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Portada:: Reflexión en libertad:: Diego Quiñones Estévez:: La barbarie anticultural del siglo XXI.

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CAMINEO.INFO.-




La barbarie anticultural del siglo XXI.

Thu, 26 Nov 2009 19:01:00
 

CAMINEO.INFO.- Si el siglo XX, fue el siglo de progreso científico y tecnológico, también fue el de las revoluciones y contrarrevoluciones culturales y sociopolíticas, al precio terrorífico e irracional de dos guerras mundiales y una ingente serie de guerras ideológicas y armamentísticas que colocaron al borde del suicido atómico a la Humanidad.

Si el siglo XX, fue un siglo a la vez enriquecedor y aniquilador para la Historia de la Civilización, el actual siglo XXI, lleva todos los visos de ser unsiglo de involución cultural, de involución política y social, si no se remedian algunos problemas de alcance global heredados del siglo anterior que a medida que avanza el siglo XXI, se agudizan de forma peligrosa para la convivencia universal.

Los problemas de este siglo XXI, ya no son sólo de una crisis internacional económica, sino sobre todo, una crisis que viene dada por la pérdida de la conciencia cultural de las naciones, de las sociedades civiles que tendrían que tener un sentido más humano y transcendente de lo que es el bien común, que no incluye únicamente cuestiones relativas al bienestar social y material, sino también al equilibrio de la conciencia cultural que desde finales del siglo XX se ha ido aniquilando por las ideologías tanto del marxismo como del liberalismo, al someterlas a sus respectivos intereses políticos y economicistas.

Recordemos lo que supuso en el siglo XX la revolución proletaria socialista y comunista bolchevique. Fue una revolución sanguinaria para imponer la dictadura del proletariado en las ciudades industrializadas, de la clase trabajadora teledirigida por una clase burocratizada y militarista de carácter tiránico porque se sustentaba en un estado colectivista que se mantenía con el terrorismo de estado.

Tampoco olvidemos las premisas y postulados del liberalismo o capitalismo. No ha prevalecido la tendencia más razonable que defiende la propiedad privada, la libertaddel mercado individualista más que la libertad comunitaria responsable, pero que no renuncia a sus raíces filosófico-políticas, que es la Civilización cristiana de Occidente. Ha prevalecido el liberalismo de corte progresista y economicista, que se obsesiona más por los resultados micro y macroeconómicos de las sociedades civiles desde prácticas políticas y empresariales de un exagerado individualismo y de una competitividad salvaje, que, como el economicismo colectivista del socialismo y del comunismo, conducen a tratar a las personas más como números, como objetos de producción y beneficios materiales a corto y a largo plazo.

Ambos, el socialismo o el comunismo, el liberalismo conservador o progresista, han ido socavando la conciencia cultural de la Civilización de Occidente, el primero porque es su forma nihilista de actuar para imponerse, y el segundo, por el abandono del liberalismo conservador de sus fundamentos culturales occidentales, o por imitación, en el caso del liberalismo radical progresista, de algunos aspectos anticulturales del nihilismo destructivo del marxismo intervencionista, estatalista, ateo, agnóstico, cientificista, laicista y masónico. Ambos han logrado que los hombres y las mujeres del siglo XXI, como a finales del siglo XX, no tengan plena conciencia histórica del pasado de donde vienen y del presente histórico donde sobreviven entregados al consumismo del bienestar socialista o liberal materialista, más que al trabajo, que se concibe como obligación y negocio, y no como un derecho y un deber para el crecimiento personal y comunitario. De ahí que cuando los dos sistemas economicistas de la barbarie anticultural, no les satisfacen en sus necesidades materialistas, al condenarlos al paro, al desempleo, las mujeres y los hombres actuales, exigen ser subvencionados por las estructuras del poder político, económico o productivo, en lugar de tomar iniciativas creativas propias, que se adquieren cuando la cultura del trabajo responsable se ha incentivado en la educación, en la universidad, en la política, en la sociedad, en las empresas privadas y públicas.

El derribo controlado del Muro de Berlín en 1989, sobre todo supuso la caída de la ideología socialista y comunista que había utilizado los contravalores del totalitarismo terrorista de estado, para aniquilar la conciencia cultural de las sociedades civiles que arrasó en el anonimato colectivista. Pero también sirvió para derribar los presupuestos radicales del liberalismo capitalista, que de igual modo, arrasaba la conciencia cultural de las sociedades civiles, al entregarlas en manos de la simple productividad privada.

El siglo XXI, ha heredado este sistema decadente que ha provocado la barbarie anticultural, de la cual deriva una situación de crisis global, que produce, como en el siglo XX, pobreza y miseria material, degradación cultural y espiritual; que sigue generando desempleo en las sociedades civiles del retro-progresismo neoliberal o neomarxista , éste último sigue sobreviviendo tanto en las vertientes de un socialismo o un comunismo capitalistas, indigenistas, populistas, laicistas, ateos, agnósticos o cientificistas en las sociedades civiles de democracias controladas, ya sean desarrolladas oen proceso de desarrollo, o bien en la pobreza política y económica.

Las sociedades de la barbarie anticultural se caracterizan ya no sólo por lo anteriormente arriba señalado, sino también, en consonancia con ello, por el aumento de la xenofobia, del racismo, del belicismo, del pacifismo cobarde, de la tecnocracia deshumanizada; por la manipulación mediático-política de la conciencia social comunitaria con fines de explotación consumista e ideológica; por la imposición bestial de una subcultura urbana burda y caótica, sin principios éticos y morales, creativos y filosóficos; por la apatía y el relativismo escéptico anticultural que impide acciones sociales conjuntas de los ciudadanos para detener las injusticias de la barbarie anticultural que son programadas desde las instituciones estatalistas o privadas subvencionadas, que han destruido las identidades de las naciones y de los estados históricos; por el odio irracional calculado contra la Tradición cultural de los pensadores e intelectuales que han elevado el sentido de la responsabilidad social y política; por un desprecio y falsificación de las artes, de la ciencia y del pensamiento, sin creatividad ni innovación; por la destrucción de la libertad de enseñanza, de la educación integral, al ser reemplazada por un simulacro de enseñanza para la ignorancia progresista comprensiva sin valores éticos ni morales universales; por la invasión ideológica de las instituciones históricas con el fin de destruirlas; por la persecución laicista de las creencias consolidadas por la Historia que no son controladas por la demagogia del relativismo político consensuado y del multiculturalismo desintegrador de las identidades históricas.

Estamos en la era de la barbarie anticultural, si no la abandonamos para siempre, nos destruirá.







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