AICA.-San Salvador de Jujuy/Argentina.- Con el lema: “Familia, escucha y sigue a Jesús Salvador”, el miércoles 6 de agosto, solemnidad del Santísimo Salvador, la diócesis de Jujuy celebró su fiesta patronal.
La misa central la presidió el obispo, monseñor Marcelino Palentini. Previamente se realizó una procesión y como cierre de las actividades de ese día, hubo una fiesta popular en el atrio de la catedral.
“La primera actitud del cristiano que quiere ser verdadero discípulo de Jesús”, dijo el obispo en la homilía, “es la de la apertura a la verdad, porque la verdad es luz para la vida personal y para la sociedad” y explicó: “ Cuando nos encerramos en nuestros caprichos, cuando no escuchamos los cuestionamientos para descubrir la verdad, porque nos enceguecemos en nuestros puntos de vista individuales, egoístas y orgullosos, quedamos en las tinieblas… y en las tinieblas tropezamos y caemos”.
En segundo lugar, sostuvo que el cristiano “es un privilegiado, porque tiene razones por esperar”, pero subrayó el “deber de compartir lo que creemos y esperamos. Así nos hacemos portadores del mensaje de Jesús a los hermanos”.
“Podemos preguntarnos: ¿Por qué el mundo está triste? ¿Por qué no tiene esperanza? La respuesta es sencilla: Porque quiere organizar la historia sin Dios. Por eso delante de las cruces, las frustraciones, los fracasos, no tiene respuesta y se encierra aun más en sus caprichos. Sólo Cristo tiene palabras de vida y de esperanza para superar los miedos y dar sentido a la cruz”, afirmó.
Citando el mensaje final de Aparecida, el prelado señaló que “frente a los desafíos del mundo de hoy el discípulo no puede quedar de brazos cruzados”, sino que “debemos preocuparnos cada vez más por compartir la mesa de la vida… defendiendo a los más débiles, especialmente a los niños, enfermos, discapacitados, jóvenes en situaciones de riesgo, ancianos, migrantes y aborígenes, contribuyendo así a garantizar condiciones de vida digna para todos”.
Y advirtió: “De una manera particular debemos preocuparnos todos por la familia, ‘patrimonio de la humanidad’”, porque “la familia que vive hacia dentro el verdadero amor, sabrá contagiar amor y unidad a todo el ambiente social”.
“La familia que tiene a Dios en el centro de sus preocupaciones -aseguró-, sabrá enfrentar los problemas con la fortaleza y esperanza que le da la fe y sabrá acompañar a los niños y jóvenes por el camino de Jesús y aprendiendo juntos la solidaridad y el amor hecho vida. Una familia que vive un auténtico discipulado, o sea que escucha y sigue a Jesús, es constructora de una nueva sociedad, es servidora de los pobres y excluidos porque comparte con todos su fe”.