la Iglesia también tiene hoy que estar lista para ese rechazo. Cada uno de nosotros tiene que estar listo, si quiere ser verdaderamente a la misión, para ser capaz de discernir lo que Dios está haciendo para presentarlo con fidelidad, para poder hoy proclamar el evangelio de tal manera que, con una nueva expresión, el evangelio llegue a todos. Pero también estar listos para el rechazo, estar listos para que el evangelio sea incómodo, para que el evangelio moleste, para que el evangelio en muchos casos produzca un rechazo airado que nos puede llevar a la persecución, como fue el caso de Jesús y el caso de la Iglesia”.
Mons. Rubén Salazar le dio a sus hermanos Obispos una indicación importante: “Por eso podríamos nosotros decir que nuestra vida, nuestra existencia, nuestro ministerio es como un estar siempre en el filo de la navaja, estar allí sin saber exactamente las consecuencias fuertes, terribles, que puede tener ese proceso de discernimiento. Y es un proceso de discernimiento que no podemos hacer solos, cada uno por su lado, sino que tenemos que hacerlo como Iglesia. Especialmente nosotros los Obispos tenemos que estar muy conscientes que tenemos que estar muy unidos para analizar juntos la realidad, para tratar de descubrir en esa realidad los signos del amor y de la presencia del Señor. Y al mismo tiempo para ver cómo expresamos esa presencia y ese amor, cómo lo anunciamos con categorías y con elementos fundamentales del hombre de hoy”.
Esto implica, dijo el Arzobispo, la fidelidad: “Tenemos que estar disponibles para mantener siempre lo esencial, lo fundamental, que es precisamente el anuncio del amor y de la salvación que Dios nos ofrece por medio de Jesús muerto y resucitado por nosotros. Y por lo tanto estar dispuestos a compartir siempre el destino de Jesús”.
La homilía del Arzobispo concluyó con estas sentidas palabras: “En la Eucaristía se nos ofrece la oportunidad de encontrarnos personalmente con el Señor, de unirnos profundamente con el Señor, de abrazar en la configuración sacramental con el Señor y por eso el poder cada vez más tener capacidad de esa luz que el Espíritu nos da, el Espíritu del Resucitado para poder cumplir la misión que el Señor nos encomienda. Unámonos entonces profundamente al Señor en esta Eucaristía, permitiendo que él a cada uno de nosotros, Obispos y fieles nos conceda el poder encontrarlo siempre en nuestra vida, el poder descubrirlo, el poder vivir siempre de acuerdo a su vida en de nosotros: ‘Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí’ (Gal 2,20). Que de esta manera podamos ser sus discípulos y misioneros en el mundo de hoy”.
La homilía de Mons. Rubén Salazar, Arzobispo de Barranquilla y Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, fue recibida con atención por todos los participantes, la mayoría obispos participantes en el curso sobre san Pablo, como un aporte significativo para una espiritualidad del pastor fiel del Evangelio en este “cambio de época” al cual se refirió el documento latinoamericano de Aparecida.
Fuente: CEM